Los Clovis fueron una cultura humana que habitó en América del Norte hacia el final del Pleistoceno. Esta se caracteriza por la tecnología lítica que produjeron, pues estas herramientas pétreas muestran signos de conocimientos comunes en la elaboración de dichos artefactos.
Cazadores Clovis siendo sorprendidos por un oso. Arte de George Teichmann.
En EUA estos humanos son uno de los tipos de tecnología lítica más estudiado y sin embargo, poco se sabía de la temporalidad exacta de este grupo de humanos. Eso hasta ahora, pues se ha publicado un artículo donde se da cuenta de un proyecto de investigación que por principio de cuentas, se propuso fechar la mayor cantidad de yacimientos con estos antiguos americanos.
Lítica característica de los Clovis. Tomado de O’Brien et al. (2015) Transmission of Cultural Variants in the North American Paleolithic.
Tras analizar con radiocarbono más de 11 sitios arqueológicos y realizar 43 fechamientos exitosos, el rango de los Clovis está entre los ~13,050 a los ~12,750 años calendáricos antes del Presente. Entendiéndose este Presente como el 1 de enero de 1950, con lo que, los últimos Clovis vivieron hace unos 12,820 años antes de hoy (octubre de 2020). Si te haces un lío con esto del "Presente", te dejaré un enlace a uno de nuestros videos para que entiendas mejor de qué va esto.
Ahora bien, gracias a este estudio sabemos que los Clovis vivieron "sólo" 300 años, lo cual puede ser sorpresivamente poco. Pero ojo, que esto no significa que no se puedan descubrir sitios Clovis más antiguos o más recientes. Simplemente es el estado del arte por ahora. Pero lo más curioso es que la desaparición de los Clovis es sincrónica con la de la megafauna de esta parte del mundo, justo durante el micro evento glacial conocido como Dryas reciente.
Cronología de los Clovis. Note cómo la desaparición de esta cultura es sincrónica con la desaparición de la megafauna norteamericana. Tomado de Waters et al. (2020).
¿A qué puede deberse eso? Pues, como sabemos que esta cultura aprovechaba de forma activa a la megafauna, la respuesta puede ser más que evidente: al desaparecer su fuente de alimento principal, también ellos acabaron por extinguirse. Esto es, desde luego, una hipótesis, pero una educada, basada en la observación de la conducta Clovis y las interacciones con la megafauna. Y además, de ser cierta, sería otro punto en contra de la idea de que la megafauna se extinguió porque los humanos la cazaron hasta su completo exterminio. Y cosas como ésta, siempre me alegran el día.
Fuente:
Waters et al. (2020). The age of Clovis—13,050 to 12,750 cal yr B.P.. Science Advances. 6(43), eaaz0455. DOI: 10.1126/sciadv.aaz0455
Recién se acaba de publicar un artículo científico en la revista "Quaternary International" (Cuaternario Internacional), titulado "A late Pleistocene fossil from Northeastern China is the first record of the dire wolf (Carnivora: Canis dirus) in Eurasia" (Un fósil del Pleistoceno Tardío del noreste de China es el primer registro de lobo terrible (Carnivora: Canis dirus) en Eurasia ). En este, se da a conocer una mandíbula parcial (IVPP V25381) de un cánido que los autores de su estudio han referido como Canis dirus, es decir un lobo terrible (también conocido como "lobo gigante").
Ejemplar de presunto Canis dirus, IVPP V25381. Las flechas rojas señalan características importantes que veremos más adelante en el texto.
Esto sin embargo, no se trata de algo usual, pues esta especie es conocida únicamente para América del Norte, desde el Pleistoceno Medio (edad de mamíferos conocida como Irvingtoniano) y hasta el Pleistoceno Tardío (la edad conocida como Rancholabreano). O desde los 1.35 millones de años y hasta los 9,500 años antes del Presente. Pero este lobo recién reportado es ¡de China!
Ubicación del hallazgo del presunto Canis dirus de China.
Esta no es la primera vez que tenemos cosas alocadas en biogeografía, pero desde luego -y como bien citase Sagan-, afirmaciones extraordinarias requieren evidencias extraordinarias. Y este fósil está a medio camino de convencer a la comunidad científica. Ciertamente tiene la edad adecuada (se le estima en 20,000 años antes del Presente) y lo más importante, un tamaño muy similar.
Canis dirus por el artista (y amigo) mexicano Sergio de la Rosa.
Pero la cosa se pone turbia cuando la examina un paleontólogo de mamíferos (como su servidor), pues como sabemos muy bien en nuestro campo: "primero es la morfología y LUEGO la morfometría". Es decir, las medidas claro que son importantes, pero pasan a segundo término si no cuadra la morfología.
Ancho (eje Y) contra largo (eje X) de primeros molares inferiores de diferentes cánidos. Note cómo el ejemplar de China es cercano a los Canis dirus y no a los Canis lupus. Tomado de Lu et al. (2020).
Pues esta última y no las simples dimensiones las que revelan relaciones de parentesco y desde luego, una afinidad taxonómica. Y este es el problema de este lobo, pues su morfología no cuadra con la de Canis dirus.
Izquierda: Canis dirus del Museo de Historia Natural de Los Ángeles (ejemplar LACMHC 2301-L-483). Centro: morfología de un molar inferior de cánido (tomado de Peters et al. (2005) Cainozoic Research, 15(1-2):55-58p.). Derecha: ejemplar de presunto Canis dirus de China (en imagen especular).
Para el ojo no entrenado, los dos ejemplares de la imagen anterior son iguales. Pero no lo son. Tienen algunos rasgos que los distinguen. En vista oclusal (desde arriba), el diente de China posee un paracónido (en rojo) mucho más convergente con el protocónido (azul) de C. dirus. Además, en la parte del talónido observamos que lo mismo ocurre con el hipocónido (verde) y el entocónido (azul claro). Y esto es tomando en cuenta que seleccioné un molar en un grado de desgaste similar para que esas diferencias no fueran atribuidas a simple desgaste. Pero lo más notorio es que la entocrístida (en amarillo) tiene forma de cresta doble en el ejemplar de China, pero en C. dirus esta tiene forma de cúspide accesoria. Estas cúspides no son cualquier cosa y su presencia/ausencia realmente nos indica diferencias taxonómicas. Pero aún hay más.
Comparativa de los mismos ejemplares previamente mencionados en la figura anterior. Vista labial (arriba) y lingual (abajo).
En vista lateral los dientes muestran otras peculiares diferencias. Veamos. Primero que nada, en la imagen previa podemos ver en amarillo de nuevo, la entocrístida que en C. dirus (izquierda) tiene forma de cúspide accesoria, mientras que en el fósil chino, tiene forma de crestas. Además, notamos que el metacónido de C. dirus es mucho más robusto y su unión con el protocónido (la cúspide mayor) se mantiene independiente casi hasta la base de la corona misma, mientras que en ejemplar chino, esta unión termina de forma rápida para integrarse con la base del protocónido (unión indicada en verde). También se aprecia un paracónido (Pa en la imagen) más delgado y agudo en el ejemplar de China que en el ejemplar de C. dirus. Pero lo más notorio es quizá una estructura llamada "muesca carnasiforme" (en rojo), que tiene forma de agujero de cerradura bien distintivo en el ejemplar chino, pero no así en Canis dirus.
Ejemplar 3D de lobo de la Columbia Británica (Canis lupus columbianus). Les recomiendo entrar a ver el ejemplar para comparar su primer molar con los ejemplares aquí descritos. Clic aquí para ver.
Todos estos rasgos los pueden ustedes ver en ejemplares de lobo moderno (Canis lupus), por lo que se puede concluir tentativamente que estamos frente a un ejemplar muy grande de esta especie y no frente a un lobo terrible en otro continente. Esto además, está apoyado porque el lobo terrible es terriblemente escaso en América del Norte boreal y es más abundante en zonas templadas de EUA, México, e incluso, Sudamérica.
Distribución del lobo terrible en las Américas, tomado de Paleobiology Database.
Así que, aunque evidentemente este post de blog no puede refutar de manera formal este hallazgo, sí tiene la intención de que dudemos de esa aseveración increíble. Nada me gustaría más que estar plenamente equivocado y que realmente podamos ver que este ejemplar de China representa a un lobo terrible, pero por ahora, la evidencia no apoya esa idea.
Fuente:
Lu, D. et al. (2020) A late Pleistocene fossil from Northeastern China is the first record of the dire wolf (Carnivora: Canis dirus) in Eurasia. Quaternary International. En prensa.
No me canso de decirlo pero cada que veo un estudio genético con fósiles recuerdo que cuando estuve en la carrera todo el mundo me decía que era imposible y que de tratarlo, perdería el tiempo. Da gusto saber que en realidad sí es posible extraer y analizar ADN antiguo (e incluso hasta reconstruirlo in vitro). Y este post va de eso, del estudio del ADN antiguo, conservado en fósiles y que revela cosas que antes, no se sabían.
Mastodontes en Alaska bajo una aurora boreal. Arte de Julius Csotonyi.
En este caso estamos hablando de ADN extraído de fósiles (huesos y dientes) de mastodonte americano (Mammut americanum), una especie de proboscídeo característico de zonas forestales de América del Norte durante el Pleistoceno (aunque llevaban en el subcontinente desde antes). Con este ADN se logró reconstruir la historia de los individuos que compusieron la muestra. Esta constó de 122 muestras de las que, sólo de 33 se logró reconstruir el mitogenoma completo.
Esqueleto de mastodonte. Fotografía de Ryan Somma.
Por si no lo saben el mitogenoma es la información genética completa del único "cromosoma" que portan las mitocondrias. Estas se heredan vía materna en los mamíferos y otros vertebrados, por lo que su estudio es una ventana directa al linaje materno.
Las mitocondrias (aquí en esquema digital) no sólo son la "fuente de poder" de las células, sino que además, nos cuentan la historia del linaje materno, guardada en su genoma.
Y el estudio de este linaje dio como resultado un agrupamiento en seis grupos distintivos. De los que destacan los procedentes de Alaska y del noreste de los Estados Unidos. Además de un pequeño grupo de dos ejemplares cuya geografía es curiosa, pues uno es de México y su pariente más cercano es de Alberta, Canadá. Esto sugiere o que los mastodontes del oeste de Estados Unidos y México eran del mismo linaje y formaban una metapoblación discreta, o que (como casi siempre) nos falta información para saber si este es el caso.
a) Procedencia geográfica y b) análisis filogenético de los mastodontes del estudio de Karspinski y colaboradores. Los colores denotan los diferentes linajes detectados.
Y la cosa se pone interesante cuando se observa con detenimiento las edades radiométricas de los ejemplares y se colocan bajo la lente de los cambios climáticos. Pues resulta que los mastodontes de Alaska muestran a una población que se encontraba presente durante el Sangamoniano, un lapso interglaciar cálido como el que vivimos actualmente, pero que se extinguió al iniciar un nuevo ciclo glacial hacia los 85,000 años antes del Presente. Pero además, el estudio muestra que esta zona fue recolonizada por mastodontes de nuevo y que éstos probablemente fueran descendientes que sí pudieron desplazarse al sur para sobrevivir en zonas menos inhóspitas.
c) y e) Condiciones interglaciares durante el Sangamoniano (ca. 120,000 años AP). d) y f) Condiciones durante glaciaciones menores posteriores (ca. 80,000 años AP). Note que en f) se aprecia la recolonización de Alaska por parte de mastodontes del sur. Tomado de Karpinski et al. (2020).
Esto corrobora lo que otrora sólo fuera una idea sin apoyo de la evidencia, que algunas poblaciones animales se desplazaban al sur cuando las condiciones del norte de América eran demasiado inhóspitas y que eventualmente, nuevos individuos recolonizaban estas áreas una vez que las condiciones no eran tan extremas. Queda aún la duda de dónde pasaron "el rato" (de milenos) estas poblaciones de mastodontes. No hay más que esperar futuros estudios.
Cuando hablamos de evolución de los mamíferos siempre salta el tema de los primeros. Y se suelen decir dos cosas: 1) que los primeros mamíferos evolucionaron al mismo tiempo que los dinosaurios y 2) que éstos les tenían miedo o algo así y se escondieron de ellos, saliendo sólo de noche (bueno, exageré, en realidad se habla de un particionamiento de la actividad, la diurna para los grandes reptiles y la nocturna para los mamíferos de sangre caliente).
Mamífero mesozoico nocturno. Ilustración de April Isch.
La cosa es que descubrimientos recientes indican que ambas son mentiras contadas 1000 veces. Los primeros mamíferos evolucionaron mucho después de que los dinosaurios se hicieran diversos. Específicamente, nuestros peludos ancestros aparecen hace 160 millones de años, durante el Jurásico tardío. Para esto, ya habían pasado al menos 73 millones de años desde la evolución de los primeros dinosaurios. Para que se hagan una mejor idea: pasó más tiempo entre el surgimiento de los dinosaurios y el de los mamíferos que el tiempo que ha transcurrido desde el impacto que puso fin al Cretácico.
Distancia en el tiempo entre la extinción de los dinosaurios no avianos y nosotros, así como entre los primeros mamíferos verdaderos y dicha extinción.
Y con la creciente evidencia, apuntando a que los dinosaurios y sus ancestros pudieron haber tenido metabolismos activos, eso de dividirse el día y la noche, pierde cada vez más sentido. Pero entonces ¿por qué nuestros ancestros eran nocturnos? Pues un estudio reciente parece haber dado con la respuesta. Y seguro que ya lo sospechas, pues está en el título de esta nota.
Visión tradicional de los mamíferos Mesozoicos como habitantes nocturnos. Autor desconocido.
Pues resulta que todo tiene que ver con mantenerse fresco o mejor dicho, mantener frescas las gónadas. Esto es de vital importancia pues si éstas no están a una temperatura estable, la espermatogénesis (la generación de espermatozoides) puede verse detenida o incluso, el mamífero puede quedar estéril. De ahí que los testículos sean una de las partes del cuerpo que mejor regula su temperatura. Y ¿Qué bola dan aquí los primeros mamíferos? O mejor dicho, los protomamíferos, pues este estudio que les cuento se llevó a cabo en criaturas del Triásico tardío.
Bienotherium yuannanese (autor desconocido), uno de los protomamíferos que probablemente poseía hábitos nocturnos para proteger su progenie.
Bien, pues a diferencia de muchos mamíferos escrotados modernos (como nosotros), la mayoría de los mamíferos no llevan colgando los buenos deseos, sino que éstos están contenidos en la cavidad abdominal y si rastreamos este carácter en la filogenia, notaremos que los protomamíferos tendría que ser sí o sí de testículos internos. Además, estas criaturas estaban dando sus primeros pasos hacia una regulación efectiva de la temperatura, es decir, hacia la homeotermia. Con lo que estas pobres criaturas tenían testículos internos extremadamente sensibles a los cambios de temperatura. Si los colocáramos en un ambiente cálido como lo fue el Triásico tardío, tenemos a animales a los que el simple hecho de salir durante el día los podría dejar sin descendencia.
Trucidocynodon riograndensis del artista Gabriel Ugueto. Otro potencial protomamífero que se resguardaba en las frías noches.
Esta curiosa hipótesis se ajusta perfecto como modelo que explica el por qué de los hábitos nocturnos y nos enseña a pensar fuera del saco (pun intended). Y desde luego, se acopla con lo que los biólogos sabemos hace mucho: no hay nada como salvaguardar dos cosas: la vida y la reproducción. Después de todo, ese es el objetivo de la vida.
Cuando hablamos de coloraciones inferidas a partir de fósiles, generalmente vienen a la mente dinosaurios y si acaso, reptiles marinos. Y si uno es un paleofriki LV99 seguro que sabe del caso de la coloración de una serpiente del Mioceno de España. Pero ¿cómo es posible saber esto?
Fósil de ratón del Plioceno con trazas de coloración pigmentaria. Tomado de Manning et al. (2020).
Bueno, esto únicamente es posible con fósiles que preserven en tres dimensiones estructuras subcelulares de la piel o el integumento (escamas, plumas y ahora pelo). Y se puede hacer gracias a que los colores dependen de corpúsculos llenos de pigmento que producen células especializadas. Y estos corpúsculos tienen formas y tamaños distintos dependiendo del tipo de pigmento que portan. Además de que sus densidades varían y permiten llevar a cabo reconstrucciones de color. Para un detalle más amplio de esto, les recomiendo este post: "Bolitas de colores", donde explico a detalle el asunto.
Sinosauropteryx prima, uno de los pocos dinosaurios con colores conocidos e incluso, sus patrones. Reconstrucción de Bob Nicholls.
En un estudio publicado en Nature, paleontólogos llevaron a cabo un estudio de este tipo, encontrando no los corpúsculos independientes en el pelaje, sino analizando éste en busca de pigmentos antiguos. Y encontraron precisamente eso, con ayuda de espectrometría: los restos de un pigmento llamado "feomelanina". Este produce coloraciones rojizas en los animales.
Resultados de la espectrometría XANES (absorción de rayos X), donde podemos ver los espectros del fósil de ratón (Apodemus atavus), con muestra de hueso, pelaje y matriz de roca, así como (abajo) los espectros de diferentes compuestos químicos y la correspondencia del pelaje del ratón con los picos de benzotiazol, un derivado de la feomelanina. Tomado de Manning et al. (2020).
Y es gracias a este estudio que ahora sabemos que los pigmentos pueden sobrevivir al proceso de fosilización. Al menos unos 3 millones de años, que es la edad que posee el ratón analizado, un Apodemus atavus del Plioceno que vivió en lo que hoy es Alemania.
Reconstrucción del aspecto en vida de Apodemus atavus en su ambiente. Reconstrucción de la Universidad de Manchester.
Gracias a estos tipos de estudios sabemos ahora algo nuevo sobre las coloraciones pigmentarias: que sí se conservan en el registro fósil y que es posible estudiarlas sin necesidad de observación de feomelanosomas (corpúsculos subcelulares producidos por melanocitos). Esperemos que esto abra la puerta para conocer más sobre los colores de animales extintos.
Hola que tal lectores, en esta ocasión quiero comentar una imagen que me topé y que creo que es un buen pretexto para enseñar algunas curiosidades de estos bichines.
Momazo tomado del feis.
Paleonenes, eso NO es una zarigüeya, ese nombre común se emplea únicamente para didélfidos del nuevo mundo, con la notable excepción de Metachirus nudicaudatus (llamado yupati o tlacuache cuatro ojos) y Chironectes minimus (denominado yapok o cuica de agua). Y con la notable excepción ocasional de los tlacuaches (Didelphis spp.). Al resto de marsupiales americanos se les dice zarigüeya de una u otra forma, aunque sean muchas, muchas especies.
Tan sólo en México existen todos estos "tlacuaches".
Lo que sale en la foto del meme es un Trichosurus vulpecula, fotografiado cerca de Opotiki, Nueva Zelanda (de donde por cierto, es fauna introducida, pues es originario de Australia). Su nombre común es "pósum cola de cepillo". En inglés se les dice "possum" (de ahí el anglicismo de 'pósum') y algún despistado lo confundió con "opossum" (note la "o" al inicio), que es el nombre común en inglés de las zarigüeyas, específicamente de los que nosotros los mexicanos llamamos tlacuache norteño (Didelphis virginiana).
Hembra de Didelphis virginiana (OPOSSUM)con sus bebés.
Los nombres possum y opossum están relacionados lingüísticamente. El original es "opossum" (para los tlacuaches norteños) y deriva del idioma powhatan (nativo americano) y significa "animal blanco" (porque el tlacuache norteño tiene pelos de guarda blancos). "Possum" es el nombre "copiado", ya que los angloparlantes PRIMERO conocieron al tlacuache norteño (al opossum) y DESPUÉS conocieron a los falangéridos australianos y los bautizaron como "possums" (¡Qué original!).
Vaya, hasta gramarly (una página de gramática del inglés) tiene un artículo sobre estos bichos.
Y aunque, como dije, la palabra opósum y pósum están relacionadas, los bichos a los que se las pusimos como nombre, no tanto. Y en realidad, pósum se usa para dos grupos de marsupiales, por un lado, para los falangéridos (como el del meme) y por otro lado, para la mayoría de los miembros de la superfamilia Petauroidea. Pero ¿qué tan distantes pueden ser un pósum y un opósum (tlacuache)? ¿No mucho o sí? Después de todo, son marsupiales.
Relaciones filogenéticas de los marsupiales. En naranja, el linaje de los ameridelfios, marsupiales exclusivos de América. En azul, el de los australidelfios de los que un linaje (los microbioterios) vive en Sudamérica, mientras que el resto, habitan Australia. En rojo, las zarigüeyas (opossum) y los pósums (possum). Ilustraciones de Satoshi Kawasaki, Sheri Amsel, Rebecca V. Normile, Fiona Reid y Michigan Science Art.
Así que como pueden ver, paleonenes, un pósum está más relacionado a un canguro, antes que a un tlacuache. Así de distantes son los pósums de los opósums (tlacuaches). Ahora, sólo resta una cosa: no volver a confundir a estos bellos animales con bolsitas. Hasta la próxima.
Llega a su fin otro año y como ya es costumbre en este blog, les presento la lista (subjetiva) de los mejores descubrimientos en Paleontología. Puedes visitar el resto de los top 10 en los siguientes vínculos.
Ahora sí, demos paso a nuestro clásico top 10 en cuenta regresiva. Las menciones honoríficas estarán situadas antes del número 1. Sólo un trabajo donde se plantean hipótesis fue considerado para la lista. Ese tipo de trabajo donde se proponen ideas, no suelen ser de gran relevancia o que cambien algún paradigma (lo que hacen los descubrimientos que veremos a continuación).
Cortesía de Omar De Luna Sánchez.
10. Dietas peculiares
Comenzamos la lista con dos descubrimientos que cambian lo que sabíamos de la dieta de algunos bichos y que francamente, me resultaron una sorpresa. En primer lugar tenemos el descubrimiento de que dinosaurios herbívoros consumían de manera regular (los paleontólogos del estudio piensan que de forma estacional) crustáceos. ¿Cómo? Sí, estimado lector crustáceos, específicamente decápodos, o como mejor se les refiere: cangrejos. El hallazgo se produjo en coprolitos (excremento fósil) procedentes de la Formación Kaiparowits, del Cretácico tardío (Campaniano), de hace aproximadamente 77 millones de años. Desafortunadamente no se ha podido identificar con exactitud a la especie de dinosaurio que produjo los coprolitos, pero se sospecha de hadrosáuridos y ceratopsios.
Procedencia de los coprolitos con surimi cangrejos en su interior. Imagen modificada de Chin et al. (2017).
Pero ¿cómo y para qué consumir cangrejos? Los autores del estudio sugieren que fueron consumidos cuando los dinosaurios tomaron troncos sumergidos y parcialmente descompuestos, como complemento a su dieta. Ahora sí lo hemos visto casi de todo en dieta de dinosaurios. ¡Hasta madera comían! Madera "infestada" de cangrejos, pobrecitos animales. Aunque claro, queda la posibilidad de que los dinosaurios no despreciaran los cangrejos en los troncos y que los "buscaran" como fuente regular de aporte extra de proteína, de la misma forma que de cuando en cuando podemos ver algunos herbívoros de hoy mascando huesos o cosas más extrañas.
No todos los vegetarianos comen siempre sus verduras, algunos suplementan su dieta de formas inusuales.
Otro descubrimiento interesante que también tiene que ver con caca fósil es el hallazgo de coprolitos del Cretácico tardío final que presentan las primeras impresiones de material comido. Es decir, los coprolitos generalmente contienen material digerido, no digerido y parcialmente digerido que suele preservarse, pero por los procesos tafonómicos, las cacas suelen redondearse antes de ser encontradas. En este caso, se preserva un coprolito que porta la impresión de un ¡caparazón de tortuga! La parte genial es que ese caparazón puede ser identificado y de hecho, pertenece a la especie Taphrosphys sulcatus. Esta tortuga pertenece al grupo de las pleuródiras, esas que no pueden más que doblar el cuello al lado del carapacho, en vez de ocultarlo dentro de él.
Coprolito con impresión de tortuga. Las flechas indican el giro de la figura en B para la orientación en C. La figura en C, según los autores tiene la talla y forma aproximada de la apertura cloacal del depredador que defecó el coprolito. Modificado de Godfrey et al. (2017).
El dueño del coprolito, como en el caso anterior, es desconocido. Aunque se sospecha de mosasurios, cocodrilos y dinosaurios terópodos. La parte interesante es que el depredador ingirió a la tortuga cuando esta era apenas una cría y la tragó toda, lo que garantizó su paso íntegro por el tracto digestivo. La impresión es tan fina que conserva rasgos de la cutícula y se aprecia el sobrelapamiento que hay entre escamas y placas óseas. Hallazgos como este no se ven todos los días.
La transición del agua a la tierra por parte de los vertebrados es considerado uno de los hitos evolutivos más importantes. Sin embargo, una vez en tierra, muchos linajes de vertebrados regresaron al agua. En el caso particular de los mamíferos tenemos muchos ejemplos. De estos, destacan el de los cetáceos, sirenios, pinípedos y los extintos demostilios, entre otros. La duda es, ¿cuándo exactamente dejaron la tierra y se aventuraron al agua? La duda recae particularmente en que la morfología no es clara, no se podía saber con seguridad si algo con patas como un Ambulocetus cuyo nombre significa "ballena andante", en realidad era andante. ¿O ya vivía en el agua de forma permanente? La respuesta parece estar en las costillas y no en las patas, como sugiere un nuevo estudio. La lógica es simple, las costillas forman la caja torácica y ésta revela si puede o no soportar el peso de la masa visceral en tierra. Si puede, el animal era semiacuático (como un león marino), pero si no, era un animal acuático obligado (como un delfín).
Fuerza torácica (TF(N)) contra la masa corporal y los hábitos de vida. La línea verde representa a los animales semiacuáticos, que deben tener una caja torácica fuerte debido a que sobre ella (y no sobre las patas) recae el peso del cuerpo. En rojo, la línea de animales con cajas torácicas terrestres, cuyo peso es sostenido por patas. Y en azul, las cajas torácicas de animales cuyo peso corporal es soportado por el agua. Imagen modificada de Ando y Fujiwara (2017).
Los resultados rompen un paradigma, pues se pensaba que tanto demostilios, como cetáceos primitivos con patas eran semiacuáticos, al puro estilo de un lobo marino. Después de todo, ¡tenían patas! Pero resultó que tenerlas no garantiza poderlas usar en tierra. Y ese fue el caso para algunos mamíferos de los que se sospechaba podrían haber sido semiacuáticos. El que pasó la prueba fue Desmostylus hesperus, pero los que no, fueron sus primos Paleoparadoxia tabatai y Neoparadoxia repenningi, así como la ícónica ballena con patas Ambulocetus natans. Así que ahora sabemos que son las costillas y no las patas, el mejor indicador para saber si un animal era semiacuático o totalmente acuático.
Modelos caducos de Paleoparadoxia (Oda Takashi)y Ambulocetus (Robin Liesens), contra modelos más acordes a su modo de vida (de Tatsuya Shinmura y Carl Buell, respectivamente).
Justo cuando piensas que un nuevo dromeosaurio ("raptor") será más de lo mismo (y generalmente lo es), BOOM, aparece algo totalmente nuevo. En esta ocasión se trata de Halszkaraptor escuilliei, un terópodo procedente de la Formación Djadokhta (Mongolia), que data del Cretácico tardío Campaniano, aproximadamente de hace 75-71 millones de años de antigüedad. Este nuevo dinosaurio presenta una estructura bastante peculiar. Tenía una cola relativamente corta, un tórax relativamente alto, acompañado de un esternón (placas esternales) bastante grande que daba anclaje a músculos bastante amplios para brazos tan cortos. Y no sólo eso, sino que el cuello era muy esbelto y largo, rematado en una cabeza inusual, con bóveda alta y un hocico corto y amplio a los lados.
Reconstrucción esquelética de Halszkaraptor escuilliei. Tomado de Cau et al. (2017).
Pero ¿estas características son sólo una nueva forma? Pues resulta que no, pues el gansosaurio este posee algunas características que sugieren una forma de vida novedosa, un ¡raptor semiacuático! El rostro porta una multitud de porosidades que albergaban muchísimos vasos sanguíneos que los autores del estudio han interpretado como una adaptación para sentir presas bajo el agua (de forma similar a los cocodrilos, algunas aves y mamíferos de hoy). Adicionalmente, los miembros delanteros muestran proporciones similares a los de vertebrados acuáticos como reptiles marinos de cuello largo (plesiosaurios y notosaurios) y aves acuáticas.
Restauración del aspecto en vida de Halszkaraptor escuilliei por el artista Lukas Panzarin.
Este dinosaurio fue una sorpresa tanto en su forma como en su estilo de vida inferido. Esperemos que próximamente nos aguarden nuevas sorpresas como estas.
Una de las cosas más curiosas del registro fósil de las aves es cómo evolucionaron de forma paralela distintos linajes terrestres. Particularmente aquellos de animales gigantes como las avestruces y las moas. Y si bien, la mayoría de esas aves gigantes tienen sedes taxonómicas más o menos volátiles, poco sabíamos de la posición filogenética de las primeras aves gigantes, conocidas popularmente como diatrimas, las gastornítidas o gastornitiformes (cuando se elevan a categoría de orden). Lo único que sabemos es que son del hemisferio norte y que "tienen" que ser de un linaje antiguo, después de todo son aves del Paleoceno y Eoceno. Ah y que eran veganas.
Por otra parte, tenemos a los "patos demoniacos de la perdición" (demon ducks of doom), un grupo de aves gigantes de Australia relativamente recientes, que aparecen en el Oligoceno y se extinguen completamente hasta el Pleistoceno. Estas aves son conocidas como dromornítidas (o dromornitiformes cuando se solía pensar que representaban un orden). Su posición taxonómica previa era que eran o parientes de los patos (orden Anseriformes) o patoides primitivos (Anseriformes troncales). Otro misterio.
Un nuevo estudio de este año propone algo novedoso. Que estos dos grupos de aves que aparentemente no tienen conexión, son en realidad parientes. Y propone que no son los Anseriformes, sino los Galliformes, los parientes más cercanos de estas aves. Ya sea que se sostenga que este grupo (diatrimas + dromornítidas) sea considerado como Anseriformes troncales o como orden propio (Gastornithiformes). Otra cosa interesante de este estudio es que encuentra que Vegavis iaaino es un anseriforme, sino un miembro basal de la dupla diatrimas/dromornítidas. Pero el estudio no se detiene ahí, sino que también encuentra que Presbyornis y sus parientes (Presbyornithidae) son en realidad Anseriformes corona y no troncales o un orden separado como se proponía.
Y para poner la cereza en el pastel, se encuentra que las aves del terror verdaderas, las forrusrácidas (familia Phorusrhacidae) son en efecto parientes de las cariamas o chuñas modernas. Y que la misteriosa Brontornis burmeisteri, que en una entrada antiquísima del blog aparecía como forrusrácida y que a ratos, brincaba a ser un anseriforme gigante, en realidad sí es una forrusrácida. Estos nuevos cambios a la taxonomía de las aves gigantes y extintas son por demás interesantísimos, sobre todo para los amantes de las aves.
Cladograma de Worthy et al. (2017) traducido. En la base se aprecian las litornítidas de las que destaca Paracathartes, pues su sede anterior era incierta. Más adelante se aprecian distintos grupos de aves gigantes no voladoras (indicadas por el círculo negro y grande). De ellas destacan las gastornítidas y las dromornítidas.
Casi nunca hablo de invertebrados en el blog... Y no es porque los odie, es que se muy poco de ellos. Y hay un grupo que desde la carrera me ha parecido sumamente interesante, el de los quelicerados. Ese grupo de artrópodos incluye a las arañas, los escorpiones, los ácaros y otros menos conocidos como los "cangrejos" herradura (xifosuros), las "arañas" de mar (picnogónidos), las "arañas" patonas (opiliones), las "madres de alacrán" (solífugos), los "escorpiones" marinos (euriptéridos), entre otros más. Pero eso sí, una de las características clave que me dieron en la carrera sobre estos animales es que en vez de tener tres segmentos corporales principales como los insectos (cabeza, tórax y abdomen), los quelicerados sólo cuentan con dos: el abdomen y el opistosoma (donde está la cabeza). Esto, más la característica presencia de quelíceros, son lo que distingue al grupo. Los quelíceros vienen en tres formas: agujas, como los de las arañas, pinzas como los de los escorpiones y pinzas segmentadas como los de los ácaros y escorpiones de mar.
Quelícero en forma de pinza de un solífugo. Fotografía de Jon Richfield.
Se pensaba que estas formas básicas aparecieron con el grupo y que eran su carácter ancestral por excelencia. Sin embargo, un estudio reciente encontró que el artrópodo del Esquisto de Burgess conocido como Habelia optata, es en realidad un quelicerado. Pero no sólo eso, sino que además ¡no posee quelíceros! Y la estructura más sobresaliente de su región oral son unas placas llamadas "gnatobases", que no son homólogas a los quelíceros. En su lugar, unos menudos apéndices orales en forma de patita, llamados "endópodos", son el homólogo de los quelíceros. El nivel de convergencia de los apéndices orales en Habelia es impresionante, son muy similares a lo que podemos encontrar en ciempiés y algunos crustáceos.
Nueva imagen de Habelia optata, restauración de Joanna Liang. En rojo se señala lo que los autores del estudio consideran que podría ser el homólogo de los quelíceros en este grupo de artrópodos del Cámbrico.
Gracias a estas y a otras características anatómicas, Habelia representa un nuevo grupo de animales quelicerados, denominados Habeliida, que contiene a otro miembro famoso del esquisto de Burgess, Sanctacaris uncata. El estudio también concluye que los megaquéridos como Leanchoilia, Alalcomenaeus, Oestokerkus, Yohoia, Fortiforceps y Jianfengia en realidad son mucho más basales y que los trilobites son en realidad el grupo hermano de los quelicerados (al fin ¡sede para los trilobites!).
Relaciones de parentesco propuestas por Aria y Caron (2017).
Sin duda, el año que se nos viene debe de incorporar estudios como estos.
Hablando de quelicerados, pues resulta que un grupo de ellos puede ser parásito, se trata de las garrapatas, la superfamilia Ixodoidea, que pertenece a los ácaros. Estos animales son ectoparásitos hematófagos, lo que significa que se "pegan por fuera" se sus huéspedes para alimentarse de sangre. Una gran variedad de animales se puede llenar de garrapatas pero éstas son casi siempre específicas a los grupos que parasita. Hay garrapatas de reptiles, de mamíferos y de aves. Las que parasitan aves tienen ganchos especiales en las patas que les permiten andar entre las plumas y no caerse a la menor sacudida. Y resulta que preservadas en ámbar, se descubrieron dos nuevas especies del Cretácico tardío (ca. 99 millones de años): Deinocroton draculi y Cornupalpatum burmanicum. Estas especies fundan una nueva familia: Deinocrotonidae y se caracterizan por ser parásitas de animales emplumados.
Arriba, ejemplares tipo de Deinocroton draculi. Abajo, ejemplar tipo de Cornupalpatum burmanicum, con acercamiento. Modificado de Peñalver et al. (2017).
Una de ellas, C. burmanicum fue encontrada enredada en una pluma, mientras que D. draculi se asume como una garrapata en el mismo nicho porque se encontró llena de "pelos" (hastisetae) del mismo tipo que los encontrados en C. burmanicum. Estas hastisetas son de larvas de escarabajos de la familia Dermestidae (subfamilias Megatominae y Trinodinae) y estos pequeñines se alimentan de excrementos, plumas muertas y despojos dejados por los pollos de las aves en los nidos. Las hastisetas llegaron a las garrapatas porque las larvas de escarabajo los mudan en cuantiosas cantidades, llegando a formar gruesos tapetes en los nidos, que luego son transferidos hacia los pollos y adultos al sentarse en el nido.
Larva de escarabajo megatomino en ámbar del Báltico. Imagen tomada de aquí.
Los candidatos a ser los engarrapatados son dinosaurios no avianos emplumados y desde luego, aves. Sin embargo, por los tiempos de aparición de diferentes grupos y por la antigüedad de las plumas, se sabe que el huésped no pudo haber sido un ave moderna (neornita). Esto suma nuevas e interesantes interacciones al mundo de los dinosaurios mesozoicos. Ahora se podrán hacer ilustraciones con dinosaurios rascándose las garrapatas o al menos, intentándolo.
Restauración del aspecto en vida de Deinocroton draculi. En la imagen se muestran dos machos no hinchados y una hembra hinchada de sangre en su huésped. Arte de Oscar Sanisidro.
Los tejidos blandos siempre son una sorpresa, pero más cuando aún no se habían descrito para un grupo específico de vertebrados. En esta ocasión hace su lugar al puesto 4 el hallazgo de sangre fósil de ictiosaurio. O siendo más específicos, de eritrocitos (glóbulos rojos) y posibles leucocitos (glóbulos blancos) fosilizados. Estos microfósiles fueron encontrados al seccionar un nódulo con cobertura de pirita y al examinar la vértebra de ictiosaurio preservada en él. El fósil data del Jurásico temprano, aproximadamente de hace 182.7 millones de años.
Acercamientos a (arriba) fibras de colágeno y (abajo) eritrocitos en la superficie de hueso de ictiosaurio. Tomado de Plet et al. (2017).
Lo interesante del hallazgo es que confirma la hipótesis tan desacreditada (pero aún no refutada) de la Dra. Schweitzer, que sugiere que el hierro es el responsable de la preservación de tejidos blandos improbables en el registro fósil, que incluye ADN, proteínas e incluso, glóbulos rojos en dinosaurios. Para saber más al respecto te recomiendo leer: células de dinosaurio y ADN de dinosaurio en este blog. Lo más interesante es que estos glóbulos rojos son anucleados es decir, no poseen núcleos. La parte curiosa es que los eritrocitos de los reptiles sí poseen núcleos, mientras que sólo los de los mamíferos carecen de estas estructuras celulares. Esto permite a los glóbulos rojos mamiferianos ser más eficientes para transportar oxígeno y precisamente esta condición en los ictiosaurios refleja un estilo de vida más similar a un delfín que a una lagartija. Otra más a la lista de convergencias de los ictiosaurios.
Posibles glóbulos blancos (WBC-like structure) en ictiosaurio. Plet et al. (2017).
Sin embargo, algunos dudan de que estos sean realmente eritrocitos y plantean que por la talla (minúscula) podrían ser contaminantes. Si quieres leer más al respecto de este descubrimiento, te recomiendo el post: Sangre de ictiosaurio, donde proporciono más detalles.
Los bebés de los animales vienen en dos formas: precociales y altriciales. Los primeros son aquellos que al momento de nacer/eclosionar, pueden valerse por sí mismos, son fuertes e independientes. Sin embargo, los del segundo tipo son unos inútiles buenos para nada, como nuestros bebés, que requieren de nuestros cuidados para poder sobrevivir. Los tetrápodos exhiben toda una variedad de crías, tanto precoces como altriciales. Y averiguar, de qué tipo era una cría de animal extinto es un lío. Sin embargo, este año pudimos aprender sobre las crías de unos animales increíbles, los pterosaurios.
Ejemplos de crías precoces, como la del pato, contra crías altriciales, como los pollos de paseriforme indeterminado (abajo). Fotografías de Susanne Nilsson y Doha Qatar respectivamente.
Por años se había especulado sobre las capacidades de las crías de pterosaurio. El artista Mark Witton y colaboradores, habían incluso generado un gran argumento a favor de la hipótesis de crías de pterosaurio precoces y capaces de vivir por sí mismas (clic para ver). Sin embargo, el estudio directo de huevos de pterosaurio de la especie Hamipterus tianshanensis mostró embriones en distintos estados de desarrollo, desde los poco formados, a los que estaban a punto de eclosionar. Y el resultado fue asombroso, las crías nacerían incapaces de volar y en un estado que corresponde con bebés altriciales, completamente dependientes de los padres. Esta evidencia no sólo muestra que los pterosaurios eran padres que cuidaban a sus crías, sino que además, eran más similares a las aves que a los reptiles en el aspecto del cuidado de los pequeños. A pesar de que sus huevos eran muy reptilianos por fuera.
Masa de fósiles (A) de Hamipterus tianshanensis, huevos (B) y huevo con embrión (C). Tomado de Wang et al. (2017).
Si bien, debemos ser cautos antes de trasladar estos resultados a todos los pterosaurios, sí son la primera instancia para poder decir, con embriones en mano, que estos animales eran altriciales. Sin duda, las playas del Cretácico temprano de China donde anidaban estos reptiles voladores debieron ser un sitio muy bullicioso, lleno de bebés llorones.
Restauración del momento de eclosión de crías de Hamipterus tianshanensis. Arte de Zhao Chuang.
♫Ora chunchakeando lo que necesito es cambiar de look♫... O al menos es lo que estos bichos ya necesitaban. El paleoarte es la forma más inmediata en la que los descubrimientos fósiles llegan a las personas y retratar la vida del pasado lo más fiel a la realidad que fue, sólo es posible gracias a nuevos descubrimientos.
Los primeros en la lista son los "raptores", "paravianos no avialanos" para los más estrictos. En un trabajo donde se estudiaron los tejidos blandos de diferentes especímenes de Anchiornis huxleyi, se completó el perfil de la forma corporal más completa de un dinosaurio (adulto) a la fecha, con excepción del Psittacosaurus publicado el año pasado. Existía debate general sobre la extensión de los tejidos blandos en distintas zonas del cuerpo y con la técnica de fluorescencia estimulada por láser, la duda queda saldada. En el caso de la cola, la "panza" por debajo del pubis y la pantorrilla, los paleoartistas dieron en el clavo, la piel no tiene mucho de sobra. Por otro lado, el paleoarte tiene mal entendidas otras partes. Por ejemplo, los pies constan de almohadillas de piel que las huellas indicaban desde hace tiempo, pero casi nadie los dibuja. Y lo más notorio son los miembros delanteros, pues se confirma lo que los paleontólogos sospechaban hace tiempo, los brazos de los "raptores" no iban desnudos, sino que tenían "alitas". Estos dinosaurios tenían dos membranas; la que unía el brazo y antebrazo se denomina propatagio y la que une el antebrazo con la mano, postpatagio. Además de eso, los dedos III y IV estarían parcialmente unidos, lo que hace imposible las "manos de pianista" de los raptores noventeros.
Estudio de la morfología y extensión de los tejidos blandos de Anchiornis. Los colores indican diferentes especímenes y regiones de los mismos. Note cómo los brazos son la parte más impacatante. Tomado de Wang et al. (2017).
Eso en cuanto al "pellejo". Pero, ¿qué tal las plumas? Por cierto tiempo hemos estado viendo paleoarte de paravianos con plumas bastante peinadas. El contorno de los animales es casi el mismo que el de la "carne" debajo. Pero si observamos a las aves modernas, seguramente debió haber existido más variación. ¿No? Pues un estudio reciente descubrió que en Anchiornis huxleyi ese era el caso. Tras examinar las plumas de contorno que pudieron encontrar, un equipo descubrió que dichas plumas, que forman el cuerpo y no las partes especializadas de las alas, eran de naturaleza semi-abierta. Esto debió darle un look bastante "esponjoso" a Anchiornis. El cánon artístico entonces debe cambiar y debemos estar atentos, pues esta esponjosidad al parecer puede extenderse a dinosaurios como Sinosauropteryx y Caudipteryx, aunque esto no es concluyente aún. Las plumas de este tipo pudieron haber servido para mantener a los dinosaurios secos y calientitos, ya que no estaban adaptadas para mejorar el aerodinamismo. Intrigante ¿no?
Nuevo paradigma de cobertura de plumas por Rebecca Gelernter. La pluma representa la morfología abierta de las que fungen como contorno. En esta reconstrucción se toma en cuenta lo descubierto por los autores del estudio anterior. Note cómo los dedos no van desnudos y los externos de la mano están unidos por tejido blando. Tomado de Saitta et al. (2017).
Dejemos a los dinosaurios y pasemos a sus primos, los pterosaurios. Estos reptiles voladores son exclusivos del Mesozoico y durante el Cretácico vieron su fin. Antes de su desaparición sólo quedaba una familia, los azdárquidos (Azhdarchidae). Por lo delicado de sus huesos, estos animales son poco conocidos, pero sabemos que tenían envergaduras que iban de los 3 a los 10-12 metros. Uno de los más famosos del grupo es Quetzalcoatlus y su morfología es la que se pensaba la típica del grupo. Una enorme cabeza sostenida por un cuello largo y esbelto. Este año, un par de vértebras cervicales de las que una, es particularmente corta han levantado sospechas y se propuso un nuevo modelo morfológico. Si todo en la interpretación de la vértebra está en lo correcto, pertenecería a un pterosaurio gigante, similar a Hatzegopteryx o quizá a este mismo. La morfología de la vértebra sugiere que su dueño era de cuello corto, lo que es completamente distinto a lo que se pensaba antes para este grupo (i.e. todos eran de cuellos largos y esbeltos). Esperemos que este modelo sea correcto porque de serlo, abre la puerta a una mayor diversidad morfológica en los últimos pterosaurios que vivieron y borran esa imagen de copy/paste en la morfología del grupo.
Arriba, anteriores restauraciones del aspecto de Hatzegopteryx. Abajo, restauración bajo la hipótesis del cuello corto. Tomado de Naish y Witton (2017). Errata: la figura de la parte superior retrata al género Arambourgiania.
Hasta ahora esta lista ha estado plagada de vertebrados voladores o terrestres, pero ¿qué tal los marinos? Si pensamos en animales extintos marinos del Paleozoico, nuestro awesomebro interno nos grita un nombre: Dunkleosteus terrelli. Ese gigantesco placodermo que parece salido de una peli de ciencia ficción en realidad existió. Pero de él sólo tenemos la parte frontal del cuerpo, el resto lo inferimos gracias a parientes cercanos mejor preservados. Pero hay un problema. No podemos escalar lo sabido a un bicho más grande porque los estilos de vida son muy distintos. Quizá le estemos poniendo el cuerpo de un recogedor de "basura" a un feroz depredador. Precisamente con eso en mente, un grupo de científicos se puso manos a la obra y al recolectar información sobre la forma de los diferentes animales marinos que son equiparables a Dunkleosteus, generaron un modelo de predicción de la forma de este animal. La sorpresa es que no se parece en nada a lo que los artistas venían dibujando y por el contrario, se parecía más a los dibujos de los chicos que entusiasmados, hacían a un "tiburón maligno" de Dunkleosteus. Específicamente, el animal parece que tuvo cola tiburonesca con dos lóbulos, siendo mayor el superior (heterocerca). Esto también sugiere sus hábito e hipotetiza una vida: depredador pelágico. Ojalá nuevos descubrimientos corroboren esta hipótesis novedosa.
Nuevo modelo de la parte trasera de Dunkleosteus (en escala de grises) por Hugo Salais. En color, el modelo caduco, obra de Satoshi Kawasaki.
Los únicos anfibios vivos son las salamandras, las ranas y las cecilias. O dicho de forma científica, los Caudata, Salientia y Gymnophiona, en el mismo orden. Se supone que estos animalitos forman un grupo llamado Lissamphibia. Sin embargo, los lisanfibios han sido sujeto de mucho debate. Primero, por su relativa ausencia en el registro fósil durante el tiempo en el que surgieron. Posteriormente, porque algunos estudios habían sugerido que no eran un grupo monofilético. Es decir, no tenían un ancestro común inmediato y por eso, no eran un grupo válido. El problema principal eran las cecilias, que al estar tan modificadas (carecen de patas), no cuadraban. Y al más puro estilo de un partido de tenis sistemático, las pobres eran y no eran parientes cercanas de los batracios (grupo compuesto por salamandras y ranas). Este año, un nuevo estudio mostró la razón. Como se sospechaba, faltaban fósiles. Y al encontrar una nueva cecilia troncal (muy primitiva y poco modificada), el árbol de los anfibios se hizo mucho más grande. La nueva especie es Chinlestegophis jenkinsi, del Triásico tardío de Colorado, EUA. Y como se sospechaba, las cecilias no son parientes cercanas de ranas y salamandras. Entre estos grupos existieron muchos anfibios que vivieron del Pérmico al Jurásico, pero todos ellos de un grupo llamado Temnospondyli. O en otras palabras, se reivindica a los lisanfibios como un grupo natural, surgido de entre los temnospóndilos, pero las cecilias no son parientes tan cercanas de los batracios. Esto hace que Lissamphibia se expanda mucho más que antes y que los estimados moleculares para la aparición del grupo por fin cuadren. Algo que personalmente esperaba que ocurriera en algún punto.
Nueva propuesta de árbol evolutivo de los lisanfibios y sus parientes luego de incluir a Chinlestegophis jenkinsi. Ilustraciones de Dmitry Bogdanov, excepto por: Amphibamus y Rhinesuchus por Nobu Tamura; Gerobatrachus por Satoshi Kawasaki; Nanolania por Smokeybjb; y Chinlestegophis jenkinsi por Nix Draws Stuff. Cladograma modificado de Pardo et al. (2017).
Jurassic Park sentó en la cultura popular la idea de encontrar así como así dinosaurios completos y que el excavarlos era tan fácil como meter la mano en los huecos del cráneo para sacar la arena. Los paleontólogos que trabajamos recuperando fósiles del campo sabemos que eso es pura fantasía. Los restos completos son extremadamente raros y los que están además, con presencia de tejidos blandos y de elementos articulados aún más. A esos fósiles excepcionales no tardamos en llamarlos "momias", aunque no hayan pasado por ningún proceso de embalsamammiento. Una de esas "momias" se hizo viral en internet al presentarse como el dinosaurio más completo encontrado, lo cual dista de ser cierto, pero tiene su mérito. El dinosaurio, un anquilosaurio descubierto en una mina de Alberta, Canadá, su nombre, Borealopelta markmitchelli. Se trata de un nodosáurido del Cretácico temprano Aptiano, de entre 125 y 113 millones de años. Entre otras cosas, es el anquilosaurio más completo encontrado, pero no sólo eso, sino que conserva tejidos blandos, concretamente escamas y el estudio de éstas llevó a conocer su coloración real. Sabemos que el bicho era rojizo, pero la cosa no para ahí, sino que además presentaba contrasombreado (con la parte más clara en el vientre). Esto sugiere que su coloración era críptica, especializada para hacer pasar desapercibido a un animalote de 1.3 toneladas de peso. Imagínate que no sólo eres grande, sino que además estás lleno de púas de hueso sólido, pero incluso con eso, los depredadores quieren comerte. Eso lleva consigo a la evolución del mecanismo de contrasombreado, indicando que la depredación no era algo que los anquilosaurios desconocieran. Sin duda, algo nuevo que aprender del mundo de los dinosaurios.
Restauración del aspecto en vida de Borealopelta markmitchelli por el artista Julius Csotonyi.
Los análisis filogenéticos son propuestas, hipótesis a posteriori que se ejecutan con la evidencia disponible. Y dependiendo de esa evidencia, surgen hipótesis muy buenas o muy malas. Otras cuantas veces, surgen cosas extrañas que levantan cejas por todo el globo y tal es el caso de este puesto honorífico. Se lo llevan sin duda Baron y colaboradores por su propuesta del arrreglo del árbol evolutivo de los dinosaurios. En él proponen que Saurischia es un artificio y que en realidad, los Ornitisquios y no los Sauropodomorpha ("cuellos largos") son los parientes más cercanos de los terópodos y por consecuencia, las aves. Proponen además que los herrerasáuridos no son terópodos y que esos sí son parientes cercanos de los cuellos largos. Y bueno, para no repetir información sobre este tema complejo, te invito a leer "¿Cambia todo lo que sabíamos de los dinosaurios?". Ahí detallo paso a paso la gigantesca controversia desatada por este artículo. Pero algo sí debe saber usted querido lector, luego de un par de meses, aparecieron varios artículos revindicando el árbol familiar "viejo" de los dinosaurios. Pero el hecho de que nos hayan hecho dudar con algo tan "bien sabido", es sin duda algo que merece un puesto honorífico en esta lista.
Sinopsis de la nueva propuesta de Baron et al. (2017). Siluetas de phylopic.
TITANosaurios, los lagartos titánicos. Su mero nombre evoca sensaciones de asombro y no es para menos, fueron las criaturas terrestres más grandes que existieron. El hallazgo de uno particularmente grande siempre hace su lugar en las secciones de noticias del mundo y en esta mención honorífica no está para menos mencionar al que se llevó todas las preseas este año. Nuestro protagonista es Patagotitan mayorum un dinosaurio descrito a partir de materiales colectados en el Rancho La Flecha, ubicado en la Provincia de Chubut, Argentina; en estratos pertenecientes al Cretácico temprano, al piso del Albiano, de hace aproximadamente 101 millones de años de antigüedad. Y la razón de su mención honorífica no sólo es su talla, sino que además rompe con la tradición de nombrar titanosaurios a partir de un único individuo fragmentario, que en ocasiones extremas, llega a estar sólo representado por un hueso. El titán de la Patagonia (lo que significa el nombre del género) está representado por varios colosos. Lo segundo que llama la atención es que destrona al saurópodo que siempre es mencionado como el mayor de todos, Argentinosaurus huinculensis, de 30-33 metros (estimados) de largo. Se estima que Patagotitan era mayorum y medía ¡35.5 metros de largo! Y eso no es todo, el análisis de sus tejidos óseos reveló que a los individuos en los que se basa el cálculo aún les faltaba crecer. ¿Y cómo andamos de peso? Pues la media estimada para este gigante (basada en medidas del fémur) es de 69 toneladas, "tan sólo" el doble que saurópodos gigantes del Jurásico (como Giraffatitan y Apatosaurus) y 10 toneladas más que lo estimado para Dreadnoughtus. Y el método volumétrico (que es poco fiable) nos arroja que Patagotitan era 10% mayor que Argentinosaurus, Puertasaurus y Notocolossus. Toda una joya fósil.
Hasta ahora hemos visto cangrejos y tortugas devorados (y defecados), mamíferos más marinos de lo que se pensaba, un nuevo gansosaurio, que las gastornitiformes son parientes de los pollos, que los quelicerados no surgieron con sus característicos apéndices orales, a las primeras garrapatas de dinosaurio emplumado conocidas, la preservación de sangre de ictiosaurio que se creía mamífero, a las crías desvalidas de los pterosaurios, manos más avianas y plumas más esponjosas en penaraptores, azdárquidos de cuellos cortos, la cola de tiburón de Dunkleosteus, la revindicación de los lisanfibios, al anquilosaurio más completo del mundo, la propuesta del nuevo árbol evolutivo de los dinosaurios y al dinosaurio más grande de todos los tiempos (hasta ahora). ¿Qué podría ocupar el puesto 1? Pues un artículo sorpresa que apareció justo cuando ya había hecho este top 10 y que por él, tuve que reestructurar todo.
El artículo que hizo que mis ojos se posaran en él automáticamente. El título reza "Conos y bastones en el ojo de un ave enantiornitina de la Biota Jehol del Cretácico temprano".
Les cuento. Resulta que las aves modernas son de los vertebrados con la mejor visión de todos. No sólo en agudeza visual (como en algunas rapaces), sino que sus ojos poseen la capacidad de ver más allá de lo evidente Thunder thunder thundercats hooooooo! lo que los nuestros son incapaces de ver, la luz ultravioleta. Y esta visión no es para menos, cambia completamente el mundo y la percepción del mismo. Veamos.
A la izquierda, lo que vemos los humanos. A la derecha, lo que ven las aves. Como podemos apreciar, es un mundo de diferencia. Imagen de autor desconocido.
La cosa es que esta magnífica visión es casi imposible de ver en los fósiles, pues para identificarla necesitaríamos que se conservaran ojos y no sólo eso, sino sus tejidos blandos y más aún ¡necesitamos ver las células especializadas! Estas son conos que poseen gotas de aceite biogénico en la punta. Todo un reto, ¿No? ¡Pues que va! Un grupo de investigación se sacó la lotería. En un fósil de ave de la Formación Jiufotang, del Cretácico temprano Aptiano, aproximadamente de una antigüedad de 120.3 millones de años, se descubrió un ave del grupo de las enantiornitas (no se especifica la especie) que es la primera en conservar el tejido de los ojos (específicamente, la retina). Y que yo sepa, este sería el primer caso de ojos preservados (en roca) de los que tengo noticia, para un vertebrado, claro y que además, posea la posibilidad de ser estudiados para analizar la visión de la especie.
Hablando de preservación en el top 10... Hay fósiles excepcionales y luego está esa enantiornita. En las figuras vemos a) el ave, b) acercamiento al ojo fósil, c) acercamiento a la zona analizada y e) conos y bastones fósiles, con todo y gotitas de aceite. Figura superior de Brown et al. (2017), figuras de la parte inferior de Tanaka et al. (2017).
Luego de examinar el tamaño y distribución de los conos y bastones, así como de las gotitas de aceite preservados permite saber el tipo de visión del ave. Esto, dado que existe una estrecha relación entre ellos y la capacidad de ver el espectro ultravioleta de la luz. Y si bien, la visión tetracromática (rojo, azul, amarillo y ultravioleta) evolucionó en los peces "agnatos", este patrón se ha modificado bastante. La mayoría de los animales nocturnos y los que descendemos de ellos tenemos una visión de color limitada y la mayoría, no podemos ver el ultravioleta, que es la parte del espectro lumínico que abunda de día. El ave fósil fue comparada con la visión del gorrión doméstico (Passer domesticus) y el cárabo uralense (Strix uralensis), que son diurno y nocturno respectivamente. Y se encontró que el ave enantiornita veía de forma muy similar a la que ven los gorriones, en otras palabras: veía el ultravioleta.
Distribución de las gotitas de aceite en los ojos de la enantiornita fósil, un ave moderna diurna y un ave moderna nocturna. Gráfico creado con los datos de Tanaka et al. (2017). Enantiornita de Cheung Chung Tat, Passer y Strix de Satoshi Kawasaki,
Esta es la primera vez que podemos ver de forma directa cómo es que veía un animal fósil y nos acaba de decir algo que quizá no asociemos de primera: las aves del Mesozoico eran igual de coloridas que las actuales, pues sus ojos funcionaban de forma similar. Así que cuando querramos darle una apariencia "primitiva" a un ave extinta, sabemos ahora que estaremos cometiendo perjurio paleoartístico. En realidad veían bien, muy bien. ¿Aplicará esto para dinosaurios no avianos? Esperemos averiguarlo.
Y con esto damos por concluido este top 10. ¿Qué te pareció? ¿Concuerdas con este? Déjame saber tu opinión en los comentarios. Hasta el próximo año post. Feliz inicio de 2018.