Mostrando entradas con la etiqueta Pleistoceno. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pleistoceno. Mostrar todas las entradas

domingo, 25 de octubre de 2020

Los Clovis murieron con la megafauna

Los Clovis fueron una cultura humana que habitó en América del Norte hacia el final del Pleistoceno. Esta se caracteriza por la tecnología lítica que produjeron, pues estas herramientas pétreas muestran signos de conocimientos comunes en la elaboración de dichos artefactos.

Cazadores Clovis siendo sorprendidos por un oso. Arte de George Teichmann.

En EUA estos humanos son uno de los tipos de tecnología lítica más estudiado y sin embargo, poco se sabía de la temporalidad exacta de este grupo de humanos. Eso hasta ahora, pues se ha publicado un artículo donde se da cuenta de un proyecto de investigación que por principio de cuentas, se propuso fechar la mayor cantidad de yacimientos con estos antiguos americanos.

Lítica característica de los Clovis. Tomado de O’Brien et al. (2015) Transmission of Cultural Variants in the North American Paleolithic.

Tras analizar con radiocarbono más de 11 sitios arqueológicos y realizar 43 fechamientos exitosos, el rango de los Clovis está entre los ~13,050 a los ~12,750 años calendáricos antes del Presente. Entendiéndose este Presente como el 1 de enero de 1950, con lo que, los últimos Clovis vivieron hace unos 12,820 años antes de hoy (octubre de 2020). Si te haces un lío con esto del "Presente", te dejaré un enlace a uno de nuestros videos para que entiendas mejor de qué va esto.


Ahora bien, gracias a este estudio sabemos que los Clovis vivieron "sólo" 300 años, lo cual puede ser sorpresivamente poco. Pero ojo, que esto no significa que no se puedan descubrir sitios Clovis más antiguos o más recientes. Simplemente es el estado del arte por ahora. Pero lo más curioso es que la desaparición de los Clovis es sincrónica con la de la megafauna de esta parte del mundo, justo durante el micro evento glacial conocido como Dryas reciente.

Cronología de los Clovis. Note cómo la desaparición de esta cultura es sincrónica con la desaparición de la megafauna norteamericana. Tomado de Waters et al. (2020).

¿A qué puede deberse eso? Pues, como sabemos que esta cultura aprovechaba de forma activa a la megafauna, la respuesta puede ser más que evidente: al desaparecer su fuente de alimento principal, también ellos acabaron por extinguirse. Esto es, desde luego, una hipótesis, pero una educada, basada en la observación de la conducta Clovis y las interacciones con la megafauna. Y además, de ser cierta, sería otro punto en contra de la idea de que la megafauna se extinguió porque los humanos la cazaron hasta su completo exterminio. Y cosas como ésta, siempre me alegran el día.

Fuente:

Waters et al. (2020). The age of Clovis—13,050 to 12,750 cal yr B.P.. Science Advances. 6(43), eaaz0455. DOI: 10.1126/sciadv.aaz0455

miércoles, 7 de octubre de 2020

¿Un lobo terrible en China?

 Recién se acaba de publicar un artículo científico en la revista "Quaternary International" (Cuaternario Internacional), titulado "A late Pleistocene fossil from Northeastern China is the first record of the dire wolf (Carnivora: Canis dirus) in Eurasia" (Un fósil del Pleistoceno Tardío del noreste de China es el primer registro de lobo terrible (Carnivora: Canis dirus) en Eurasia ). En este, se da a conocer una mandíbula parcial (IVPP V25381) de un cánido que los autores de su estudio han referido como Canis dirus, es decir un lobo terrible (también conocido como "lobo gigante").

Ejemplar de presunto Canis dirus, IVPP V25381. Las flechas rojas señalan características importantes que veremos más adelante en el texto.

Esto sin embargo, no se trata de algo usual, pues esta especie es conocida únicamente para América del Norte, desde el Pleistoceno Medio (edad de mamíferos conocida como Irvingtoniano) y hasta el Pleistoceno Tardío (la edad conocida como Rancholabreano). O desde los 1.35 millones de años y hasta los 9,500 años antes del Presente. Pero este lobo recién reportado es ¡de China!

Ubicación del hallazgo del presunto Canis dirus de China.

Esta no es la primera vez que tenemos cosas alocadas en biogeografía, pero desde luego -y como bien citase Sagan-, afirmaciones extraordinarias requieren evidencias extraordinarias. Y este fósil está a medio camino de convencer a la comunidad científica. Ciertamente tiene la edad adecuada (se le estima en 20,000 años antes del Presente) y lo más importante, un tamaño muy similar.

Canis dirus por el artista (y amigo) mexicano Sergio de la Rosa.

Pero la cosa se pone turbia cuando la examina un paleontólogo de mamíferos (como su servidor), pues como sabemos muy bien en nuestro campo: "primero es la morfología y LUEGO la morfometría". Es decir, las medidas claro que son importantes, pero pasan a segundo término si no cuadra la morfología. 

Ancho (eje Y) contra largo (eje X) de primeros molares inferiores de diferentes cánidos. Note cómo el ejemplar de China es cercano a los Canis dirus y no a los Canis lupus. Tomado de Lu et al. (2020).

Pues esta última y no las simples dimensiones las que revelan relaciones de parentesco y desde luego, una afinidad taxonómica. Y este es el problema de este lobo, pues su morfología no cuadra con la de Canis dirus.

Izquierda: Canis dirus del Museo de Historia Natural de Los Ángeles (ejemplar LACMHC 2301-L-483). Centro: morfología de un molar inferior de cánido (tomado de Peters et al. (2005) Cainozoic Research, 15(1-2):55-58p.). Derecha: ejemplar de presunto Canis dirus de China (en imagen especular).

Para el ojo no entrenado, los dos ejemplares de la imagen anterior son iguales. Pero no lo son. Tienen algunos rasgos que los distinguen. En vista oclusal (desde arriba), el diente de China posee un paracónido (en rojo) mucho más convergente con el protocónido (azul) de C. dirus. Además, en la parte del talónido observamos que lo mismo ocurre con el hipocónido (verde) y el entocónido (azul claro). Y esto es tomando en cuenta que seleccioné un molar en un grado de desgaste similar para que esas diferencias no fueran atribuidas a simple desgaste. Pero lo más notorio es que la entocrístida (en amarillo) tiene forma de cresta doble en el ejemplar de China, pero en C. dirus esta tiene forma de cúspide accesoria. Estas cúspides no son cualquier cosa y su presencia/ausencia realmente nos indica diferencias taxonómicas. Pero aún hay más.

Comparativa de los mismos ejemplares previamente mencionados en la figura anterior. Vista labial (arriba) y lingual (abajo). 

En vista lateral los dientes muestran otras peculiares diferencias. Veamos. Primero que nada, en la imagen previa podemos ver en amarillo de nuevo, la entocrístida que en C. dirus (izquierda) tiene forma de cúspide accesoria, mientras que en el fósil chino, tiene forma de crestas. Además, notamos que el metacónido de C. dirus es mucho más robusto y su unión con el protocónido (la cúspide mayor) se mantiene independiente casi hasta la base de la corona misma, mientras que en ejemplar chino, esta unión termina de forma rápida para integrarse con la base del protocónido (unión indicada en verde). También se aprecia un paracónido (Pa en la imagen) más delgado y agudo en el ejemplar de China que en el ejemplar de C. dirus. Pero lo más notorio es quizá una estructura llamada "muesca carnasiforme" (en rojo), que tiene forma de agujero de cerradura bien distintivo en el ejemplar chino, pero no así en Canis dirus.

Ejemplar 3D de lobo de la Columbia Británica (Canis lupus columbianus). Les recomiendo entrar a ver el ejemplar para comparar su primer molar con los ejemplares aquí descritos. Clic aquí para ver.

Todos estos rasgos los pueden ustedes ver en ejemplares de lobo moderno (Canis lupus), por lo que se puede concluir tentativamente que estamos frente a un ejemplar muy grande de esta especie y no frente a un lobo terrible en otro continente. Esto además, está apoyado porque el lobo terrible es terriblemente escaso en América del Norte boreal y es más abundante en zonas templadas de EUA, México, e incluso, Sudamérica.

Distribución del lobo terrible en las Américas, tomado de Paleobiology Database.

Así que, aunque evidentemente este post de blog no puede refutar de manera formal este hallazgo, sí tiene la intención de que dudemos de esa aseveración increíble. Nada me gustaría más que estar plenamente equivocado y que realmente podamos ver que este ejemplar de China representa a un lobo terrible, pero por ahora, la evidencia no apoya esa idea.


Fuente:

Lu, D. et al. (2020) A late Pleistocene fossil from Northeastern China is the first record of the dire wolf (Carnivora: Canis dirus) in Eurasia. Quaternary International. En prensa. 


sábado, 12 de septiembre de 2020

¿Primer? oso de las cavernas congelado

Hoy tenemos muy buenas noticias para los apasionados de la vida prehistórica y en particular a los amantes del Pleistoceno, pues se ha descubierto el primer oso cavernario (Ursus spelaeus) congelado. Y como mencioné en los videos de mamíferos congelados, no es que estos organismos estén en un bloque de hielo transparente como en las caricaturas. En realidad, están congelados en el suelo que, al tener gran cantidad de agua, se solidifica en una estructura llamada "permafrost" y acaba formando una paleta de lodo con cadáver sorpresa.

Cadáver de oso cavernario en permafrost. Fotografía: NEFU.

El nuevo ejemplar procede de la Isla Gran Liajovski, que está localizada en el ártico, entre el mar de Láptev y el mar de Siberia Oriental.

Ubicación de la Isla Gran Liajovski (marcada con una temblorosa X).

En un análisis preliminar, los restos parecen proceder del periodo interglacial Karginsky, con lo que tendrían una edad de entre 22,000  y 39,500 años antes del Presente. Esta edad aún estaría por confirmarse con análisis de radiocarbono (clic aquí para saber cómo funciona ese método de fechamiento radiométrico).

Isla Gran Liajovski. Fotografía: Alexander Oboimov.

El cadáver exhumado representa un ejemplar adulto completo. De este, la parte diagnostica es el gran labio inferior característico de los osos.

Ejemplar adulto procedente de la Isla Gran Liajovski. Fotografía: NEFU.

Los restos fueron descubiertos por pastores de caribúes y fueron entregados a investigadores de la North-Eastern Federal University (Universidad Federal del Noreste) o NEFU. Y serán analizados junto con (agárrese de su asiento) un cadáver de cría de oso cavernario que fue descubierta previamente en Yakutia (Siberia continental), de la que su existencia fue revelada apenas recién con esta otra noticia. 

Detalle de la cabeza del oso. Fotografía: NEFU

Así que ahora no tenemos sólo uno, sino dos osos, un adulto y una cría. Y dado que aún está pendiente su estudio, su estatus como "osos de las cavernas" puede quedar en entredicho, pues podría tratarse de otra especie. Esto porque el hocico del adulto parece ser demasiado largo y angosto, así como su talla aparenta ser mucho menor de lo esperado. Sólo análisis futuros nos podrán decir si realmente se trata de esta especie o de un oso pardo pleistocénico.

Cría de oso procedente de Yakutia. Fotografía: NEFU

De cualquier forma, estos hallazgos son los primeros que se hacen (y reportan) de úrsidos en permafrost que conservan tejidos blandos, pues antes, se conocía la existencia de esta especie por huesos y dientes más "tradicionales". Así que no queda si no esperar con ansias esos nuevos estudios.

jueves, 6 de agosto de 2020

¿La razón de la extinción de la megafauna?

Sólo hay dos grupos que son del agrado generalizado de la gente que no es paleofriki como nosotros: los dinosaurios y la megafauna. Cuando decimos megafauna generalmente nos estamos refiriendo a los animales de más de 40 kg (en otras fuentes más de 100 kg), que eran terrestres (aunque los acuáticos técnicamente cuentan) y en específico a las especies que vivieron durante la última "Era de Hielo". Este lapso es conocido formalmente como el Pleistoceno y específicamente, el Pleistoceno tardío.

La megafauna de la tundra siberiana es quizá una de las más populares. Arte de George Teichmann.

La megafauna consta de animales icónicos como los mamuts lanudos, los mastodontes, los canguros gigantes, los toxodontes y muchísimos más animales que se extinguieron al final del Pleistoceno. Las causas de su extinción son muy debatidas. Se ha propuesto que la humanidad es la responsable, que fue el cambio climático o una mezcla de estos dos factores.

Humanos cazando megafauna, autor desconocido.

Lo cierto es que al final del Pleistoceno, al menos en el hemisferio norte, tuvo lugar un evento glacial súbito conocido como Younger Dryas (o Dryas Reciente), que parece ser sincrónico con la extinción de la megafauna en la región. Este evento tomó lugar hace 12,900 y 11,700 años, habiendo durado tan solo 1,200 años, un parpadeo en términos geológicos. Su nombre deriva de la planta alpina Dryas octopetala, por la abundancia de su polen durante este lapso.

Diferentes registros de paleotemperaturas mostrando el mismo patrón (azul): una disminución súbita de la temperatura hacia el final del Pleistoceno. Fuente NOAA.

Durante mucho tiempo se ha discutido la razón de este evento. Las propuestas básicamente se han centrado en un evento de derretimiento de agua glaciar que cambió en los patrones del Atlántico norte y en el posible impacto de un asteroide o cometa contra la tierra.

Circulación océanica: el motor principal del clima. Note el asa que lleva agua cálida (rojo) hacia el norte del atlántico.

Sin embargo, un estudio reciente se dio a la tarea de estudiar la geoquímica de sedimentos finos depositados en una cueva con un registro sedimentario completo de este lapso, es decir de antes, durante y después del Dryas reciente. Y lo que descubrieron los investigadores es que aunque la tasa isotópica de Osmio 187 y 188 pareciera sugerir un impacto extraterrestre, las tasas de otros elementos radiactivos como el iridio, rutenio, platino, paladio y renio, apuntan a un origen más cercano: vulcanismo.

Zonas del mundo con nanodiamantes, evidencia de impacto que concuerdan con el Dryas Reciente. Tomado de Dietrich et al. (2019) Journal of Geography, 7(1), 78-109.

Pero ¿Qué volcanes? Bien, pues resulta que fechando lo más posible, se tiene que varios entraron en actividad eruptiva durante ese lapso en dos pulsos. El primero estuvo dominado por las erupciones del Glacier Peak y el Santa Elena, ambos ubicados en Washington, EUA.

Ubicación de los primeros volcanes responsables del Dryas Reciente. Imagen tomada de mi cafetera Google Earth.

Y el segundo pulso estuvo dominado por el Arco Aleutiano de Alaska y el volcán Moekeshiwan, también conocido como Lvinaya Past, localizado cerca de Japón.

Ubicación del segundo par de conjuntos volcánicos responsables del Dryas Reciente.

Juntos, estos pulsos y las evidencias de impacto parecen sumarse como una coalición de factores que ocurrieron casi al mismo tiempo y que produjeron una desestabilización climática tal, que los ecosistemas del mundo se vieron ampliamente impactados por el evento. Y si sumamos la presión creciente de los seres humanos, tenemos un escenario apocalíptico para la megafauna del mundo. Esperemos que pronto, nuevos trabajos nos den más luz sobre lo que puso el fin de las megabestias y sentó las bases de la modernidad.

Fuente:

Sun, N., Brandon, A. D., Forman, S. L., Waters, M. R., & Befus, K. S. (2020). Volcanic origin for Younger Dryas geochemical anomalies ca. 12,900 cal BP. Science Advances, 6(31), eaax8587.


domingo, 2 de agosto de 2020

Perezosos gregarios: nueva evidencia

A los paleofrikis nos encanta, nos fascina, nos ultra mega archi requete recontra... ¿Qué estaba diciendo? Ah sí, que nos gusta mucho que se demuestren comportamientos de especies fósiles y más cuando estos comportamientos son gregarios. Por alguna razón, el hecho de que los animales formen grupos parece emocionarnos, quizá porque nos vemos reflejados en ellos. Quien sabe.

Pequeña manada de perezosos. Autor desconocido.

La cosa es que demostrar comportamientos en animales extintos es un problema muy grande. Pues el registro fósil no suele capturar instantáneas de los momentos de este tipo de interacción, salvo por casos muy raros. Y este año llegaron dos artículos de especies diferentes de perezosos con evidencias de hábitos gregarios. ¿Ya vieron ? No todo el 2020 son malas noticias.


El primer artículo fue publicado el 15 de abril y trata un hallazgo de una mortandad masiva de perezosos de la especie Eremotherium laurillardi. El descubrimiento se produjo en sedimentos asfálticos de la localidad de Tanque Loma, en Ecuador y consta de al menos 22 individuos de diferentes edades, desde juveniles a adultos.

Izquierda, representación de elementos esqueléticos de Eremotherium laurillardi en el sitio de Tanque Loma. Arriba, derecha: sitio de excavación con los estratos portadores de fósiles indicados en el esquema. Abajo, derecha: proporción de la tibia para estimar número de individuos y su edad biológica. Tomado de Lindsey et al. (2020).

Estos organismos perecieron en las orillas de un cuerpo de agua anegado que en su momento, era anóxico y al parecer, desprovisto de vida acuática típica (peces, cocodrilos). Las causas de la muerte son probable intoxicación con bacterias procedentes de materia fecal acumulada en el cuerpo de agua, misma que estos animales bebieron. Este tipo de mortandad es común entre hipopótamos hoy en día.

Mortandad de hipopótamos por intoxicación bacteriana. Tomado de Lindsey et al. (2020).

Esto sugiere que estos perezosos gigantes vivían juntos en una manada multigeneracional y que además, presentaban hábitos semiacuáticos temporales, tal y como otra megafauna lo hace en otras partes, como en África, para evitar sequías. Y esto concuerda con la temporalidad del sitio, que con 23,650 años antes del presente, experimentaba una sequía intensa que inició más de 4 mil años antes y que finalizara unos unos 7 mil años después. Así que ahora sabemos que el significado del nombre "Eremotherium" de "bestia solitaria" no cuadra muy bien con estas criaturas sociales.

Ficha de Eremotherium laurillardi con reconstrucción del "Tío Joako" (Joaquín Eng Ponce). Pueden ver más de sus ilustraciones en el siguiente álbum.

La otra especie de perezoso que se demostró era gregario, en este año fue Lestodon armatus. Este perezoso era de talla grande, con entre 3.4 y 4.1 toneladas. Para que se hagan una idea, los bisontes (Bison bison) que son los mamíferos terrestres más grandes de América, llegan a pesar sólo 998 kilogramos.

Lestodon armatus con el garrapatero aní (Crotophaga ani), un ave de entre 30 y 36 cm de largo. Arte de Peter Schouten.

Bien, el estudio en cuestión estudió una asociación de 13 de estos perezosos, descubiertos en el sitio denominado "Playa del Barco", en Buenos Aires, Argentina. Y como ya vimos recién con Eremotherium, el encontrar asociaciones de varios individuos ya comienza a sugerir un comportamiento gregario. Pero hacen falta componentes, como que el depósito se haya formado al mismo tiempo y que el grupo contenga animales de diferentes edades.

Ubicación geográfica y estratigrafía del sitio Playa del Barco. Tomado de Tomassini et al. (2020).

Pero antes de eso, cabe destacar que lo que hoy es una playa, durante el tiempo en el que se formó el depósito, no era tal cosa. Estos sedimentos datan del Pleistoceno tardío, específicamente de hace unos 19,849 años antes del presente. Durante ese tiempo, la zona era una planicie dominada por pastos y herbáceas.

Diferencias entre el sitio Playa del Barco entre el Pleistoceno tardío y la actualidad. Mapa de Christopher R. Scotese.

Volviendo a los lestodontes, resulta que el sitio Playa del Barco muestra precisamente una manada con individuos de distintas edades: 4 juveniles, 6 adultos maduros y 3 individuos ancianos. Esta no es la primera vez que se evidencia una asociación faunística de esta naturaleza, pues en el pasado se han reportado hallazgos similares.

Número de elementos óseos encontrados vs número mínimo de individuos en el sitio Playa del Barco. Tomado de Tomassini et al. (2020).

En 2013, Richard Fariña y colaboradores reportaron algo similar en Arroyo del Vizcaíno, en Uruguay, pero de hace 30,000 años antes del Presente (y con muy discutidas marcas de uso humano). Y en 2003 Ada Czerwonogora y Fariña reportaron otra asociación de lestodontes en el sitio El Caño, en Colonia, Uruguay. Así que con esto, podemos ir considerando que esta especie era gregaria.

Reconstrucción de la escena de los últimos momentos de los lestodontes en Playa del Barco. Tomado de Tomassini et al. (2020). Arte de Pedro Cuaranta.

Estos descubrimientos nos muestran que quizá nuestros deseos sobre comportamientos gregarios en megafauna están quizá mal dirigidos hacia carnívoros y que todo este tiempo, algunos de los animales más intrigantes que han caminado sobre el planeta eran los que verdaderamente eran gregarios: los perezosos gigantes.


Fuentes:

Lindsey, E. L., Reyes, E. X. L., Matzke, G. E., Rice, K. A., & McDonald, H. G. (2020). A monodominant late-Pleistocene megafauna locality from Santa Elena, Ecuador: Insight on the biology and behavior of giant ground sloths. Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology, 544, 109599.

Tomassini, R. L., Montalvo, C. I., Garrone, M. C., Domingo, L., Ferigolo, J., Cruz, L. E., ... & Cerda, I. A. (2020). Gregariousness in the giant sloth Lestodon (Xenarthra): multi-proxy approach of a bonebed from the Last Maximum Glacial of Argentine Pampas. Scientific reports, 10(1), 1-16.

viernes, 20 de octubre de 2017

Paleoficha: Titanotylopus nebraskensis

Nombre común: no tiene. Su nombre científico castellanizado es "titanotilopo de Nebraska".

Nombre científicoTitanotylopus nebraskensis (ti-ta-no-ti-lo-pus   ne-bras-ken-sis)

Significado del nombre: del griego τιτάν, titán (titán); τύλος, tylos (calloso) y πούς, poús (pie), más la referencia al sitio de Estados Unidos donde se descubrió el holotipo (ejemplar que representa a la especie), Nebraska. Por ende, significa "titán de pies callosos de Nebraska".

Descrito por: los paleontólogos estadounidenses Erwin Hinckley Barbour y Charles Bertrand Schultz, en 1934*.

Grupo taxonómico: camellos verdaderos, familia Camelidae, subfamilia Camelinae y tribu Camelini (donde se encuentran el camello bactriano y el dromedario).

Esqueleto de Titanotylopus nebraskensis exhibido en la Sala de la Evolución de los Mamíferos del Museo Peabody de Historia Natural de Yale. Fotografía de Itinerant Wanderer, todos los derechos reservados, imagen usada con fines educativos. Cabe destacar que el esqueleto exhibido en el Museo de Historia Natural del Condado de Los Ángeles no es un Titanotylopus nebraskensis (como aparece en varios sitios, incluyendo Wikipedia), se trata de su primo Gigantocamelus spatula, que fue considerado dentro del mismo género en los 40's y 60's.

Rango temporal: Pleistoceno "medio", dentro de la edad de mamíferos terrestres norteamericanos del Irvingtoniano, que va de hace 1.35 Ma a 160,000 años.

Encontrado en: Nebraska, Estados Unidos. El resto de sitios donde aparece este camélido en realidad son sitios que corresponden a Gigantocamelus spatula.

Conocido a partir de: diversos restos fósiles, principalmente esqueletos parciales, dientes y mandíbulas.

Restauración del aspecto en vida del Titanotylopus nebraskensis, un colosal camélido de más de 3 metros de altura. Obra de Joaquín Eng Ponce, exclusiva para el Blog.

Curiosidades: Titanotylopus nebraskensis fue descrito en 1934 a partir de una mandíbula esbelta y larga, así como varios restos esqueléticos. Este animal fue un camello colosal que era mucho más robusto y pesado que sus parientes cercanos como Gigantocamelus, Megacamelus y Megatylopus, con quien a menudo se le confunde. Tal es la confusión que en muchos sitios (incluyendo Wikipedia) se muestran esqueletos de Gigantocamelus como si fueran de Titanotylopus, específicamente el que se encuentra exhibido en el Museo de Historia Natural del Condado de Los Ángeles. La confusión parte de que en 1965, se consideró a T. nebraskensis y a G. spatula como pertenecientes al mismo género. Sin embargo, existen diferencias notables entre estos camellos, específicamente en las mandíbulas. La de Gigantocamelus es más larga, posee una sínfisis (la región que une ambas mandíbulas en el frente) más larga, pero carece de los característicos pliegues sinfisiales de Titanotylopus. Además, Titanotylopus carece de premolar primero y posee una sínfisis más corta, pero la unión sinfiseal se prolonga hasta casi llegar a los premolares. Estas características eran consideradas como meros signos de variación sexual, pero la clave está en los incisivos y caninos. Los de Gigantocamelus son mucho más cortos y forman un arco continuo, mientras que los de Titanotylopus eran más largos y se asemejaban más a los camellos actuales. Este titán vivió durante una época en la que América del Norte estaba en transición de zonas abiertas a zonas un poco más templadas, en la antesala de las glaciaciones que caracterizaron el Pleistoceno. Cabe destacar que se trata del camélido más grande conocido, por peso ya que, no es el más alto que haya existido.

*Descripción original: Barbour, E. H., & Schultz, C. B. (1934). A New Giant Camel: Titanotylopus nebraskensis, Gen. et Sp. Nov. University of Nebraska State Museum. 1:291–294.


Literatura adicional consultada:

Hibbard, C. W., & Riggs, E. S. (1949). Upper Pliocene vertebrates from Keefe Canyon, Meade County, Kansas. Geological Society of America Bulletin, 60(5), 829-860.
Webb, S. D. (1965). The osteology of Camelops (No. 1). Los Angeles County Museum.
Breyer, J. (1974). Examination of selected postcranial elements in Pleistocene camelids. Rocky Mountain Geology, 13(2), 75-85.
Breyer, J. (1976). Titanotylopus (= Gigantocamelus) from the Great Plains Cenozoic. Journal of Paleontology, 783-788.Breyer, J. A. (1983). The biostratigraphic utility of camel metapodials. Journal of Paleontology, 302-307.
Harrison JA. (1985). Giant camels from the Cenozoic of North America. Smithsonian Contributions to Paleobiology. 5-7: 1-29.

viernes, 9 de junio de 2017

¿¡Americanos hace 130,000 años!?

Hace unas semanas se publicó en casi todo medio de comunicación una nota con un titular algo así:

"Todo lo que sabíamos era una mentira, todas las teorías del hombre en América estaban mal"

Y bueno, pues muchos cayeron en los titulares color pollito que hacen referencia a un estudio que propone algo muy interesante que sí que cambiaría lo que sabemos de migraciones humanas, pero que tampoco es algo que nos haga arrojar todos los libros de ciencia por la ventana y prenderles fuego... El artículo científico se publicó este 27 de Abril en la revista Nature bajo el título "Un sitio arqueológico de hace 130,000 años en el sur de California".

Si gustan, pueden ver el video oficial de síntesis (en inglés) ¡incluye un científico escéptico!

Primero los hechos. ¿Qué dice realmente el artículo científico que da a conocer esto?

  1. Encontraron un yacimiento del Pleistoceno con restos fósiles de tres taxones: mastodonte (Mammut americanum), un caballo desconocido pero similar a Equus scotti, un venado del género Odocoileus y finalmente, restos de Canis dirus.
  2. En dicho yacimiento hay rocas grandes anómalas que no parecen naturales al sedimento donde están depositados los restos fósiles.
  3. Asociadas a esas rocas, hay un esqueleto parcial de mastodonte que muestra fracturas en espiral.
  4. Todo esto tiene una edad bastante antigua, estimada en 130,000 años antes del presente.
Hasta aquí todo bien, pero ¿qué significa todo esto en términos coloquiales? Bueno, de forma simple y según los autores del estudio: este sitio representa una zona donde antiguos humanos descuartizaron a un mastodonte.

Una escena similar a esta es la propuesta de este nuevo estudio. Obra de Greg Harlin.

Ok, pero ¿esto qué implica? De ser correcta la interpretación de los científicos que estudiaron estos restos: este hallazgo representa la evidencia más antigua de seres humanos en América. Pero no sólo antigua, ¡antiquísima! Pues la información arqueológica previa sugiere que los humanos ingresaron al continente entre hace 14 y 15 mil años antes del presente. La diferencia de edades es colosal ¡115,000 años! Esta diferencia es tan monstruosa que es como decir que los Homo sapiens arcaicos, antes de dejar África, inventaron la impresión 3D, los teléfonos inteligentes y las sondas espaciales.

Hace 130,000 años existían al menos tres especies bien conocidas en el mundo. Los Homo erectus (izquierda) que llegaron a vivir hasta China; los neandertales (centro) que vivieron en la parte boreal del viejo mundo, casi hasta Mongolia y nuestra especie (derecha) que para esta edad, aún estaba confinada en África.

Estas afirmaciones son muy grandes y como bien decía Carl Sagan: "Afirmaciones extraordinarias requieren siempre de evidencia extraordinaria". ¿Cuál es la evidencia para afirmar que este es un sitio arqueológico antiguo que rompe paradigmas de migración humana? Bueno, básicamente los autores del estudio afirman que:

El mastodonte fue trabajado por manos humanas que partieron los huesos con herramientas de piedra primitivas, hasta producir fracturas en espiral y podemos ver estas herramientas líticas en el yacimiento.

Esta afirmación tiene sus puntos débiles. Veamos. Se sugiere que las fracturas en espiral sólo se pueden producir por traumatismo producto de seres humanos rompiendo huesos con herramientas líticas. Los autores incluso hicieron experimentos demostrando en efecto que, se puede fracturar un hueso en espiral con este tipo de acciones. Vean ustedes mismos.


Video de experimentos de fractura en huesos de elefante. Original de Holen et al. (2017).

Si bien es cierto que este tipo de fractura se forma de manera habitual cuando los restos son trabajados por humanos, no son la única forma en la que se producen estas fracturas en espiral.

Huesos de Bison antiquus fracturados en espiral, producto de actividad humana. Izquierda: tibia y astrágalo. En medio: radio, ulna y porción articular distal del húmero. Derecha: acercamiento a la diáfisis del radio. Tomado de Kenady et al. (2011).

Resulta curioso que los autores ignoraran un importante trabajo publicado por Gary Haynes sobre huesos de elefante africano en depósitos naturales de cadáveres. Pues este estudio le da un tiro a la sugerencia de que los huesos fracturados en espiral son indicación de interferencia humana. En Shakwanki Seeps (Parque Nacional Hwange, Zimbabue) existía un cementerio natural de elefantes que mostraba hasta un 62% de huesos con fracturas en espiral, todas ellas producidas de manera natural y no por actividad humana.

Región distal de fémur de elefante, fracturado en espiral de forma natural. Tomado de Haynes (1988).

Con las manos en la cintura podemos entonces rechazar la hipótesis que sugiere como único agente de las fracturas en espiral el trabajo humano. Pero hay otros aspectos "tenebrosos" en el artículo. Por ejemplo, están las rocas que presuntamente fueron usadas como herramienta por los humanos para partir los huesos (que ya quedamos que no queda del todo claro que se hayan roto por esa causa). Dichas rocas son muy grandes y son anómalas al sedimento. Es decir, son muy grandes como para que la corriente de agua que depositó el sedimento, haya depositado también ¡menudos pedrones! Eso suena razonable para casi cualquiera, a no ser que estudies fósiles, estratigrafía y tafonomía.

Figura que aparece como suplemento en Holen et al. (2017), donde podemos ver algunos de los grandes clastos (el nombre técnico de las piedras estas) con presuntas marcas de impacto.

Para los criticones envidiosos sin quehacer escépticos como su servidor, la naturaleza de las rocas en el sedimento fino no son evidencia suficiente, pues no se trata de herramientas líticas en forma. Veamos por ejemplo un yacimiento mexicano de hace aproximadamente 13,900 años antes del presente, con restos de un Cuvieronius hyodon (un gonfoterio para los amigos) que fue consumido por humanos y probablemente cazado. Ahí, en "el fin del mundo" (así se llama el yacimiento) los elementos líticos son clarísimos como el agua, veamos:

Elementos líticos encontrados en asociación directa con un gonfoterio en el fin del mundo, Sonora. Acá no sólo vemos puntas de flecha clarísimas (especialmente la C), sino además, hueso tallado (figura G). Tomado de Sanchez et al. (2014).

Compare eso con la figura que presentan los autores del presunto mastodonte carniceado por humanos hace 130,000 años. Ok, ok... Cualquiera con sentido común me dirá "pero pequeño, no es lo mismo la tecnología lítica de hace 130,000 años que la de hace 13,900" y yo le diré "cierto, cierto... Pero hay que tener en cuenta que las herramientas líticas, por más viejas que sean -incluyendo las más antiguas conocidas, de hace 3.3 millones de años- tienen caras donde la roca fue trabajada". ¿Cumplen las rocas del estudio de Holen et al. (2017) este punto? No. Entonces ¿cómo saben que eran herramientas? Pues los autores se basan en las supuestas partes donde la roca fue fracturada al ser usada como martillo. Pero el detalle es que esas marcas de presunto uso pueden haber sido generadas de muchas formas, incluso rodando y chocando con otras rocas.

Una de las rocas con las que presuntamente se produjeron las fracturas en espiral al mastodonte. Tomada de Holen et al. (2017).

Otro argumento usado para validar que estas rocas son herramientas y no simples pedruzcos naturales es que "no hay forma que en sedimentos tan finos se presenten estas rocas tan grandes". ¿Será? Yo tengo algunas objeciones. La primera es que, no necesariamente es cierto que la corriente era débil. El lecho E, donde están depositados los fósiles contiene valores de entre >60% a >25% de arena y en mucho menor medida, limo. Esto indica que la corriente que depositó el sedimento no era tan débil como proponen los autores. Una corriente débil deposita principalmente arcillas y en menor medida, limos, pero no arenas.

El arenoso/limoso lecho E es donde se encuentran los fósiles de mastodonte y las rocas grandes que supuestamente son herramientas. Tomado de Holen et al. (2017).

Mi segunda objeción es que los clastos grandes no son antinaturales, demoniacos y su única explicación es haber sido puestos ahí por humanos. Entre muchos fenómenos existe uno denominado flujo gravitatorio, mediante el cual se depositan rocas "ajenas" en un sedimento fino. De los distintos flujos gravitatorios que hay, la simple caída y rodamiento explicaría la presencia de estas presuntas herramientas. Y esto tiene muchísimo sentido, si se considera que las rocas ¡son redondeadas! y la cantidad de energía necesaria para moverlas es muchísimo menor que la necesaria para rocas angulosas e irregulares.

Diferentes flujos gravitatorios. La caída es el que explicaría fácilmente la presencia de rocas grandes y redonditas en el lecho D, donde están los fósiles. Figura tomada de Miralles (2010).

Si aún parece que la única opción es que las rocas hayan llegado transportadas por humanos... Consideremos esto: los restos de vertebrados no llegaron por obra de magia. Fueron transportados y su comportamiento al hacerlo es el mismo que el de una roca. ¿No me creen? Es normal, pero pensemos un poco... Si los restos de los bichos no sufrieran ningún tipo de arrastre ¿qué pasaría?... Exacto. Estarían los esqueletos completos o casi completos. ¿Es este el caso? Ni de cerca. Veamos al mastodonte primero.

Diagrama de los restos de la excavación del mastodonte. Tomado de Holen et al. (2017).

Los restos del mastodonte están dispersos y muy fragmentados. Además, presentan direccionalidad. Estas características sugieren un depósito por corriente y no un sitio de carniceo como sugieren los autores del estudio. Preste particular atención estimado lector a la cantidad de pequeños fragmentos y a la ausencia de partes más o menos completas. Y si esto no fuera suficiente, nos muestran también el esquema de excavación del lobo, caballo y venado que encontraron en el mismo yacimiento. Veamos:

Mapa de excavación de Equus cf. E. scotti. Note la direccionalidad marcadísima de los restos. Evidencia de arrastre en dirección. Tomado de Holen et al. (2017).

Y ahora, el mapa de excavación de Canis dirus y Odocoileus sp. También con marcada direccionalidad. El venado aparece sólo en los cuadros H8 y H9. Tomado de Holen et al. (2017).

¿Qué podemos observar viendo los mapas de excavación de los tres animales? Lo mismo: 1) son restos fragmentarios, 2) son restos arrastrados por una corriente con dirección y 3) a pesar de las diferencias de tamaño, todos muestran el mismo patrón. ¿Entonces? Los restos no muestran un patrón de carroñeo o caza, sino uno de arrastre y acumulación natural. Alguien podría argumentar que sólo en el mastodonte aparecen rocas, por lo que son evidencia de haber sido llevadas. Pero a eso 1) en los esquemas del caballo y lobo no ponen rocas, sólo los huesos (las rocas se omitieron a propósito, si es que hay) y 2) los restos del mastodonte no son precisamente ligeras plumitas y fueron transportados y depositados allí, por lo que las rocas ya no suenan tan "fuera del sedimento".

Restos de mastodonte acompañados de rocas. Tomado de Holen et al. (2017).

Y aún hay más que podemos usar del caballo, lobo y venado para argumentar. Por ejemplo. El mastodonte procede de la capa E, pero los otros taxones vienen de la capa C. Y no sólo eso. Examinando por ejemplo la defensa del mastodonte, se puede apreciar que ésta inicia en la capa E (donde se depositó originalmente), pero atraviesa la capa D (de arenas medias) e ingresa a la capa C. Ahora, las defensas no atraviesan sedimentos por arte de magia y definitivamente no atravesaría la capa de arena a no ser que la energía de la corriente que la depositó fuera bastante fuerte (que es lo que llevo diciendo desde hace varios párrafos). La explicación alternativa (que siempre hay) es que la defensa fuera martillada en el suelo... Pero no hay evidencia de ello y sinceramente, suena descabellado.

A la izquierda, un perfil estratigráfico de dónde se encontró la defensa y las capas de roca sedimentaria que atraviesa. En la capa C coloqué las siluetas de la fauna asociada (siluetas de PhyloPic.org). A la derecha, foto de la sección transversal de la defensa, tal y como fue encontrada. Tomado de Holen et al. (2017).

Además de estas observaciones, existen discrepancias de fechas obtenidas del mismo sedimento. Por ejemplo, de la capa E, donde está el mastodonte, se obtuvo por luminiscencia óptica estimulada (en 2008), una edad de entre 72,000 y 78,000 años antes del presente, pero para el año siguiente (y por el mismo método) se obtuvieron edades de entre 38,000 y 70,000 años. Pasamos de una variación de edad de ¡6,000 años a una de 32,000 años! Pero aún hay más. El método de series de uranio torio de fechamiento proporciona edades también un tanto desviadas. Del mismo ejemplar (que se supone es un único individuo) se obtienen edades de entre ¡152,900 y 100,500 años! Tan "sólo" un rango de error de 52,400 años.


Sin embargo, todo esto no quiere decir que el estudio esté mal... Sólo que hay detalles que la prensa no te dirá (porque no saben cómo interpretar evidencia fósil, sedimentológica y estratigráfica).

En síntesis:

1) Las fracturas en espiral no son concluyentes para atribuirlas a actividad humana.
2) Los líticos son demasiado ambiguos como para representar evidencia humana.
3) La sedimentología del sitio indica arrastre.
4) La tafonomía indica depósito por corrientes moderadas a fuertes.
5) Los taxones son demasiado ambiguos como para asignar una edad de 130,000 años.
6) Los fechamientos proporcionan edades contradictorias sugerentes de contaminación.

En conclusión:

La evidencia de actividad humana sobre el mastodonte es bastante ambigua, por lo que ejercer la cautela sería la mejor opción. Si bien, el yacimiento revela una edad antigua, de un máximo de 152,000 años AP y un mínimo de 38,000 años AP, la edad no es fácilmente asignable y la fecha de 130,000 como promedio es cuestionable. No podemos descartar tajantemente que todas estas evidencias representen realmente evidencia de humanos en América durante el Pleistoceno medio, pero esto no cambia todo lo que sabemos, sólo nos muestra que una invasión fallida temprana ocurrió mucho antes de lo pensado. El resto de la prehistoria americana deducida por los restos fósiles y arqueológicos, así como por evidencia genética no queda en la basura, sino que es la historia más completa y no ambigua que tenemos a la fecha. Este nuevo aporte es más bien una sugerencia tentadora, pero no contundente de la historia temprana de la humanidad en América. Seamos un poco más críticos con lo que leemos.

Hasta la próxima estimados lectores.


Literatura consultada:



A manera de epílogo debo decir que en toda América del Norte no hay más que un solo sitio que tiene evidencias ambiguas de humanos tempranos en el continente: Chapala, Jalisco, México. Resulta que el Ingeniero e investigador Federico Adolfo Solórzano Barreto presentó con ayuda de otros colegas, una calota de este sitio. ¿Que tenía de especial? Poquito... Que era anatómicamente similar a Homo erectus. Si bien Solórzano y colaboradores no aseveran que la calota pertenece a esta especie, o que procede de sedimentos de hace 130,000 años o más de antigüedad, sí que demuestran que tenía una morfología inusual. Una réplica de la pieza se encuentra bajo exhibición en el Museo de Paleontología de Guadalajara, Jalisco. Este resto es INCREÍBLEMENTE sugerente y excita la imaginación a niveles desproporcionados. ¿Será que este cráneo raro sea realmente un H. erectus? Y de ser cierto, ¿tendrá algo que ver con el hallazgo de Holen y colaboradores?

Réplica de la calota que estudiaron Solórzano y colaboradores. El texto en la ficha vale bastante la pena. También vale la pena comparar este fragmento de cráneo
Fotografía de un servidor. 


Homenaje al Ing. Federico Adolfo Solórzano Barreto