domingo, 3 de octubre de 2021

El alga que resultó tiburón

Como recién le conté a mis alumnos de paleontología, la identificación de material fósil no es un asunto de programas o de claves dicotómicas, sino de experiencia y de comparación meticulosa. Sin embargo, no siempre se identifica correctamente un fósil y hace falta que alguien más llegue con una visión nueva a corregir identificaciones incorrectas.

Si bien, existen guías de identificación, estas son muy, pero muy generales y llegan a grupos muy amplios o especies muy bien conocidas.

Esto desde luego, no debe sorprendernos. De hecho, los paleontólogos hacemos esto de forma regular. Y esto es muy bueno, pues así avanzamos hacia un mejor y más completo conocimiento científico. En este sentido, en 2018 se publicó un artículo haciendo, precisamente eso: identificar correctamente un fósil mal identificado en el pasado. El pobrecillo fue el denominado Platylithophycus cretaceus.

Holotipo de P. cretaceus (UNSM IP 16868). Tomado de Bronson y Maisey (2021).

Este organismo había sido identificado originalmente como un alga calcárea y posteriormente, como una "pluma" de calamar. Las plumas de calamar son estructuras internas y vestigios de la concha de estos cefalópodos.

Calamar disectado, con pluma a la derecha (la estructura translúcida).

Sin embargo, resultó ser parte del aparato branquial de un condrictio y posiblemente, un tiburón. Aunque, por la falta de más restos, como los dientes que resultan ser de gran importancia taxonómica, estos restos no se pueden asignar a un grupo de tiburones concreto.



Pero ¿por qué es importante esto? Pues porque este fósil no es único y muchos de sus ejemplares eran usados como material destinado para la docencia, ya que se pensaba eran fósiles sin gran importancia (y es que, uno suele usar fósiles que sabe no son únicos, ya que hay estudiantes que pueden romperlos por accidente, como me sucedió con una benetita del Jurásico). Y además, se tiene la leyenda de que un estudiante sugirió esta novedosa idea, pero no hay registro escrito de ello, por lo que queda como un paleomito bastante interesante.

Para la docencia básica, recomiendo emplear fósiles convencionales e incluso, comerciales. Foto de la NSTA.

Y bueno ¿cómo se dieron cuenta de que era un tiburón? Pues al analizar el tejido, este resultó tener la clásica forma de panal que presentan los cartílagos de tiburones extintos y modernos. A esta estructura se la llama tejido teselado, en referencia a la técnica de mosaico griego de colocar pequeñas piezas coloridas para formar el dibujo del mismo.

1) Tejido teselado de Platylithophycus. 2) Tejido del extinto Libanopristis. 3) Tejido del género moderno Rhizoprionodon, conocidos como tiburones o cazones picudos. Tomado de Bronson y Maisey (2021).

Platylithophycus se conoce únicamente de la Formación Niobrara, localizada en Nebraska, Estados Unidos y que data del Cretácico Tardío (Coniaciano a Campaniano). Y si bien, algunos artistas han asociado espuriamente a este género de tiburón con el ilegalmente extraído tiburón águila de México, no hay NADA que asocie a estos escualos.


Calizas de la Formación Niobrara. Fotografía de James St. Jones.

La historia de Platylithophycus es una que debería ser usada junto con otras para ejemplificar la importancia de no dar por hecho todo en paleontología y que los misterios sí que pueden desembocar en algo importante.

Fuente:
Bronson, A., & Maisey, J. (2018). Resolving the identity of Platylithophycus, an enigmatic fossil from the Niobrara Chalk (Upper Cretaceous, Coniacian–Campanian). Journal of Paleontology, 92(4), 743-750. doi:10.1017/jpa.2018.14

sábado, 25 de septiembre de 2021

La importancia del género Anhanguera en la etimología

El día de hoy, siendo ya noche y leyendo sobre pterosaurios me asaltó un nombre de forma súbita... Fue originalmente el de la familia Anhangueridae, pero decidí darle más relevancia al género que da nombre a la familia: Anhanguera.

Esqueleto de Anhanguera.

Si no estamos familiarizados con la pronunciación de nombres científicos podríamos pensar que estos se pronuncian como se leen en nuestra lengua (español en este caso). O quizá, que están en el lenguaje de la ciencia: el inglés... Pero en ambos casos estaremos en un error.

Los nombres científicos se pronuncian en latín... Pero ¿por qué? Bueno, primero que nada, porque era una tradición entre los naturalistas de siglo XVIII (y un poco antes) el escribir en una lengua muerta para mantener la estabilidad del lenguaje. Después de todo, una lengua muerta no puede cambiar... ¿O sí? Pues esos naturalistas estaban en un error. Pero, vayamos por partes.

Resulta de el lenguaje de los nombres científicos fue el latín, pero ¿qué latín? Pues hay varios. Los naturalistas decidieron seguir el trabajo del erudito, filólogo y lingüista Erasmo de Róterdam quien, en 1528 inició un movimiento de "restauración" de dos lenguas muertas: el latín y el griego. Pero ¡un momento! El latín lo hablaban los curas (latín eclesiástico) y el griego, pues tenía una nación entera de hablantes. ¿De qué me estás hablando Palaeos? Ah, pues de que el latín y griego que Erasmo trató de restaurar no fue el vivo, sino sus formas extintas: el latín de la antigua Roma y el griego de Atenas.

Erasmo de Róterdam.

Es con estos dos ideales de lenguas muertas restituidas con los que la ciencia iniciaría la tradición de pronunciación. Hoy, podemos ver el trabajo de Erasmo "culminado" en el latín que se enseña en los institutos seculares: el latín culto (también llamado latín clásico o de forma despectiva por algunos, como el "restituto", por su nombre alternativo de pronuntiatio restituta). Los que se inscriben a latín son engañados, pues les dicen que este es el latín científico... Lo era... En 1758, cuando Linneo publicó la décima edición de su "Sistema Natural" y los botánicos dominaban el mundo... Pero algo pasó durante la época victoriana, un algo que cambió para siempre la forma de pronunciar latín científico.

Carl Von Linné, o Carlos Linneo, para los cuates.

Durante este tiempo el latín culto se comenzó a mezclar con el latín eclesiástico, pues lo enseñaban principalmente naturalistas que, eran formados por clérigos, principalmente protestantes. Y fue en Inglaterra donde esos protestantes, de la rama de los anglicanos (aquellos que, por ejemplo, formaron a Charles Darwin) añadieron a la pronunciación algunos de los "vicios" del inglés. Vicios que se volverían inseparables gracias a la exportación de la pronunciación científica a los Estados Unidos de América.

El Colegio de Cristo, el lugar donde estudió Darwin y donde le formaron en este latín anglicano para la ciencia.

Gracias a ello, el latín científico dejó de ser erasmiano, se adornó con cirios y cánticos anglicanos y acabó siendo lo que es hoy. Pero ¿cómo podemos estar seguros de eso? Aparte de que esto está documentado en la literatura (e.g. Chandler, 1889), podemos usar los mismos "trucos" que usó Erasmo de Róterdam -y otros filólogos- para buscar entre los nombres la pronunciación más probable.

Y así regresamos al género Anhanguera. Si los pseudoeruditos que defienden un arcaicismo de siglo XVIII están en lo cierto y la pronunciación latina científica es en efecto, erasmiana o "restituta", entonces el género Anhanguera debería pronunciarse más o menos como "an-jan-güe-ra". Sin embargo, así NO se pronuncia este género, sino que se pronuncia "a-ñan-gue-ra" ("gue" como en la palabra española "guerra"). La pronunciación de la h es completamente distinta. Cambia de una "j" a una "ñ".  Y la "gue" que debería ser "güe" en latín clásico y latín eclesiástico, cambia por una "gue" más parecida a la pronunciación inglesa (como en la palabra "tongue", que nunca es "tongüe"). Algo que sólo ocurre en el latín científico moderno (esa mezcla de latín eclesiástico protestante e inglés).

Pero esto no ha acabado si no hacemos una prueba de doble ciego, pues Anhanguera fue nombrado en 1985, cuando la pronunciación latina ya se había "pervertido" a lo que tenemos hoy. Necesitamos por ende, algo que venga directo del siglo XVIII y que se haya pronunciado de una forma en ese tiempo, pero que hoy, haya sido completamente cambiado. Y no hay mejor ejemplo que nosotros mismos... Sí, literalmente. Nuestro nombre científico es la prueba de este cambio. En latín restituto Homo sapiens (nombrado por Linneo en 1758) debería pronunciarse como "jo-mo sa-pi-ens". Y hoy, NADIE lo pronuncia como "jomo", sino con una h muda: "o-mo".

Homo sapiens pintados por otros Homo sapiens en la tumba del faraón Seti I.

Y por si las dudas queremos más evidencias del cambio y de la "infección" latina eclesiástica, podemos recurrir a las vicuñas. Su nombre científico se escribe: Lama vicugna y fue nombrado en 1782 por el jesuita español y naturalista, Juan Ignacio Molina. Este nombre tenía la intención de, como con Anhanguera, emular nombre del animal en el idioma local (siendo el portugués para el pterosaurio). De tal forma que Lama vicugna tenía la intención de pronunciarse como "la-ma vi-cu-ña". La grafía "gn" se pronuncia como la "ñ" española, pero sólo en latín eclesiástico español. Y este latín NO fue el que permeó a la ciencia, sino el anglicano. Por ello, ni en la actualidad, ni en el latín culto se pronuncia "la-ma vi-cu-ña", siempre es: "la-ma vi-cu-gna". De forma similar tenemos nombres como Gnatostomata y Compsognathus que NO son ni "ñatostomata", ni "compsogñatus".

Una vicuña. (CC) papermaker.

Así pues, recordemos que el latín que se usa actualmente en la pronunciación científica es un "Frankenstein" (sí, sé que es el nombre del doctor, no del monstruo) de latín eclesiástico anglicano e inglés. ¿Aún dudan? Pues tenemos el diptongo "ae" que en latín restituto se pronuncia leyendo ambas letras, pero las familias biológicas nunca son "Ca-ni-da-e", sino "Ca-ni-de". Y por si las dudas estaban pensando en invadir el seminario local y estudiar con los sacerdotes ¡No lo hagan! El latín eclesiástico tampoco sirve mucho. Pues nos meterá en la cabeza (como a muchísimos botánicos que tomaron esta nefaria ruta) que la grafía "ti" antes de vocal, como en "Prōnuntiātiō", se debería pronuncia como "ci", llegando al insulto máximo para un amante del latín culto al pronunciar su pronunciación (valga la redundancia) como "pro-nun-cia-cio res-ti-tu-ta", cuando para ellos es como se lee: "pro-nun-tia-tio". De tal forma que las "desinfografías" que circulan "el feis" con sus diseños muy bonitos y coloridos están MAL al afirmar que el epíteto de la cactácea Lepismium houlletianum debería pronunciarse como "ho-ul-le-cia-num". No, su pronunciación NO es eclesiástica, es inglesa, como "ti".

En fin. Si resulta mucho que digerir de un sólo post. No hay problema. Para eso tengo la información en partes.

Primero, el contexto histórico de la pronunciación científica y una breve introducción en el episodio del podcast "¿Cómo se pronuncian los nombres científicos?".

Y segundo, las principales reglas de pronunciación en el video "¿Cómo se pronuncian los nombres científicos? Guía rápida".

Espero que este post y tanto el podcast como el canal ayuden a tu pronunciación de los nombres científicos. Hasta la próxima.


domingo, 29 de agosto de 2021

¿Realmente cambian el diseño de Spínosaurus?

 Este tema se desprende de un par de líneas escritas por uno de nuestros lectores y me pareció muy importante retomarlas, pues estaba en lo cierto COMPLETAMENTE. Verán. Cuando se describió a Spinosaurus aegyptiacus (desde ahora sólo Spinosaurus), en 1915, a nadie le importó mucho que digamos. Parte de eso tiene que ver con lo incompleto de los restos fósiles originales de la bestia, que aunque tremendamente inusuales, poco llamaron la atención de la emergente dinosaurología que estaba descubriendo saurios en otros lados.

Holotipo de Spinosaurus presentado por Stromer en 1915.

Luego del infame bombardeo de 1944 en el que los restos se perdieran para siempre, poco interés adicional generó este animal. Luego del renacimiento de los dinosaurios, cementada de la mano de Robert T. Bakker y su obra "The Dinosaur Heresies" (Las herejías de los dinosaurios), se comenzó a gestar un pequeño interés por dinosaurios poco conocidos. Y Spinosaurus aparecía a veces por aquí a veces por allá en uno que otro libro, siempre representado de forma... Curiosa.

Representación caduca de Spinosaurus. Arte de John Sibbick.

Pasa el tiempo y Paul C. Sereno et al. descubren y publican a Suchomimus tenerensis en 1998. Y sólo entonces Spinosaurus vuelve al ojo paleontológico; aunque debió volver con Baryonyx walkeri descrito en 1986. Y hablando de Baryonyx, este dinosaurio fue el responsable indirecto de hacer "famoso" a Spinosaurus.

Esqueleto de Baryonyx. Fotografía de (CC) Kumiko.

Resulta que para cuando se estaba escribiendo el guion para Parque Jurásico 3, no quedaba claro cuál sería el antagonista. Después de todo, no quedaban muchos dinosaurios que fueran tan grandes como un T. rex. Y hay que tener en cuenta que por alguna razón se ignoró a Giganotosaurus carolinii, que fue publicado en 1995 como más grande que un T. rex. Quizá se deba a un anglocentrismo desmedido o fuera pura casualidad.

Esqueleto de Giganotosaurus. Foto de (CC) Jonathan Chen.

La cosa es que, al final, la versión preliminar del guion consideró a Baryonyx como el antagonista. Pero era más pequeño que un T. rex. ¿Cómo iba a ser el antagonista? Pues con la magia de la genética lo iban a lograr. Incluso, los primeros promocionales y logo de la película tenían a este género de dinosaurio como  el principal. Luego, alguien de producción fue informado que ya existía un tipo de Baryonyx más grande en la realidad y además ¡Tenía vela! Y fue entonces que el Spinosaurus real se iría al carajo y surgiría la bestia mitológica del cine.

Logo original de JP3 donde aparece el Baryonyx gigante que sería el antagonista.

La cosa es que luego de la película de 2001, la imagen cimentada en el imaginario popular era la del monstruo del cine. Esos improntados que gustan desdeñar la ciencia cada que esta "atenta" contra lo que perciben como "aterrador y genial", son precisamente los que dicen "a cada rato cambian el diseño de espinosaurus" y suelen añadir "lo echan a perder, ya no da miedo". Y prestemos atención a la afirmación en negritas...


Spinosaurus de JP3.

¿Realmente es cierto eso que dicen? Pues simplemente, no. Los dinosaurios, a diferencia de Superman o Ironman, no son personajes ficticios y no tienen un diseño. Por ende, no existe un diseño qué cambiar. Y esto que claman del cambio de diseño, revela lo que realmente piensan de los dinosaurios. Pues los ven como héroes de su infancia y no, como animales reales que alguna vez existieron.

Esto NO es un diseño, es una hipótesis de reconstrucción del aspecto en vida de S. aegyptiacus. Arte de (CC) Mario Lanzas.

Precisamente esta idea nociva hace que se rechace la nueva información que aporta la paleontología al aspecto reconstruido de los dinosaurios. Note la importancia de ASPECTO RECONSTRUIDO, pues este es una hipótesis CIENTÍFICA generada con horquillado filogenético, que es una metodología de reconstrucción de criaturas extintas. O sea: la ciencia no es Marvel, DC o Universal Studios para andar haciendo "diseños de personaje". La ciencia postula hipótesis de reconstrucción, que se ven sustituidas y mejoradas a partir de nueva información y NO, de los gustos de la gente.

Estos sí son diseños de personaje.

Es por ello que, cuando leo el clásico comentario de "a cada rato cambian el diseño de espinosaurus" (aderezado con el chiste ultragastado de Freezer), lo ignoro, pues revela que quien lo escribe, no ve a los dinosaurios como animales, sino como héroes. Y casi siempre, a estos entes no les interesa la ciencia que no haga a los dinosaurios más sanguinarios y "cool" en su cabeza. Y es EXTREMADAMENTE RARO encontrarse con alguien que sabe diferenciar a los dinosaurios reales (los animales que vivieron y que estudia la paleontología) de los monstruos del cine o videojuegos, pero de que existen estos rara avis, existen. A estos últimos, todo mi respeto, hacen algo que muy pocos pueden: separar realidad de ficción.

Estas imágenes no sólo están erradas, sino que son terriblemente engañosas. Equiparan un diseño de cine con una hipótesis de reconstrucción científica. Mucho ojo con estas imágenes falaces. Imagen de © air87art.

Así que ahora lo sabe estimado lector. No, la ciencia no cambia el diseño de nada, pues no se trata de personajes, sino de criaturas pretéritas reales. Lo que la ciencia hace es proponer nuevas hipótesis de reconstrucción del aspecto en vida. Diseños, ni que ocho cuartos...


viernes, 25 de junio de 2021

¿Está sobrevalorado el T. rex?

Uf, tiempo sin escribir. Pero ya me harté de estar revisando bibliotecas de efectos, así que decidí escribir algunas líneas. Bueno, hoy por la mañana, mientras mi friki ser se disponía a ver Pokémon, me llegó un mensaje. Este estaba acompañado de capturas de pantalla de un rant infantil sobre dinosaurios y ataques personales sosos. Pero eso me llevó al post original para "investigar" ¿Qué había causado todo? Ah, pues resultaba que se discutía acaloradamente de si Tyrannosaurus rex estaba "sobrevalorado" o no.


En lo que restó del día me hice la pregunta en la cabeza y me puse a pensar sobre las razones para decir eso. Y luego de meditar mucho he llegado a una conclusión... Rara conclusión, a decir verdad. La respuesta corta es: NO. Pero procedo a explicarme.

Cuando mi yo científico que estudió por 12 años para ejercer de forma profesional la paleontología escucha "sobrevalorado", se me funde algo en el cerebro. ¿Cómo podía una especie fósil estar sobrevalorada? Porque, para que algo esté SOBREvalorado, primero tiene que estar valorado. Pero ¿de dónde viene este valor? Científicamente hablando, Tyrannosaurus rex es una especie extinta cuyo valor radica en fungir como modelo para entender diferentes aspectos de la paleobiología de los dinosaurios, desde histología a biomecánica. Pero fuera de eso, no es algo muy excepcional que digamos. No responde grandes misterios fósiles que son más importantes, como la razón de la explosión cámbrica o el origen de nuestro linaje... Pero si es así ¿por qué hay tantos artículos de esta criatura?

Escena cámbrica por John Sibbick.

La respuesta tiene dos factores. Por un lado, hay MUCHOS ejemplares de T. rex, si los comparamos contra ejemplares conocidos de otros grandes terópodos, como Spinosaurus aegyptiacus o Giganotosaurus carolinii. El que existan tantos ejemplares permite hacer MUCHOS más estudios y aprender más de esta especie. Por otro lado, este saurio funge como una especie carismática.

Pequeña muestra de los ejemplares conocidos de T. rex. Orba de Asuma17.

Este concepto surgió originalmente dentro de la biología de la conservación para resaltar a aquellas especies que por sus características, tienden a resultarnos atractivas. Ejemplos de especies carismáticas las encontramos en los elefantes o los tigres. Unos por enormes, inteligentes y sociales, los otros por su misticismo y nuestro miedo/respeto por los depredadores. Como sea, T. rex es uno de estos bichos, pero en paleo. Es carismático. Nos atrae. Y como los científicos son humanos, les atrae mucho publicar un paper de cualquier aspecto de T. rex, como el más reciente de su estratificación ecológica y ontogenética (si quieres escucharme explicar en detalle este estudio, te recomiendo suscribirte al Patreon).

Ontogenia de T. rex resumida. Tomado de Carr (2020) y de este post.

El "problema" de que una especie sea carismática es que se tiende a desvirtuar su naturaleza. En el caso de esta especie, es común leer y escuchar sobre "EL tiranosaurio"... Desde ya, eso me causa algo de gracia, pues no había UN tiranosaurio, era una especie con miles o millones de individuos de los que sólo unos cuantos han llegado a nosotros como fósiles. Y me causa gracia porque eso de "EL" revela la mitificación de la que es sujeto la especie. Ipso facto, se ha convertido en UNO. Y esta condición no es diferente de la que tenemos por figuras religiosas o mitológicas. Y es que, no hay un Zeus, hubo muchos. No hay un Spiderman, hay muchos. Y no hablo de Peter, Miles o los demás del multiverso arácnido, sino que me refiero a que cada escritor da vida a un spiderman distinto.


Y eso hemos hecho con T. rex. Hemos transformado una especie animal extinta en una celebridad. Pero ¿tiene eso algo de malo? Si se sabe distinguir fantasía de realidad, no. Pero he ahí el problema. Muchos NO LO HACEN. Y en este grupo están los que dicen "El T-Rex está sobrevalorado". Cuando uno lee sus argumentos, éstos giran en torno a tres cosas:

1. Su capacidad de vencer a terópodos u otros animales con los que no coexistió o con los que no tenemos ninguna evidencia de que haya "luchado".
2. Su dieta. Si se le considera un cazador, está automáticamente "sobrevalorado".
3. Su presencia mediática.

Vayamos por puntos. En el punto 1 DEBO decir lo evidente. Eso es simplemente absurdo. Y me sumo a Stan Lee para decir que: "ganará el que el ESCRITOR de la ficción desee que gane". No hay otra respuesta. Y es que, la razón es simple: la gladiadorización de las especies extintas NO es una hipótesis científica, pues no es falsable. Culpo directamente a Discovery Channel y su show "Animal Face-Off" (duelo animal) y a JP3 por implantar esta soberana... Idea. En la mente de miles. Los animales no eran gladiadores, eran eso, animales. Unos agresivos, otros no tanto, pero desconocemos mucho de cómo o por qué llegarían a antagonizarse. Con T. rex, existe evidencia (no libre de debate) de que estos animales consumían a otros de su especie (y a otras especies). Pero esto no es raro entre depredadores.

Por cochinadas como esta, dejamos de tener documentales bonitos y se comenzaron a enfocar en fantasías (cof cof sirenas coooof).

En el punto 2, bueno... Para empezar, la idea de Horner de que T. rex era enteramente carroñero, no es, ni ha sido puesta a prueba. Por ello es que, apenas y se la puede considerar una hipótesis científica. Ya que, si no se puede poner a prueba (falsar), no es ciencia. Y es que, Horner suele afirmar cosas sin respaldarlas con evidencias fuertes y también suele prometer dinopollos que nunca llegarán. Pero ¿por qué hace esto? Simple: son ardides publicitarios para atraer inversión. Y es que, su museo es privado y no vive de los comentarios de los niños rata, sino de inversores. Y un inversor no va a inyectar dinero a un proyecto o ideas mainstream, no. Quieren "más dientes"... La realidad es que, existe evidencia de que T. rex atacó presas vivas. O sea: que era un depredador. Y ojo aquí, TODOS los depredadores, dadas las circunstancias adecuadas (como estar pasando hambre y toparse un cadáver) consumirán carroña. De nuevo, no es nada nuevo, ni revolucionario. Y esa falsa dicotomía de cazador vs carroñero, es simplemente eso, una falacia. Pero ¿significa que entonces ya por ser cazador está sobrevalorado? No, es simplemente una deducción de los hábitos de la especie. Eso es algo que hacemos los paleontólogos, tratar de indagar qué comían las especies... Ahora resulta que por haber inferido la dieta del bisonte antiguo, ya lo hice sobrevalorado... Pfff, ridículo.

T. rex comiendo, modelo del Museo Americano de Historia Natural.

Y finalmente, el punto 3. Si el T. rex está sobrerepresentado en los medios es por varias razones. Primero, se conoce desde 1905, mientras que otros terópodos como el giganotosaurio, apenas y se conoce desde 1995. Nada más que 90 años de diferencia. La otra razón es porque la mayoría de los medios que le representan son (como dicen con desprecio los ratasaurios dolidos) "yankis" (y entran al saco los canadienses). ¿Jurassic Park? Gringo. ¿Dinotren? Gringo. ¿Pie pequeño? Gringo. ¿Beast wars, transformers? Gringo. ¿Dinoriders? Gringo. ¿Barney? Gringo. ¿Fantasía? Gringo. ¿Ya se va entendiendo? Y acaso un productor o creador artístico ¿va a arriesgarse con otra especie que no sea el anciano sin derechos de autor ese que TODO el condenado planeta conoce? Difícilmente (pero sí pasa, como con Dinosaurio de Disney). La apuesta segura es y seguirá siendo usar a Tyrannosaurus rex. Y es por esto que en este rubro SÍ ESTÁ SOBREVALORADO. O sobreexplotado diría yo.

FUCK yeah!

Pero de esto último ¿Tienen culpa los paleontólogos? Desde luego que no. Los paleontólogos hacemos papers, escarbamos huesos, hurgamos en microscopios, trabajamos con programas estadísticos o de sistemática... Hacemos todo, MENOS obligar a los productores yankis a usar a SU especie más emblemática. Y a los paleontólogos en general, nos importa un bledo quién gane qué en qué ficción, eso es simplemente ridículo. A nosotros nos preocupa que nos rechacen el paper, que los revisores pidan imposibles o que se acabe el financiamiento. Claro que existe uno que otro paleontólogo que tiene en su interior un niño rata que gusta sacarse la playera y hondear fajos de billetes a su gladiador favorito mientras grita enérgico, pero son los menos. Y en el interior de este paleontólogo, lo único que hay es un niño ratamón que espera a ver cómo Ash pierde y pierde ligas hasta llegar a Hawa... Alola.

Reitero y reiteraré siempre mi aversión hacia los VS. Al final, todos sabemos que gana Bison latifrons.

Como dije ayer en el conversatorio con los creadores de GeoXplora y La mordida del Anomalocaris: "mi dinosaurio favorito es Tyrannosaurus rex". Y lo sostengo. Pero debo aclarar que es mi favorito porque sabemos un montón de la especie a nivel científico, no por ficciones. De hecho, desprecio bastantito la representación que se le da a esta especie en los medios. Simplemente no me gusta su constante representación como gladiador sanguinario. Yo quiero ver al animal como fue hace 66 millones de años, no cómo lo ejecutan productores ansiosos por hacer sus bolsillos más grandes. 

Este es el tirano lagartijo rey que me interesa y no el gladiador seco, calvo y con manos rotas. Arte de Zubin Erik Dutta.

Y bueno. Antes de que me salga un terapeuta de interné, tranquilo señor. Disfruté un montón escribir algo luego de eones de inactividad blogera. Estoy tratando de re-pensar cómo funcionará este espacio, pues con los dos podcasts que tengo, me basta y sobra el trabajo como para aventarme encima más... En fin, suscribíos al canal chavales y no olvideís apoyar a este mendigo en Patreon. Hasta la próxima.


lunes, 26 de octubre de 2020

Cambios a Scelidosaurus harrisoni

Scelidosaurus harrisonii es un dinosaurio tireóforo (del grupo de los dinosaurios armados que incluye a los estegosaurios y los anquilosaurios) que vivió durante el Jurásico Temprano, entre hace 196.5 y 183 millones de años, aproximadamente. Este dinosaurio se ha sostenido por mucho tiempo como un tireóforo basal, es decir, un miembro primitivo del grupo, pero no incluido ni en Stegosauria, ni en Anquilosauria, que son los clados más diversos e importantes de estos dinosaurios.

Scelidosaurus harrisonii por el artista Jack Mayer Wood.

Sin embargo, este año se publicaron un par de estudios que cambian la forma tradicional de ver a este dinosaurio. Ambos fueron escritos por el Dr. David Norman, paleontólogo del Reino Unido experto en estas criaturas. Estos estudios se centran en el ejemplar mejor conocido de la especie, el NHMUK R1111.

Ejemplar NHMUK R1111, tomado de Norman (2020b).

Las conclusiones de estos trabajos son muy amplias, pero trataré de sintetizarlas lo más posible. Tenemos por principio de cuentas, una revisión de su anatomía esquelética que sugiere cambios en la forma de ver el esqueleto del animal. Estos cambios son sutiles pero importantes. El cráneo cambió bastante, es más alto y robusto de lo que inicialmente se había pensado (detallaremos más de éste en un momento más), el cuello no parece haber sido tan largo, la caja torácica era más amplia y sus costillas portaban algunas placas cartilaginosas, como las de algunos dinosaurios elasmarios. Y finalmente, su pelvis era más robusta y con el proceso púbico y el isquion  orientados más hacia abajo.

Comparativa del esqueleto interpretado en 2020 por el Dr. David Norman y abajo la reconstrucción (ahora desactualizada) de Scott Hartman.

El Dr. Norman concluye además que aunque este dinosaurio era principalmente cuadrúpedo, el bipedalismo facultativo no está fuera de las posibilidades, aunque no sería el medio principal de locomoción. Esto se apoya por hallazgos previos de huellas atribuidas a dinosaurios similares. Además, el Dr. Norman sugiere que los juveniles pudieron haber sido bípedos. Lo que hace que Mussaurus ya no sea el único dinosaurio conocido con este cambio de locomoción. Aunque claro, quedaría encontrar juveniles muy tempranos, pues por ahora, esta conclusión reposa bajo el peso de lo estudiado con ejemplares subadultos y adultos.

Reconstrucción del aspecto en vida de Scelidosaurus por el artista John Sibbick.

Vayamos ahora al cráneo. Como dije, éste era más robusto de lo que se pensaba. Poseía un predentario muy reducido (apenas presente) y un rostro corto. En el techo del cráneo se presentaban engrosamientos importantes de los huesos craneales y pasando las órbitas tendríamos un cráneo con una región temporal y occipital anchas y robustas, que albergaban una musculatura nada desdeñable. También destaca bastante la presencia de un par de cuernos occipitales (osteodermos) que eran bastante largos.

Restauración del cráneo de Scelidosaurus. Note los "cuernos" occipitales. Tomado de Norman (2020a).

Y lo más interesante del cráneo es que conserva en su superficie las marcas de dónde se anclaban las escamas de queratina, con lo que se puede reconstruir de forma bastante fiel el cómo lucían estas. Sin incluir su grosor, pues este, es desconocido. Y eso afecta bastante a los osteodermos occipitales. Pero, si se emplea lo conocido en Borealopelta, que es el dinosaurio acorazado mejor conocido y con fundas de queratina de los osteodermos, se puede reconstruir de forma bastante mesurada qué tanto pudieron haberse extendido estos "cuernos".

Reconstrucción del aspecto en vida de las escamas que cubrían la cabeza y osteodermos occipitales de Scelidosaurus. Tomado de Norman (2020a).

Y aunque es tentativo colocarle cuernos de cabra, como el mismo Norman sugiere (pero descarta) en el texto del artículo, la realidad es que la evidencia no apoya esta idea (de nuevo, sugiero visitar el artículo de la descripción de la cobertura queratinosa en los osteodermos de Borealopelta). Eso sí, es divertido imaginar, pero de ahí a que estos cuernos de cabra sean ahora el estándar para los dinosaurios, es otra cosa. Hay que tener cuidado con esas sugerencias que sólo buscan generar impacto para un negocio. Eso, queridos lectores, no es ciencia.

Reconstrucción hipotética de Scelidosaurus por Joschua Knüppe. Note el largo y textura de los "cuernos" así como la glándula(?) en frente del ojo, justo en la zona donde Norman no encontró evidencia clara de una cobertura por escama queratinosa.

Pero volvamos a Scelidosaurus, pues nos espera una última sorpresa importante: su posición filogenética. Dije al inicio de este artículo que era un tireóforo basal. Y eso es porque hasta antes de estas publicaciones, eso es lo que se pensaba. Pero ahora, con un conocimiento más completo de la anatomía de este taxón, se puede volver a probar esta hipótesis. Y eso fue lo que se hizo. ¿Qué sucedió? Pues que después de diferentes análisis, todo apunta a que en realidad, Scelidosaurus harrisonii NO es un tireóforo basal, sino un ¡ANQUILOSAURIO BASAL!

Nuevo esquema de clasificación de los tireóforos con especial énfasis en los anquilosauromorfos, grupo al que posiblemente pertenece Scelidosaurus. Ilustraciones de Satoshi Kawasaki.

En estos trabajos se crea además, el clado "Ankylosauromorpha", definido como aquel que contiene a los dinosaurios más cercanamente relacionados a Euoplocephalus y Edmontonia que a Stegosaurus. En este grupo, Scelidosaurus resulta más avanzado que Scutellosaurus y Emausaurus, ambos también anquilosauromorfos.

Sin duda, todos estos nuevos descubrimiento sacan a Scelidosaurus harrisonii de las "sombras" del olvido y lo colocan en un nuevo punto donde debemos replantearnos su importancia y qué nos dice sobre la diversificación de los tireóforos.


Fuentes:

Norman, D. B. (2020b). Scelidosaurus harrisonii from the Early Jurassic of Dorset, England: postcranial skeleton. Zoological Journal of the Linnean Society, 189(1), 47-157.

domingo, 25 de octubre de 2020

Los Clovis murieron con la megafauna

Los Clovis fueron una cultura humana que habitó en América del Norte hacia el final del Pleistoceno. Esta se caracteriza por la tecnología lítica que produjeron, pues estas herramientas pétreas muestran signos de conocimientos comunes en la elaboración de dichos artefactos.

Cazadores Clovis siendo sorprendidos por un oso. Arte de George Teichmann.

En EUA estos humanos son uno de los tipos de tecnología lítica más estudiado y sin embargo, poco se sabía de la temporalidad exacta de este grupo de humanos. Eso hasta ahora, pues se ha publicado un artículo donde se da cuenta de un proyecto de investigación que por principio de cuentas, se propuso fechar la mayor cantidad de yacimientos con estos antiguos americanos.

Lítica característica de los Clovis. Tomado de O’Brien et al. (2015) Transmission of Cultural Variants in the North American Paleolithic.

Tras analizar con radiocarbono más de 11 sitios arqueológicos y realizar 43 fechamientos exitosos, el rango de los Clovis está entre los ~13,050 a los ~12,750 años calendáricos antes del Presente. Entendiéndose este Presente como el 1 de enero de 1950, con lo que, los últimos Clovis vivieron hace unos 12,820 años antes de hoy (octubre de 2020). Si te haces un lío con esto del "Presente", te dejaré un enlace a uno de nuestros videos para que entiendas mejor de qué va esto.


Ahora bien, gracias a este estudio sabemos que los Clovis vivieron "sólo" 300 años, lo cual puede ser sorpresivamente poco. Pero ojo, que esto no significa que no se puedan descubrir sitios Clovis más antiguos o más recientes. Simplemente es el estado del arte por ahora. Pero lo más curioso es que la desaparición de los Clovis es sincrónica con la de la megafauna de esta parte del mundo, justo durante el micro evento glacial conocido como Dryas reciente.

Cronología de los Clovis. Note cómo la desaparición de esta cultura es sincrónica con la desaparición de la megafauna norteamericana. Tomado de Waters et al. (2020).

¿A qué puede deberse eso? Pues, como sabemos que esta cultura aprovechaba de forma activa a la megafauna, la respuesta puede ser más que evidente: al desaparecer su fuente de alimento principal, también ellos acabaron por extinguirse. Esto es, desde luego, una hipótesis, pero una educada, basada en la observación de la conducta Clovis y las interacciones con la megafauna. Y además, de ser cierta, sería otro punto en contra de la idea de que la megafauna se extinguió porque los humanos la cazaron hasta su completo exterminio. Y cosas como ésta, siempre me alegran el día.

Fuente:

Waters et al. (2020). The age of Clovis—13,050 to 12,750 cal yr B.P.. Science Advances. 6(43), eaaz0455. DOI: 10.1126/sciadv.aaz0455