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jueves, 8 de febrero de 2018

Una mamá muy curiosa

Cuando uno lee acerca de "cuidado parental" en el registro fósil uno imagina vertebrados cuidando a sus crías, dinosaurios empollando a sus huevos u otras estrategias. O bueno, es lo que yo pienso cuando escucho ese binomio. Resulta que recientemente se publicó un nuevo estudio que muestra la primer evidencia de cuidado parental... ¡en cucarachas!

Reconstrucción artística de la cucaracha Piniblattella yixianensis por Dr Chen Wang.

La mayoría de las cucarachas son en realidad buenas madres. Empiezan el cuidado de su progenie desde el huevo, generando una estructura capsular que los mantiene a salvo de infecciones y depredadores. Seguramente has visto alguna de estas estructuras, se denominan ooteca. Sin embargo, cuándo apareció la ooteca y sus variantes de "uso" era un tanto enigmático.

Blatta lateralis poniendo una ooteca. Fotografía de (CC) Happy1892.

Una nueva especie de cucaracha (Piniblattella yixianensis), descrita a partir de fósiles de la formación Yixian, que datan del Cretácico temprano (ca. 126 millones de años) aporta nuevo conocimiento de ootecas fósiles. Pues en Piniblattella yixianensis fue encontrada evidencia de ootecas, pero no cualquier cápsula de huevos, éstas medían entre el 42 y el 62% de la longitud total del adulto, contenían entre 60 y 70 huevos y exhiben evidencias de oviparismo tipo B, que consiste en llevar la cápsula de huevos pegada al cuerpo hasta que eclosionen las ninfas (los bebé cucaracha sin alas). Esta estrategia es típica de cucarachas de las familias Blattidae y Ectobiidae (la familia a la que pertenece P. yixianensis). 

Holotipo (arriba, izquierda) y paratipos de Piniblattella yixianensis. Simbología, cerci: cercos, boundaries: separación entre cámaras de la ooteca y keel: quilla de la ooteca. Modificado de Gao et al. (2018).

Adicionalmente al estudio de los fósiles de estas mamás tan curiosas, los autores del estudio analizaron ootecas fósiles conservadas en ámbar de Birmania, de hace unos 99 millones de años y concluyeron que las ootecas tipo B, evolucionaron en el Cretácico temprano, poco antes de la aparición de P. yixianensis. Pues se sabe que en lo general, las ootecas de cucaracha, aparecieron durante el Jurásico tardío.

Ootecas conservadas en ámbar de hace 99 millones de años. Tomado de Gao et al. (2018).

Esta es la primera vez que se preserva evidencia de la modalidad de reproducción B, cargando las ootecas y esto es lo que pudo haber propulsado el éxito evolutivo de las cucarachas en los ecosistemas terrestres del planeta, mismo que hace que hayan sobrevivido a la catástrofe de finales del Cretácico y que sean tan diversas y adaptables en la actualidad. Hoy por hoy podemos decir que en la era de los dinosaurios, las cucarachas no sólo ya existían, sino que además, eran unas madres muy buenas.

Fuente:
Gao, T., C. Shih, C.C. Labandeira, X. Liu, Z. Wang y Y. Che. 2018. Maternal care by Early Cretaceous cockroaches. Journal of Systematic Palaeontology. DOI: 10.1080/14772019.2018.1426059

viernes, 2 de febrero de 2018

Insecto con pecho asesino

El ámbar es resina fósil que ofrece uno de los escasos medios de preservación excepcional que existen y a diferencia del alquitrán o el hielo, dura mucho, mucho más. Dicha preservación ayuda a poder estudiar nuevos bichos o partes de ellos con gran detalle y de cuando en cuando nos puede sorprender gratamente, tal y como fue el caso recientemente. Resulta que se acaba de describir una nueva especie de insecto conservado en ámbar: Caputoraptor elegans.

Reconstrucción artística del aspecto de Caputoraptor elegans. Tomado de Bai et al. (2018).

Este nuevo bicho fue descubierto en ámbar de Birmania de hace aproximadamente 99 millones de años, lo que corresponde al Cretácico tardío inferior. Según sus descriptores, el insecto pertenece a un grupo extinto llamado Alienoptera ("ala extraña" en griego), miembros transicionales entre las cucarachas y las mantis. La nueva especie fue llamada Caputoraptor elegans, que significa "cabeza ladrona elegante" en referencia al probable estilo de vida de predador del insecto así como a la peculiar cabeza y tórax de la especie que forma una especie de "aparato masticador" y a lo delgado de la parte trasera del cuerpo, precisamente algo "elegante" según sus descriptores.

Holotipo (ejemplar que representa a toda la especie) en A-C y paratipo (ejemplar adicional) en D. En el acercamiento mostrado en D se aprecia el aparato de tijera. Las barras de escala representan 1 mm. Tomado de Bai et al. (2018).

Caputoraptor fue descrito a partir de nueve ejemplares conservados en ochos piezas de ámbar. Entre dichos ejemplares se encontraban sólo hembras (reconocidas por su aparato reproductor) en varios estados de desarrollo, de ninfas a adultas. Lo más peculiar del insecto es su tórax, pues junto con los procesos genales de la cabeza (lo que uno llamaría "mejillas") formaba un aparato en forma de tijera. La función de este aparato es desconocida aunque se proponen dos posibles: sexo y depredación (básicamente para lo que vive todo animal). Y una tercera que es algo rara: la defensa.

Potenciales funciones del aparato de tijera de Caputoraptor. A) la cópula, B) defensa y C) depredación. Tomado de Bai et al. (2018).

Lo curioso es que se proponga que el aparato tijera haya servido para la cópula, porque eso implicaría que las hembras eran las que se aferraban a su pareja. Eso haría de Caputoraptor una especie con hembras empoderadas y muy, muy interesantes. Esperemos que los machos se descubran para poder saber si ese es el caso. Otra función curiosa es la defensa, pues no veo cómo podría funcionar. Y finalmente, de haber servido a la depredación, sería la primera vez que un insecto evoluciona un tórax asesino.

Ubicación de Caputoraptor en el gran árbol familiar de los insectos cucarachoides y mantoides. Esquema modificado de Bai et al. (2018).

Esto hace de este pequeño insecto habitante del follaje Cretácico uno de los descubrimientos más interesantes en lo que va del año, un año que pinta muy bien. Y a ti ¿qué te parece Caputoraptor?

Fuente:
Bai, M., Beutel, R. G., Zhang, W., Wang, S., Hörnig, M., Gröhn, C., ... & Wipfler, B. (2018). A New Cretaceous Insect with a Unique Cephalo-thoracic Scissor Device. Current Biology.

miércoles, 27 de septiembre de 2017

El origen del némesis humano

¿Qué ha matado más seres humanos en toda nuestra historia? Piénselo un momento estimado lector. ¿Acaso habrán sido las guerras? ¿El hambre? ¿Los desastres naturales? A primera instancia, podríamos pensar en algo grande, algo catastrófico, pero no. El némesis humano, la cosa que ha matado más personas que guerras, hambre, volcanes y otros desastres es ni más ni menos que la Malaria. Todos los años esta enfermedad se lleva a la tumba a más de medio millón de personas (y a veces a más de dos millones y medio).

Las hembras de los mosquitos del género Anopheles como esta A. minimus son las responsables de la transmisión de la malaria. Fotografía de James Gathany.

La malaria, del italiano "mal aire" es una infección producida por varias especies de protozoo del género Plasmodium. Pero ¿de dónde viene? Estos parásitos sanguíneos que incuban en los glóbulos rojos surgieron hace millones de años y son especialistas en parasitar vertebrados terrestres. La especie más común que afecta a los seres humanos es Plasmodium falciparum y aunque surgió entre hace 50,000 y 100,000 años, no se hizo presente en nuestra especie hasta hace unos 10,000 años. Y ¿de dónde la obtuvimos? El debate se centraba en aves, roedores y primates, como fuentes de la infección. Estudios recientes demostraron que el parásito surgió en los gorilas occidentales (Gorilla gorilla) y no en otros primates como chimpancés o bonobos.

Ciclo de vida de la malaria. El esporozoito entra al ser humano por picaduras de mosquito, migra al hígado donde se transforma en merozoitos y de ahí infecta a glóbulos rojos, donde se transforma en células gaméticas (reproductivas), éstas son chupadas por otros mosquitos cuando pican a alguien infectado por malaria y dentro del mosquito se reproducen y se forman nuevo s esporozoitos. Derechos de autor de Pearson Education.

Todo esto lo sabemos gracias a estudios basados en ADN, pero hay cosas que la paleontología puede aportar sobre el tema de la malaria. Por décadas se ha debatido si el parásito surgió en reptiles y luego migró a animales de sangre caliente vía mosquitos o bien, que primero surgió en mosquitos y luego hizo su llegada a los vertebrados. Los fósiles de mosquito preservados en ámbar tienen una historia que contar, pues gracias a ellos el debate parecer haberse sanjado. El ámbar del Cretácico inferior de Birmania contiene mosquitos y dentro de ellos, sacos de protozoos relacionados a la malaria (Paleohaemoproteus burmacis). Estos sacos (llamados gametocistos) contienen la fase reproductiva del parásito. En la malaria, la fase reproductiva se da en los glóbulos rojos de los huéspedes de sangre caliente. Esto indica que la hipótesis de origen en mosquitos es la correcta. Ya para el Terciario (ca. 25 millones de años), el ámbar dominicano muestra mosquitos portando malaria propiamente dicha (Plasmodium dominicana).

Izquierda, mosquito de Birmania con aumento a la fase infecciosa en mosquito de un protozoo emparentado a la malaria. Derecha, mosquito de República Dominicana con la fase de oocisto, que surge de la unión de gametos producidos en glóbulos rojos del huésped. Dentro del oocisto hay más de 1,000 esporozoitos que invadirán las glándulas salivales del mosquito para después pasar al torrente sanguíneo del nuevo huésped. Imágenes tomadas y modificadas de Poinar (2016).

Así que ahora sabemos lo siguiente: hace 100 millones de años, surgieron los ancestros de la malaria que eran parásitos de mosquitos. Para hace 25 millones de años ya existía la malaria y las formas que infectan humanos aparecieron hace 100,000 años, llegando de gorilas a humanos hace tan solo 10,000 años. Ahora que conocemos su historia evolutiva, convendría comenzar a buscar alternativas de tratamiento que pongan fin al parásito más común y peligroso que se ha cobrado la mayor cantidad de vidas humanas. Esperemos que en no mucho, la malaria pase a ser una historia más de cómo vencimos una enfermedad letal, esperemos.

Fuentes principales:
Liu, W., Li, Y., Learn, G. H., Rudicell, R. S., Robertson, J. D., Keele, B. F., ... & Gonder, M. K. (2010). Origin of the human malaria parasite Plasmodium falciparum in gorillas. Nature, 467(7314), 420.
Prugnolle, F., Durand, P., Ollomo, B., Duval, L., Ariey, F., Arnathau, C., ... & Renaud, F. (2011). A fresh look at the origin of Plasmodium falciparum, the most malignant malaria agent. PLoS pathogens, 7(2), e1001283.
Poinar Jr, G. (2016). What fossils reveal about the protozoa progenitors, geographic provinces, and early hosts of malarial organisms. American Entomologist, 62(1), 22-25.

lunes, 11 de noviembre de 2013

Problemas para clonar un dinosaurio (1)

Este tema es producto de la votación de nuestros lectores "De-extinción, la resurrección de especies extintas" (clic para ver) para saber más al respecto. Gracias y sigan votando para más "quiero saber más".

Existen muchos problemas para clonar a un dinosaurio, ya habrá tiempo y espacio para hablar de cada uno de ellos, pero por ahora me centraré en aquello que llamo "el prisionero adecuado". Existe toda una gama de fósiles, la mayoría los identifica como sólo huesos, pero existen formas muy diversas que van desde dientes, moldes del cerebro, huellas, excrementos vómito e incluso animales congelados. Entre ellos encontramos al popular ámbar, una resina natural que ha sido endurecida por el paso del tiempo y ha sido convertida en lo que los humanos llamamos "piedra preciosa". Algunas de ellas contienen en su interior prisioneros diversos que van desde florecillas a pequeños anfibios y reptiles.

Los fósiles contenidos en el ámbar van de florecillas a pequeños vertebrados como el gecko de la derecha.

Un dinosaurio no cabe en ámbar, entonces ¿cómo esperamos que este tipo de fósil ayude en su clonación? Según la novela de Michael Crichton "Parque Jurásico", habría que buscar mosquitos, pues estos insectos tienen el hábito de succionar sangre. Ante nosotros tenemos una dificultad que quizá no resulta tan obvia, ¡no todos los mosquitos se alimentan de sangre! Así es, no todas las especies de estos dípteros son vampiros, la mayoría se alimentan de néctar y otros más son cazadores de otros insectos. De hecho, sólo las hembras de ciertos miembros de la familia Culicidae son hematófagas (se alimentan de sangre) y sólo lo hacen para poder reproducirse.

Hembra de Anopheles stephensi alimentándose de un ser humano.

Si bien existen otros insectos "vampiros", estos no se encuentran en ámbar del Mesozoico (la era de los dinosaurios). Podría pensarse que los mosquitos hematófagos son abundantes, pero en realidad sólo se conocen dos fósiles de ámbar con mosquitos vampíricos, uno procede de Canadá y otro de Birmania. El mosquito canadiense (de hace 79 millones de años) tiene dos problemas: no muchos investigadores creen que sea un Culícido (mosquito vampiro) y es un macho (y sabemos que los machos no succionan sangre). El mosquito de Birmania (de hace 100-90 millones de años) es más prometedor pues si es un Culícido confirmado y además es hembra.

Paleoculicis minutus, el mosquito canadiense.

Entonces el problema de tener representado al "prisionero adecuado" es que sólo tenemos un mosquito potencialmente utilizable para extraer ADN, pero nadie se atrevería a dañar al que además representa al Culícido más antiguo del registro fósil.

FUENTES:
Poinar, G. O., Zavortinik, T. J., Pike, T., y Johnston, P. A. (2000). Paleoculicis minututs (Diptera: Culicidae) n. Gen., n. Sp., from Cretaceous Canadian amber, with a summary of described fossil mosquitoes. Acta Geologica Hispanica, 35(1), 119-130.

Borkent, A., y Grimaldi, D. A. (2004). The earliest fossil mosquito (Diptera: Culicidae), in mid-Cretaceous Burmese amber. Annals of the Entomological Society of America, 97(5), 882-888.

jueves, 5 de septiembre de 2013

Notas cortas: Ámbar cretácico mexicano

Desde su aparición como medio de conservación de ADN de dinosaurio en la película Parque Jurásico, adaptación de la novela homónima de Michael Crichton, el ámbar se popularizó como nunca antes. Este tipo particular de fósil se forma cuando la resina vegetal se litifica (se transforma en piedra). Su valor tiene dos enfoques: el científico y el ornamental. Además de ser usado en la joyería fina, el ámbar es importante para la ciencia, pues en su interior puede contener restos de antiguas criaturas congeladas en el tiempo. Algunos ejemplos notables incluyen anfibios, reptiles, arañas atrapando a su presa, ácaros copulando, etc.

Izquierda, ámbar de República Dominicana usado para elaboración de joyas. Derecha, hormiga atrapada en ámbar Báltico.

En México, los depósitos más conocidos de ámbar se encuentran en el estado sureño de Chiapas, donde su uso en los ámbitos joyero y científico es bien conocido. No todo el ámbar es de la época de los dinosaurios de hecho, el de esta antigüedad es extremadamente raro y el de Chiapas no es de la edad de los reptiles, sino que data del Oligoceno-Mioceno, de hace unos 23 millones de años y fue producido por dos especies de leguminosas (plantas como los tamarindos) extintas. Hoy se acaba de dar la noticia de un nuevo yacimiento de ámbar en México, pero esta vez en el norte.

Ámbar de Chiapas. Fotografía del Museo del Ámbar.

El nuevo descubrimiento tuvo lugar en varias minas de carbón al norte del estado, en la localidad de Palaú. El ámbar fue hallado en sedimentos de la Formación Olmos, que datan del Campaniano superior al Maastrichtiano Inferior de Coahuila y tienen una antigüedad de entre hace unos 75 a 70 millones de años. Los investigadores habían tenido problemas para identificar estos fósiles, pues su apariencia en bruto es muy distinta a la típica forma cristalina que se obtiene una vez que la roca es pulida. Según comenta Héctor Porras, director del Museo Histórico de Múzquiz, los mineros llevaban años extrayendo el ámbar sin saber que se trataba de este tipo de fósil y quemándolo en invierno para proporcionar calor.

Ámbar sin pulir.

El material fósil fue analizado con ayuda de poderosos instrumentos que incluyen al acelerador de iones Pelletron del Instituto de Física de la UNAM y el acelerador de partículas del National Synchrotron Light Source, del laboratorio Brookhaven, en Nueva York. Los resultados indican que este ámbar no fue producido por leguminosas como el de Chiapas (plantas que por cierto aún no evolucionaban), sino por coníferas de un pretérito bosque paratropical.

Bosque de coníferas entre San Isidro Llano Grande y San Miguel Cajonos, en la Sierra Madre de Oaxaca, México.

El ámbar de Coahuila no contiene ningún animal en él, pero futuros descubrimientos podrían revelar importantes prisioneros del tiempo.

FUENTE:

jueves, 14 de febrero de 2013

Parejas fósiles

Hoy es 14 de Febrero y en todo el mundo se celebra el día del amor. Y qué mejor que una nota sobre enamorados antiguos para este día.

Empezamos con este fósil de una pareja de jóvenes que fue enterrada junta en una posición que sugiere que estos individuos tenían algún tipo de conexión sentimental que sus parientes quisieron que se llevaran al otro mundo. Este hallazgo procede de Hakemi Use en el distrito Bismil de la provincia de Diyarbakir, en Turquía y según los investigadores representa el ejemplo más antiguo en el mundo de un entierro de una pareja humana de amantes, pues data de por lo menos 8,000 años, durante el mesolítico, una época de transición entre la antigua cultura de cacería nómada y el establecimiento de asentamientos humanos y el origen de la agricultura. El hombre tenía una edad de unos 30 años, mientras que su pareja femenina tenía apenas 20 años. El descubrimiento se llevó a cabo en 2007. Algunos arqueólogos discrepan sobre que estos restos correspondan a una pareja, aunque otros entierros similares sugieren que si lo fueron. Ahora se espera llevar a cabo un análisis de ADN antiguo para verificar que no hayan sido parientes.

Figura 1. El hallazgo más antiguo de una pareja en abrazo ha sido bautizada como "los amantes de Turquía".

Otra pareja de amantes descubierta en 2007 fue encontrada en Mantua, a unos kilómetros de Verona, Italia y data de entre hace 5,000 a 6,000 años de antigüedad, durante el Neolítico, la época que antecede al Mesolítico en la que ya existían asentamientos humanos que practicaban la agricultura. Estos amantes difieren de los de Turquía en un aspecto clave: están enterrados cara a cara en una postura mucho más íntima en la que además, uno de los amantes tiene la mano cerca de la boca del otro como silenciando, al tiempo que el otro extiende su brazo gentilmente para tocar a su pareja a un costado del abdomen. Esta pareja fue bautizada como los amantes de Valdaro, aunque se los conoce además como Romeo y Julieta porque la ciudad de Mantua fue elegida por Shakespeare como uno de los escenarios de su novela homónima. Se estima que esta pareja no tenía más de 20 años de edad cuando murió y que la mujer medía apenas 1.60 m de altura.

Figura 2. Los amantes de Valdaro, conocidos también como Romeo y Julieta.

Otra pareja encontrada en un entierro no tan antiguo es la hallada en 2011 en Modena, Italia. Esta pareja a diferencia de las anteriores, sostiene sus manos en un apretón amoroso final. Se cree que el cráneo de la mujer estaba originalmente de frente al de su pareja, como en el caso del entierro de Valdaro, pero que factores externos produjeron que su cara rotase hacia una posición diferente. Este hallazgo es de apenas 1,500 años de antigüedad y los restos se muestran bastante litificados (convertidos en roca); se cree que este proceso se inició por las arcillas provenientes de una inundación del río Tiepido. El hallazgo no es una tumba única, sino que está en un complejo funerario, quizá un cementerio, donde se han encontrado otras 11 tumbas adicionales, pero ninguna en pareja. Estos restos muestran que Italia es la capital del amor sepulcral.

Figura 3. Los amantes de Modena. Esta tumba ha sido nombrada como "la Tomba degli Amanti" (la tumba de los amantes).

Ahora pasemos al amor no humano, parejas de la misma especie que han sido encontradas en un último momento de intimidad.

Comencemos con la evidencia más antigua y directa de cópula en el registro fósil, consta de varios pares de tortugas de la especie Allaeochelys crassesculpta, halladas en el famoso sitio "Messel Pit", en Alemania, conocido por sus bellos y completísimos fósiles de animales preservados en detalle. Estos fósiles de 47 millones de años de antigüedad, fueron descritos en 2012 y representan el hallazgo directo de cópula más antiguo, data del Eoceno, una época de oro para los mamíferos y reptiles del Cenozoico. Las tortugas en cópula destacan además porque el macho es más pequeñito que la hembra y aporta evidencias sobre el dimorfismo sexual en esta especie, pues desde años se conocían restos fósiles diversos que incluían individuos completos. Otra de las cosas que destacan es que las tortugas no se hubiesen apareado en aguas turbias o predispuestas a un rápido enterramiento y fosilización, sino que estas románticas parejas buscaron aguas someras y cristalinas, el estudio de 2012 sugiere que las tortugas fueron envenenadas lentamente vía epidérmica por los gases tóxicos que emanaban del lecho del lago, producto de actividad volcánica. Estas parejas son parientes cercanas de la actual tortuga boba papuana (Carettochelys insculpta), la última de su familia.
Figura 4. Una de las parejas de tortugas Allaeochelys crassesculpta de la laguna de Messel.

Ahora tenemos una pequeña parejita de invertebrados, se trata de fósiles de ácaros (parientes diminutos de arañas, escorpiones y otros artrópodos del grupo de los arácnidos) en ámbar del Eoceno, de hace unos 40 millones de años. La especie a la que corresponden es Glaesacarus rhombeus y son los primeros y únicos ácaros capturados en el acto de procrear. Este hallazgo fue publicado en 2012 y lo curioso de estos pequeñines románticos es que la hembra es más grande que el macho y además era ella la que controlaba la cópula mediante un par de apéndices en el extremo final de su cuerpo.

Figura 5. Ácaros del Eoceno apareándose.

Además de las tortugas y los ácaros, tenemos muchos otros ejemplos de invertebrados in copulito (en el acto del apareamiento). Por ejemplo:

Figura 6. Moscas carroñeras de hace 25 millones de años en ámbar de República Dominicana.

Figura 7. Mosquitos apareándose en ámbar de República Dominicana.

Y estas son las parejas más famosas del registro arqueológico y paleontológico.


¡FELIZ DÍA DEL AMOR!









domingo, 14 de octubre de 2012

Araña in fraganti

Hace un par de días se publicó en una revista, un artículo* donde se describieron dos nuevas especies, una araña y una avispa parásita, esto a partir del hallazgo y estudio de especímenes en un trozo de ámbar fósil. Lo que hace interesante el hallazgo es que el ámbar donde están fosilizadas estas criaturas es de entre hace 99.6 a 93.5 millones de años, de la era de los dinosaurios (Cretácico inferior Cenomaniano para precisar) y que la especie de araña y la avispa están, de hecho capturadas en el acto de la depredación.

Figura 1. Fotografía del ámbar fósil difundida en los medios.

El ámbar procede del Valle de Hukawng, al norte de Myanmar y es de sedimentos continentales. La pieza objeto de estudio mide unos 12 mm de largo, 5.4 mm de ancho y 3 mm de espesor; posee 15 filamentos de tela de araña intactos, lo que es sorprendente dada la delicadez de las telas que fabrican estos arácnidos

Figura 2. Sitio de hallazgo del fósil.

La araña, denominada ahora como Geratonephila burmanica, consiste de dos especímenes, de los cuales, uno se encuentra capturado en el acto de depredación hacia la avispa.  La araña que desempeña la cacería es un macho joven (que medía más o menos 1.15mm de largo desde el abdomen a la cabeza)  mientras que otro macho se ubica a pocos milímetros del ataque, según los investigadores, esta es la primera vez que aparece en el registro fósil evidencia directa de un ataque de araña sobre una presa capturada en su red. Se conocen otros fósiles de ámbar donde se aprecian diferentes insectos atrapados en redes, pero ninguno de estos fósiles muestra quién era el depredador que maquinó la trampa, además de otros fósiles con arañas y redes pero sin presas capturadas.

Figura 3. Ámbar del Oligoceno de República Dominicana donde se aprecia una mosca atrapada en una telaraña.

Figura 4. Ámbar del Oligoceno de República Dominicana donde se aprecia una araña y su tela.

El hecho de que dos arañas de la misma especie y del mismo sexo se encuentren en la misma red hace pensar a los investigadores que esta es la primera vez en el registro fósil que apreciamos comportamiento cooperativo en arañas. Cabe señalar que hoy en día existen diferentes especies que construyen telas en conjunto para mejorar la eficacia en la captura de presas.

Figura 5. Fósil completo, donde se aprecia la arana juvenil (J) atacando a su presa (W) mientras otra araña de la misma especie se ubica cerca (M). A la derecha (N) se aprecian restos de otro insecto no involucrado en la escena de captura y depredación. La barra de escala representa 1mm.

La avispa fue denominada como Cascoscelio incassus y no deja de ser interesante. Además del hecho casi artístico donde la avispa pareciera mirar desafiante a su depredador, este género extinto está cercanamente emparentado a avispas de la familia Platygastridae, de más de 1,100 especies actuales que hoy son exclusivamente parásitas. Y de hecho, uno de los autores (el Dr. George Poinar) señala que esta especie es muy semejante a las actuales que parasitan huevos de araña, por lo que se refirió a este fósil como "la venganza de la araña".

Sin duda, fósiles como estos nos dan vistazos de un mundo antiguo que solemos imaginar como muy distinto al moderno y que encontramos sorprendentemente semejante al actual, con la danza de depredador/presa entre arañas y avisas parásitas de sus huevos de hace casi 100 millones de años.


Literatura consultada:

*Poinar, G. y R. Buckley. 2012. Predatory behaviour of the social orb-weaver spider, Geratonephila burmanica n. gen., n. sp. (Araneae: Nephilidae) with its wasp prey, Cascoscelio incassus n. gen., n. sp. (Hymenoptera: Platygastridae) in Early Cretaceous Burmese amber. Historical Biology: An International Journal of Paleobiology. 24(5): 519-525pp.

Primer página del estudio:

lunes, 9 de mayo de 2011

Cosas del amor

O como lo han titulado "Haciendo el Ambor", se trata de unos fósiles de ácaros (parientes diminutos de arañas, escorpiones y otros artrópodos del grupo de los arácnidos) en ámbar del Eoceno (hace unos 40 millones de años) de la especie Glaesacarus rhombeus que han sido hallados en pleno acto copulatorio, lo interesante según señalan los autores del estudio* es que en estos ácaros -a diferencia de los modernos- la hembra era quien guiaba la cópula mediante una especie de órgano sexual que salía de la parte posterior de su cuerpo, no solo era la hembra quien lideraba el sexo sino que esta era más grande que el macho y posiblemente según indican los científicos encargados de su estudio, estas poseían un rol sexual invertido. ¿Curioso?


Fig. 1. Ácaros en cópula atrapados en ámbar. El círculo rojo señala la posición de los sujetadores sexuales de la hembra.




*Klimov, P. B. y E. A. Sidorchuk. 2011. An enigmatic lineage of mites from Baltic amber shows a unique, possibly female-controlled, mating. Biological Journal of the Linnean Society. 102(3): 661-668pp.