miércoles, 22 de julio de 2020

La historia de Oculudentavis khaungraae

Si usted creía que Spinosaurus aegyptiacus fue la noticia más discutida de este año (ver nuestro video parte 1 y parte 2), piénselo dos veces, pues la comunidad científica parece haber puesto más atención a otro hallazgo, particularmente el de Oculudentavis khaungraae.

El fósil maldito de Oculudentavis khaungraae. Tomado de Xing et al. (2020)†.

Esta historia inicia el 11 de marzo de 2020 con la publicación en la revista Nature de un artículo titulado "Hummingbird-sized dinosaur from the Cretaceous period of Myanmar". En dicho artículo se propone una nueva especie a partir de un ejemplar conservado en ámbar, de hace 99 millones de años (Cretácico tardío ), procedente de Birmania. Dicha especie es Oculudentavis khaungraae, nombre que significa "ave dentada de Khaung Ra" y como el nombre indica, sus descriptores la identificaron como un avecilla. Pero no cualquiera, sino la más pequeña del registro fósil del Mesozoico, pues extrapolando el tamaño del cráneo, se tendría a un ave del tamaño de un colibrí.

Oculudentavis reconstruido como un ave. Arte de Han Zhixin.

Sin embargo, la crítica no se hizo esperar. Los expertos de Facebook arremetieron contra los autores del estudio alegando que el cráneo era de un reptil no aviano (y tampoco dinosauriano). A estos expertos calificadísimos como mis calcetines, se sumó un grupo de personas que publicó una especie de "artículo" en el repositorio BioRxiv, el 18 de marzo de 2020. Dicho "artículo" en realidad es un preprint, un documento que nadie ha revisado por pares y por ende, no es ciencia. Y ojo con esto, porque actualmente tenemos una marea de pre-prints no revisados que se están haciendo pasar por ciencia. No señores, la ciencia se revisa por pares, no se "publica" en el equivalente de Twitter ese.

El preprint de debate contra Oculudentavis como un ave. Clic para ver.


En fin. Los autores del estudio original de Oculudentavis de todas formas respondieron a ese preprint, con un preprint (touché) el 14 de junio de 2020. Donde rebatieron todas y cada una de las afirmaciones del primer pr-print, descartándolas. E incluso, presentan un nuevo análisis filogenético con más resolución que ubica a este taxón como una enantiornita. Este intercambio espurio no debió de haberse presentado en este tipo de medios, sino en una revista formal, como se ha hecho antes. Quizá con el tiempo estos preprints se conviertan en artículos, pero viendo lo que pasó a continuación, queda muy en duda que pase algún día.

Preprint de respuesta de los autores originales de Oculudentavis. Clic para ver.

Pues resulta que hoy, 22 de julio de 2020, los autores de Oculudentavis fueron obligados a retractar su artículo original (el único que sí fue un paper) de la revista Nature. Bajo la siguiente consigna (traducida):

Nosotros, los autores, estamos retractando este artículo para prevenir que información incorrecta permanezca en la literatura. Aunque la descripción de Oculudentavis khaungraae sigue siendo correcta, un nuevo espécimen no publicado arroja dudas sobre nuestra hipótesis concerniente a la sede filogenética de HPG-15-3 (el holotipo de Oculudentavis).
Esto es algo sin precedentes en la paleontología, pues nunca antes se había retractado un artículo para "prevenir que información errónea permanezca en la literatura". Los "errores" no se borran de la literatura, deben permanecer ahí para poder sopesar las consecuencias y poder apreciar mejor el proceso de generación del conocimiento. Si fuéramos retractando papers por erróneos, hay muchísimos que se deberían retractar y casi todos deberían resubirse con correcciones, pero ese no es el modus operandi de la ciencia. Ni que fuera servidor de discord.

La infame retracción del artículo. Clic para ver.

Los que conocemos el otro trasfondo, sospechamos que acá ocurre algo más turbio. Y es que, el ámbar de Birmania ha estado bajo el escrutinio público luego de que se reportasen las condiciones deplorables de su extracción y se asociara su comercio al financiamiento del conflicto armado de la zona. En fin, todo un tema de discusión aparte. 

Portada de uno de los artículos más completos sobre el comercio del ámbar de Birmania y sus problemáticas. Clic para ver el PDF completo.

La cosa es que, la Sociedad de Paleontología de Vertebrados emitió una carta dirigida a casi toda revista de paleontología y afines, para que no publiquen más trabajos científicos con ámbar procedente de Birmania. Esta cuestionable y discutida decisión pudo haber influido, pero no podremos estar seguros.

La carta de la SVP a los editores de las revistas científicas. Clic para leer completa.

La cosa es que, por el momento, la verdadera asignación taxonómica de Oculudentavis khaungraae es un misterio (pues no se puede verificar, opinar cualquiera puede). Y la validez de este nombre científico queda en entredicho, pues el Código Internacional de Nomenclatura Zoológica, que es el que rige la nomenclatura animal, no establece qué hacer en casos como estos, donde un nombre es publicado, pero el artículo donde se publicó es retractado. De tal forma que esto, es un precedente en varios puntos. Esperemos que la comunidad científica aprenda algo de esta experiencia y que esto no se vuelva tendencia por linchamientos en redes sociales, porque así no es como debería funcionar la ciencia.

El tío Palaeos, viendo qué pasó hoy...

¡Fiú! Que bueno que no le hicimos video y tuvimos la mesura de esperar a ver qué pasaba.

martes, 21 de julio de 2020

Nuevo "dientes de sable" (pero no es lo que crees)

Los "dientes de sable" son ubicados casi por todos como los gatos de la subfamilia Machairodontinae y específicamente ligados al género Smilodon. Sin embargo, un buen paleofriki sabe que la evolución hace de las suyas y que existen varios tipos convergentes con los dientes de sable (los macairodontinos). Entre ellos tenemos al famoso "dientes de sable marsupial", del género Thylacosmilus.

Smilodon fatalis, el dientes de sable típico de América del Norte (y el más conocido). Reconstrucción de Sergio de la Rosa.

Y recientemente se ha descrito una nueva especie emparentada a este último. Sin embargo, dos aclaraciones: la convergencia dental no implica una convergencia en el uso o en los hábitos de la criatura. Por ejemplo, sabemos que los Smilodon eran depredadores, pero el buen Hydropotes, otro mamífero "dientes de sable" es un vegetariano. Además, nueva información de Thylacosmilus parece descartar que fuera un superdepredador, pero de eso hablaré más adelante.

Hydropotes inermis, un "dientes de sable", que es en realidad una especie de cérvido. Fotografía de David Stang.

Y la otra aclaración es que, aunque se les llama "dientes de sable marsupiales", los Thylacosmilinae no eran marsupiales, propiamente dichos. O sea, que no pertenecían al grupo llamado Marsupialia, cuyos representantes modernos incluyen tlacuaches (Didelphidae), canguros (Macropodiformes), koalas, wombats (Vombatiformes) y más.

Ejemplos de marsupiales modernos. Composición de LittleJerry.

No, los típicamente llamados "marsupiales gigantes sudamericanos" eran en realidad miembros de un grupo llamado Sparassodonta, que vivió del Paleoceno al Plioceno.

Reconstrucción de Thylacosmilus atrox, el esparasodonto más carismático. Arte de Velizar Simeonovski.

Y es a este grupo al que pertenece el recientemente descrito: Eomakhaira molossus. El nombre de esta criatura significa "Cuchillos del amanecer, con rostro chato". Lo de los cuchillos es, como se imaginan, por su rasgo más peculiar, un par de caninos gigantes que, curiosamente, no están tan hipertrofiados como los de Thylacosmilus y además, tampoco son tan delgados, pues poseían una forma muy robusta.

Cráneo holotípico de Eomakhaira molossus (SGOPV 3490). Tomado de Engelman et al. (2020).

Este esparasodonto fue descubierto en una localidad llamada "Cachapoal", en la Región Libertador General Bernardo O’Higgins, de Chile. La edad exacta del sitio está aún bajo estudio, pero por la asociación de fósiles, se le estima una edad de 31 millones de años, lo que coloca a Eomakhaira en el Oligoceno temprano. Con esta edad, Eomakhaira es anterior a otros Thylacosmilinae, lo que lo coloca como un candidato a ser un vínculo entre estos animales dientes de sable y los Proborhyaenidae más convencionales, que es la familia a la que pertenecen. Y bueno ¿Qué tan grande era? Bien, pues los paleontólogos estimaron su masa corporal en unos 9.9 kg y tendría unas dimensiones modestas, de unos 90 cm a un metro de largo y con una altura a la cruz de unos 30 cm.

Eomakhaira molossus comparado con otros esparasodontos. Tomado de Engelman et al. (2020).

Descubrimientos como este, van llenando poco a poco nuestro conocimiento de estos intrigantes animales. Eomakhaira molossus es un ejemplo claro de la necesidad de seguir investigando sobre mamíferos, aún si estos no son del todo llamativos para el público general, este pequeño mini dientes de sable chatito, guarda un lugar importante en la evolución de los esparasodontos tilacosmilinos y desde luego, en el conocimiento de la paleofauna que tanto atesoramos los paleofrikis.

Eomakhaira molossus, reconstrucción de Velizar Simeonovski.

Referencia:

lunes, 20 de julio de 2020

¿Son los heterodontosáuridos, paquicefalosaurios basales?

Los heterodontosáuridos ("reptiles con dientes diferentes") son una familia de dinosaurios ornitisquios que fue creado por el anatónomo y paleontólogo Alfred Sherwood Romer en 1966 para agrupar a lo que por aquél entonces eran sólo 4 géneros: Heterodontosaurus, Geranosaurus, Lycorhinus y Echinodon. Hoy, se han sumado 5 géneros más y sabemos que este grupo tuvo un rango geológico que va del Jurásico temprano al Cretácico temprano, entre los 200 y los 133 millones de años.

Modelo y cráneo de Heterodontosaurus tucki, la especie tipo del grupo. Modelo de Tyler Keillor, en Sereno (2012), ZooKeys 226: 1-225.

Tradicionalmente, este grupo se sostuvo como monofilético, es decir, que todos sus miembros descendían de un único ancestro común. Y además, se solían ubicar en la base de los ornitisquios, como uno de los grupos menos derivados de estos dinosaurios.

Biogeografía y arreglo sistemático (monofilético) de los heterodontosáuridos. Tomado de Sereno (2012), ZooKeys 226: 1-225.

Sin embargo, un nuevo estudio sugiere algo radicalmente opuesto: que los heterodontosáuridos no eran monofiléticos y que en su lugar, eran un grado evolutivo que condujo hacia los Pachycephalosauria. Un grado evolutivo consiste de una serie de especies que no tienen un ancestro común único, sino varios y que además, se transforman gradualmente en otro grupo, volviéndose una agrupación parafilética (que excluye a ese grupo nuevo que deriva del anterior) y por ende, no válida para el sistema de clasificación actual. Un ejemplo de este tipo de grupo son los "acantodios", que dieron origen a los condrictios.

Ejemplo de un grupo parafilético. En rojo, los "acantodios", que como se aprecia, incluyen al grupo azul de los condrictios, por lo que Acanthodii no es un grupo válido. Algo así le pasa a los heterodontosáuridos. Ilustraciones de Kawasaki Satoshi.

Lo sorpresa más grande es ver precisamente este cambio, de estar en la base de Ornitischia "saltaron" hacia la base de Pachycephalosauria.

Nueva hipótesis filogenética con los heterodontosáuridos como grupo parafilético (en azul obscuro, abarcando desde Fruitadens y Lycorhinus hasta Tianyulong y Echinodon). Tomado de Dieudonné et al. (2020).

Si esta hipótesis está en lo correcto, se llenarían millones de años de evolución, pues los paquicefalosaurios deberían haber aparecido desde el Jurásico y todo su registro se limita al Cretácico. Pero no nos emocionemos. Esta, como toda comunicación científica es sujeto de debate entre los expertos en el tema. Por lo que más adelante veremos si esta topología (forma del "árbol") se sostiene con análisis posteriores o no. Por ahora, se da respuesta a la aparentemente inconexa relación de los grupos de ceratopsios y paquicefalosaurios, pues en este análisis Marginocefalia (el grupo que los une), queda delimitado con únicamente un carácter de la región posterior del cráneo que tambalea precariamente. Ya veremos qué sucede más adelante.

Fuente:
 P. -E. Dieudonné , P. Cruzado-Caballero , P. Godefroit & T. Tortosa (2020): A new phylogeny of cerapodan dinosaurs, Historical Biology, DOI: 10.1080/08912963.2020.1793979

domingo, 19 de julio de 2020

El último alvarezaurio

Los alvarezsaurios (Alvarezsauria, Bonaparte, 1991) son un grupo de pequeños dinosaurios de proporciones gráciles cuyo rasgo más característico es la reducción de los dígitos de la mano. Esta reducción llega a extremos como en Linhenykus monodactylus, del Cretácico tardío (ca. 78 Ma) de Mongolia, que poseía únicamente un dedo.

Esqueleto de Linhenykus, tomado de Xu et al. 2013. Acta Palaeontologica Polonica 58 (1), 25-46.

Y pues recientemente, se ha descrito a una nueva especie que es la última conocida del grupo. Anteriormente, el alvarezsaurio más reciente conocido era Albertonykus borealis, que vivió hace 68.5 millones de años en lo que hoy es América del Norte. Ahora, el recién llegado supera esta edad, al registrarse en la biota de la Formación Hell Creek, que tiene una edad de entre 68 y 66 millones de años.

Albertonykus por cisiopurple.

La nueva especie lleva por nombre Trierarchuncus prairiensis. Tranquilo, que sé que es feo. Ese nombre se pronuncia como: tri / e / rar / kun / cus  // pra / iri / en / sis. Este galimatías, deriva del griego τριήραρχος (triérarkos), que era el nombre dado a los comandantes del navío de guerra conocido como trirreme; además del latín uncus, que significa "gancho". Por lo que el género se traduce como "el gancho del capitán del trirreme". El epíteto específico hace referencia a que fue descubierto en las praderas de Montana. Ahora ¿por qué la referencia a los trirremes griegos? Ni idea.

Reconstrucción artística de Trierarchuncus prairiensis. Escultura exhibida en el Dickinson Museum Center.

Esta especie nueva está representada por un conjunto de garras manuales que son inmediatamente reconocibles como de alvarezsaurio por la posesión de un par de forámenes en la región proximo-distal. Y se distingue de otros alvarezsaurios en detalles de la anatomía de la garra, como Albertonykus en la posesión de surcos más marcados en la garra.


Holotipo (MOR 6622) de Trierarchuncus. Tomado de Fowler et al. (2020).

Además, la especie cuenta con un un tercer metatarsal, una parte distal de radio y una cadera parcial con pubis e isquion. Estos elementos han sido identificados como de alvarezsaurio y los autores de la descripción de esta nueva especie los han asociado, sin evidencia, pero bajo la hipótesis de que sólo debió de existir una especie de alvareszaurio en la Formación Hell Creek. Sin embargo, la existencia de un alvarezsaurio en la fauna de Hell Creek -una de las últimas faunas de dinosaurios no avianos- atestigua que este grupo de reptiles se encontraba con una diversidad más alta de lo que antes se pensaba. Quién sabe qué nuevas sorpresas deparen los últimos dinosaurios.

Fuente:

Fowler, D. W. et al. (2020). Trierarchuncus prairiensis gen. et sp. nov., the last alvarezsaurid: Hell Creek Formation (uppermost Maastrichtian), Montana. Cretaceous Research, 104560. 


viernes, 17 de julio de 2020

El nuevo rostro de Dilophosaurus wetherilli

Entre las muchas sorpresas que nos trajo este 2020 en la paleontología, tenemos un cambio muy anticipado por la comunidad científica, pues se acaba de publicar el estudio más completo del material holotípico (el que representa a la especie) y de otros esqueletos y huesos atribuidos a Dilophosaurus wetherilli y pues... ¡Cambió de apariencia!

Nueva reconstrucción de Dilophosaurus wetherilli. Arte de Brian Engh.

Pero ¿por qué ocurren estos cambios? ¿Por qué los científicos no se pueden poner de acuerdo? Bueno, la realidad es que la paleontología es una ciencia que como todas, cambia conforme aparece nueva evidencia. Y es lo más normal y preferible del mundo. No queremos que el conocimiento se estanque. Y lo más importante, como es la norma, no se descubrió un esqueleto completo y 100% articulado, sino que se descubrieron varios materiales que fueron estudiados y reportados por primera vez en 1954 por el paleontólogo Samuel Paul Welles. Y seguro que has visto este esqueleto...

Modelo de esqueleto reconstruido de Dilophosaurus. Fotografía de Eduard Solà.

Y pues malas noticias, gran parte de su cabeza está reconstruida a partir de un cráneo real aplastado, el UCMP 37302.

Cráneo del holotipo de Dilophosaurus wetherilli. La flecha indica la dirección hacia la punta del hocico. Modificado de Marsh y Rowe (2020).

Además de un segundo ejemplar, el UCMP 77270. Es este ejemplar el que se encuentra más completo y del que hablaremos un poco más.

Ejemplar UCMP 77270. Modificado de Marsh y Rowe (2020).

Entonces este famoso cráneo, que hemos visto en todos lados era una reconstrucción.

Este cráneo, está basado en los ejemplares anteriores, pero su estudio fue un poco somero en un inicio. Fotografía de Eden, Janine and Jim. Atención a la flecha roja.

Si bien los autores del nuevo estudio se muestran cautos sobre decir tajantemente cuál era la forma de la cresta (dado que no tienen elementos para asegurar su forma completa), sí que presentaron algo importante y obviado anteriormente. Si miran el cráneo "clásico" notarán una especie de "punta" que indiqué con una flecha roja en la imagen anterior. Esa púa ósea realmente no estaba en esa parte y su posición es una mala interpretación. Si vemos el cráneo UCMP 77270, notaremos que dicha púa se sitúa en realidad detrás de la órbita, formando parte de la misma.

Forma del cráneo de Dilophosaurus wetherilli según lo reconstruido por Marsh y Rowe (2020). Ilustración de Brian Engh.

Si observamos la reconstrucción del cráneo, notaremos que los autores sólo colocan la parte conocida de la cresta. Que por si lo sospechabas, sí, es doble, como siempre se había interpretado, pero su típica forma con borde redondeado es un misterio. Quizá no fuera así, quizá sí. De cualquier forma, no era una cresta lisa, sino rugosa y que los autores sospechan, tendría una cobertura queratinosa, como la de la gallina de Guinea (Numida meleagris).

Cráneo del mismo individuo de gallina de Guinea, con y sin la cubierta de queratina. Tomado de Angst et al. (2020).

Pero lo más importante del estudio para los científicos no es el cambio de la forma del cráneo de Dilophosaurus, sino su esquema de clasificación. Anteriormente, se le incluía dentro o cercano al grupo de los Coelophysoidea. Esto en gran parte por lo aparentemente primitivo de su esqueleto (que nadie había revisado con este nivel de detenimiento antes) y por la presencia de una escotadura entre el maxilar y el premaxilar que les da a estos dinosaurios cráneos con una especie de "gancho" en la parte anterior del hocico.

Coelophysis bauri de Marco Pineda.

Sin embargo, tras este nuevo análisis de los restos, resultó que Dilophosaurus no es un celofisoide gigante, sino un miembro avanzado en Neotheropoda, muy cercano al grupo de los terópodos avanzados, conocido como Averostra ("caras de ave").

Arreglo sistemático de Dilophosaurus basado en Marsh y Rowe (2020). Ilustraciones de Satoshi Kawasaki.

Estos cambios fueron producto de un muestreo amplio de características en ejemplares recolectados y almacenados por años. Sin este tipo de trabajos formales, estaríamos viendo cosas caducas, por lo que es muy importante que se lleven a cabo más estudios como estos sobre todo en especies que son conocidas por unos cuantos ejemplares.


Referencias:
Angst, D., Barnoud, J., Cornette, R., & Chinsamy, A. (2020). Sex and ontogenetic variation in the crest of Numida meleagris: Implications for crested vertebrates. The Anatomical Record, 303(4), 1018-1034.

jueves, 16 de julio de 2020

Los huevos de los dinosaurios

¡Ya estoy de regreso! Y ahora, con más paleonews.

Por si se lo perdieron, les tengo esta noticia que salió hace unas semanas, sobre la naturaleza de los huevos de los dinosaurios. Si recuerdan el post previo del blog, vimos que en general, el linaje de los arquelosaurios, integrado por tortugas, cocodrilos y aves (más todos los parientes geniales extintos como dinosaurios y pterosaurios) solían poner huevos con cáscara dura... Y que en cambio, el linaje de los lepidosauromorfos, integrado por tuátaras, lagartijas y serpientes (que son lagartijas especializadas sin patas), suelen poner huevos de cáscara blanda. Sin embargo, nueva información parece contradecir dichas generalidades.

Huevos de gallina, el típico huevo de cáscara dura.

Dentro del linaje de los arquelosaurios, es bien sabido que las tortugas marinas ponen huevos con cáscaras blandas.

Huevos de tortuga marina, típico ejemplo de huevos blandos.

Pero también, sabemos gracias a hallazgos de 2014 que los pterosaurios ponían huevos similares, con cáscaras blandas.

Huevos blandos de pterosaurio. Arte de Zhao Chuang.

Y ¿qué hay de los dinosaurios? Bueno, pues gracias a hallazgos como los huevos de ceratopsio (que hoy sabemos que muchos eran en realidad de oviraptóridos) que trajo Roy Chapman Andrews de las expediciones de inicios de siglo XX del Desierto del Gobi, o los que se descubrieron en 1978 en Montana, que correspondían a Maiasaura, se hipotetizó que los huevos de dinosaurio eran como los de las aves, rígidos con cáscaras duras.

Huevos de dinosaurio recolectados por Roy Chapman Andrews.

Sin embargo, un nuevo estudio vino a reexaminar la evidencia, encontrando que no era el caso y que sorpresivamente, ¡había grupos de dinosaurios que ponían huevos blandos! Estos eran similares a los de las tortugas y pterosaurios. Pero ¿quiénes eran estos saurios con huevos aguados?

Huevo blando del pterosaurio Hamipterus tianshanensis. De Wang et al. (2014) "Sexually dimorphic tridimensionally preserved pterosaurs and their eggs from China". 

Entre los dinosaurios cuyos huevos no presentaban una gruesa capa de calcita tenemos a  Massospondylus sp. del Jurásico temprano de Sudáfrica. Por otro lado, los huevos de Mussaurus patagonicus, del Triásico tardío de Argentina y los de ceratopsios como Protoceratops sp. del Cretácico tardío de Mongolia, presentaban huevos con cero calcita, siendo aún mucho más blandos que los de Massospondylus

Distribución de la anatomía de los huevos de dinosaurios, cocodrilos y pterosaurios. En azul las membranas, en rosa, las cáscaras con calcita (de huevos rígidos). Los huevos de terópodos avanzados muestran además pigmentación, pero eso lo dejaremos para otro post. Tomado de Norell et al. (2020).

Por otra parte, los dinosaurios con huevos cascarudos, como de gallina, estarían representados por eusaurópodos macronarios, es decir los camarasaurios, braquiosaurios y titanosaurios; los ornitópodos, como Maiasaura y todos los terópodos. Por la distribución de los caracteres (ver imagen anterior), todo apunta a que el ancestro común de dinosaurios y pterosaurios se reproducía con huevos blandos. Esto implica por ende, que las cáscaras rígidas habrían evolucionado de forma independiente en cocodrilos, ornitópodos, saurópodos avanzados y terópodos (quienes a su ves la heredarían a las aves, que son terópodos también).

Recreación de un nido de Maiasaura, con huevos de cáscara rígida. Exhibido en el Museo de Historia Natural de Londres. Fotografía de Drow male.

Con esta nueva interpretación, es evidente por qué no tenemos más huevos tempranos representados (i.e. huevos de dinosaurios basales) y por qué tenemos tan pocos huevos fósiles de dinosaurio, además de que siempre son los mismos grupos. Hará falta descubrir huevos de los otros grupos para poder saber si eran como sus ancestros, de huevos blandos o más como las aves, picos de pato y titanosaurios, de huevos rígidos.

Fuente:
Norell, M. A., Wiemann, J., Fabbri, M., Yu, C., Marsicano, C. A., Moore-Nall, A., ... & Zelenitsky, D. K. (2020). The first dinosaur egg was soft. Nature, 1-5.


P.S. Esto además descarta que el huevo antártico fuera de un pico de pato o un titanosaurio, como algunos desubicados sugieren.