domingo, 5 de noviembre de 2017

Paleoficha: Giraffokeryx punjabiensis

Nombre común: no tiene, su nombre castellanizado es "jirafokeryx".

Nombre científicoGiraffokeryx punjabiensis (ji-ra-fo-ke-rics   pun-ya-bi-en-sis).

Significado del nombre: Del francés giraffe ("yiraf") y este del árabe زَرَافَة (zarāfa), "jirafa" y del griego κέρας (kéras), "cuerno" y del nombre latinizado del estado de Punyab en India. Por lo que el nombre completo significa "cuernos de jirafa de Punyab".

Descrito por: El paleontólogo británico Guy Ellcock Pilgrim, en 1910*.

Grupo taxonómico: Pertenecía a la familia Giraffidae, integrada hoy por dos géneros: Giraffa (las jirafas) y Okapia (el okapi).

Cráneo fósil de Giraffokeryx punjabiensis. Fotografía de Bruce Aleksander, tomada en el Dinosaur State Park de Connecticut, EUA. Todos los derechos reservados, usada con fines educativos.

Rango temporal: Mioceno medio y probablemente hasta el Plioceno temprano, o de 13 a 5 millones de años, aproximadamente.

Encontrado en: China, India, Nepal, Pakistán y Rusia, en la región cercana al Mar Negro.

Conocido a partir de: algunos cráneos incompletos, restos postcraneales escasos y dientes, muchos dientes.

Restauración del aspecto en vida y talla de Giraffokeryx punjabiensis por Julio Francisco Garza Lorenzo (visita su página en JuliusART). La complexión está basada en la hipótesis más prevalente, que sugiere que este jiráfido es basal al linaje de jirafas gigantes como Sivatherium y Bramatherium. La talla fue estimada basándonos en las medidas del cráneo. El paleoambiente considerado es de la región de Siwalik.

Curiosidades: La posición exacta de Giraffokeryx en el árbol evolutivo de las jirafas es un tanto incierto. En su trabajo seminal de taxonomía de mamíferos, McKenna y Bell agrupan a Giraffokeryx en la subfamilia Giraffinae y en la tribu Palaeotragini, junto a géneros de jirafas relativamente esbeltas como Palaeotragus y Samotherium. Sin embargo, W. R. Hamilton en su revisión de jiráfidos y sus parientes cercanos, concluyó que Giraffokeryx era basal a la rama que contiene a las jirafas más pesadas y robustas de todas: la subfamilia Sivatherinae, con miembros como Sivatherium y Bramatherium. Posteriormente, Nikos Solounias y Solounias y Moelleken sugirieron este mismo modelo evolutivo, considerando una posible afinidad de Giraffokeryx con "Palaeotragus" primaevus. Recientemente, se publicó el hallazgo de una nueva especie de jirafa de Batallones, España y en el análisis filogenético, Giraffokeryx aparece alejado de los Sivaterinos, agrupándose con el género Injanatherium. Existe una segunda especie de jirafokeryx, G. anatoliensis, descrita en 2003. Sin embargo, no muchos reconocen la validez de esta especie y a veces se considera sinónimo de G. punjabiensis. Quizá el dato más curioso de este jiráfido del Mioceno es que sus cráneos fósiles pudieron haber inspirado las leyendas de dragones en Pakistán, de donde según los griegos, se tenían en exhibición "cráneos de dragón". Esta leyenda puede haber sido inspirada en los osiconos ("cuernos") dobles de Giraffokeryx.

*Descripción original: Pilgrim, G. E. (1910). Notices of new mammalian genera and species from the Tertiaries of India. Records of the Geological Survey of India, 40(1), 63-71.


Giraffokeryx punjabiensis comparado con su pariente actual, el okapi (Okapia johnstoni). Silueta de okapi por T. Michael Keesey.


Literatura adicional consultada:

Bhatti, Z. H., Khan, M. A., Akhtar, M., Khan, A. M., Ghaffar, A., Iqbal, M., & Ikram, T. (2012). Giraffokeryx (Artiodactyla: Mammalia) remains from the lower Siwaliks of Pakistan. Pakistan J. Zool, 44(6), 1623-1631.

Colbert, E. H., & Brown, B. (1933). A skull and mandible of Giraffokeryx punjabiensis Pilgrim. American Museum of Natural History. 632: 1-14.

Gilmore, D. D. (2012). Monsters: Evil beings, mythical beasts, and all manner of imaginary terrors. University of Pennsylvania Press.

Hamilton, W. R. (1978). Fossil giraffes from the Miocene of Africa and a revision of the phylogeny of the Giraffoidea. Philosophical Transactions of the Royal Society of London B: Biological Sciences, 283(996), 165-229.

Khan, M. A., Butt, S. S., Khan, A. M., & Akhtar, M. (2010). A new collection of Giraffokeryx punjabiensis (Giraffidae, Ruminantia, Artiodactyla) from the Lehri outcrops, Jhelum, northern Pakistan. Pakistan J. Sci, 62(2), 120-123.

McKenna, M. C. y Bell, S. K. (1997) Classification of Mammals: Above the Species Level. Columbia University Press. 640p.


Solounias, N., & Moelleken, S. M. C. (1991). Evidence for the presence of ossicones in Giraffokeryx punjabiensis (Giraffidae, Mammalia). Journal of mammalogy, 72(1), 215-217.

Solounias, N. (2007). Family Giraffidae. en: Prothero, D. R. y Foss, S. E. (eds.) The evolution of Artiodactyls. JHU Press.

miércoles, 25 de octubre de 2017

Sangre de ictiosaurio

Los ictiosaurios son el ejemplo clásico de evolución convergente. El fenómeno por el cual, un grupo de organismos adquiere características similares a otro grupo con el que no guarda relación evolutiva estrecha. En biología se enseña siempre a los ictiosaurios como el ejemplo perfecto de convergencia con los delfines, pues ambos grupos de animales comparten más de 20 características en común. A pesar de estar separados en el tiempo por decenas de millones de años.

Ejemplo clásico de convergencia. Ilustraciones de Satoshi Kawasaki.

Hace unos días se publicó en la revista Scientific Reports, un estudio que no sólo sorprende por lo raro de lo encontrado, sino que además ofrece un ejemplo más de convergencia evolutiva. Resulta que los científicos encargados del estudio revisaron un nódulo de roca que contenía en su interior un hueso de ictiosaurio de hace aproximadamente 182.7 millones de años, de la parte final del Jurásico temprano. El hueso era una vértebra de un animal que según la composición química del mismo, tenía un lugar  trófico alto en su ecosistema, los investigadores asumen que se alimentaba de calamares y peces.

El nódulo que estudiaron los científicos y sus partes. Si nos preguntamos ¿cómo diablos es que se conservaron estructuras delicadas ahí, la respuesta está dada por el anillo de pirita (hierro). Según la Dra. Mary H. Schweitzer (desprestigiada por muchos al creer que sus células de dinosaurio eran falsas), propuso un modelo en 2014 en el que el hierro era esencial para preservar cosas extremadamente delicadas como vasos sanguíneos, células e incluso, ADN. Link al estudio. Imagen modificada de Plet et al. (2017).

La parte interesante es que cuando estudiaron el hueso, este tenía restos de tejidos blandos. En específico, fibras de colágeno y lo más increíble: células sanguíneas. Estas se pueden apreciar con dos morfologías, una de glóbulos rojos (eritrocitos) y otra de células similares a glóbulos blancos (leucocitos). Cuando uno mira los eritrocitos, aprecia que tienen una forma bicóncava y aplanada, a manera de dona (donut) no perforada. Cualquier persona más o menos familiar con su propia biología podría pensar que estos eritrocitos son "normales", después de todo, son idénticos a los nuestros.

Fotografías con microscopio electrónico de las estructuras encontradas en el hueso de ictiosaurio. A-C fibras de colágeno, D-E glóbulos rojos. Imagen tomada de Plet et al. (2017).

Pero la cosa es que los eritrocitos humanos y los del resto de los mamíferos tienen esa forma porque carecen de núcleo. Nuestros glóbulos rojos no pueden fabricar casi nada y no tienen centro de control genético que les permita dividirse (en vez de dividirse, los fabrican células especiales en la médula ósea). A cambio, son mucho más eficientes para transportar hemoglobina y por consiguiente, los gases de la respiración como el oxígeno y el dióxido de carbono. Si miramos los eritrocitos de otros animales como reptiles, anfibios y aves (así como de dinosaurio), notaremos que tienen núcleos, lo que les permite dividirse en el torrente sanguíneo de forma directa, pero al hacerlo, sacrifican espacio que podría ser usado para acarrear más hemoglobina y por ende, más gases respiratorios.

Comparación de glóbulos rojos de ranas (frog), tortugas (turtle), humanos (human), aves (bird) y peces (fish). Las medidas están en micras. La parte que se tiñe es el núcleo. Note cómo en humanos no se tiñe nada, mientras que en el resto de vertebrados, el núcleo es evidente. Figura tomada de 3dham.

Regresemos a los eritrocitos de los ictiosaurios. ¿Qué notamos? Pues que ¡son idénticos a los de mamífero! Son glóbulos sin núcleo. Esto no sólo suma una convergencia más al ejemplo de los delfines vs ictiosaurios, sino que, además, nos indica que estos reptiles marinos eran súper eficientes para respirar. ¡Y no es para menos! Pues, según los científicos, esta adaptación surgió como respuesta a los bajos niveles de oxígeno atmosférico de cuando los ictiosaurios aparecieron en los océanos. Esta ventaja ventilatoria supuso un mayor éxito por parte de estos depredadores y los convirtió en los reyes de los océanos.

Estructuras que los autores aluden a posibles glóbulos blancos (WBC-like structure), indicadas en el panel B con los números 2 y 3. Imagen tomada de Plet et al. (2017).

Fuente
Plet, C., K. Grice, A. Pagès, M. Verrall, M. J. L. Coolen, W. Ruebsam, W. D. A. Rickard y L. Schwark. (2017). Palaeobiology of red and white blood cell-like structures, collagen and cholesterol in an ichthyosaur bone. Scientific Reports. 7(13776): 1-10.



*NOTA*
Algunos han señalado que las estructuras identificadas como glóbulos no son tal cosa porque son mucho más pequeñas que los glóbulos de mamíferos, que de por sí son bastante pequeños. Sin embargo, no se conocen estructuras celulares con esas formas tan particulares, tampoco en bacterias que fueran el resultado de contaminación, por lo que, la hipótesis de que son glóbulos miniatura, se sostiene.

Tamaño de glóbulos rojos en distintos vertebrados. Note cómo los de los mamíferos son mucho más pequeños, llegando a las 3.9 micras. Los del ictiosaurio reportado por Plet y colaboradores, miden entre 1.7 y 2.5 micras. Imagen tomada de Lepman Lab.


sábado, 21 de octubre de 2017

A este sí le pegó la pubertad

¿Recuerdan esos memes que hablan de la pubertad?

Meme sacado de la página de Facebook de Palaeos.

A estos cambios en un organismo que pasa de una morfología juvenil a otra se le denominan cambios ontogenéticos. La mayoría de los vertebrados pasa por este tipo de cambios, en algunos grupos estos son bastante extremos y en otros, sólo hay maduración sexual. En el caso de los dinosaurios se sabe que muchas de las características de los adultos aparecen cuando el animal madura. Cosas como domos craneales de paquicefalosaurios, cuernos de ceratopsios, crestas en hadrosauroides, etc. Pero pocos de estos animales cambian por completo su morfología dental. Si acaso, los dientes se hacen más grandes y más numerosos.

Ejemplo de caso: los cambios ontogenéticos craneales que experimenta Parasaurolophus. Tomado de este artículo.

Recientemente se publicó un estudio que presenta los cambios ontogenéticos más extremos a nivel dental para un dinosaurio. El bicho en cuestión es Limusaurus inextricabilis, descrito en 2009 y famoso por ser un terópodo sin dientes cuyas manos ayudan a resolver el misterio de por qué los dinosaurios tienen los dedos I, II y II, mientras que las aves tienen los dedos II, III y IV, una aparente paradoja evolutiva. Los autores del estudio examinaron ejemplares en seis etapas de desarrollo distintas y encontraron para nuestra sorpresa, que Limusaurus es el dinosaurio más extremo en cambios ontogenéticos.

Restauración de Limusaurus inextricabilis por Cheung Chung Tat.

Acumula un total de 78 características que modifica conforme pasa a la adultez. Pero la más sobresaliente es la pérdida total de dientes, que se da en unos cuantos años. Los juveniles de Limusaurus tienen dientes completos y numerosos cuando nacen, pero conforme se desarrollan los perdían completamente y lo más sobresaliente no es que quedaran "chimuelos", sino que en lugar de los dientes, se desarrollaba un pico córneo (como el de las aves). Este es el único caso conocido en todo el mundo natural donde sucede esto.

Izquierda, tomografías de tres etapas del desarrollo dental de Limusaurus en vistas lateral (arriba) y oclusal (abajo). Derecha, esquemas ilustrativos. nc: canal nervioso; av: alveolos; t: diente. De arriba hacia abajo se aprecia la progresión ontogenética, donde el individuo inicia con dientes tanto en maxilar (azul) como en premaxilar (rojo) y dentario (amarillo), pero conforme pasa el tiempo los pierde, aunque retiene de forma interna los alveolos y canal nervioso. Tomado de Wang et al. (2016).

Uno podría pensar que estos cambios tienen grandes efectos en la posición filogenética de la especie y puede plantear peligrosas conclusiones sobre hacer filogenias con dinosaurios inmaduros pero para nuestro alivio, el efecto de los cambios ontogenéticos no tiene gran peso en la posición en el árbol evolutivo de estos dinosaurios.

A) relaciones filogenéticas inferidas a partir de ejemplares adultos. B) relaciones inferidas a partir de juveniles. Como pueden ver, la posición de Limusaurus no cambia demasiado. Wang et al. (2016).

Estudios como estos nos muestran cosas raras, pero nos ayudan a comprender mejor cómo funciona la filogenia de los dinosaurios y el efecto de tomar jóvenes por adultos. Ojalá en el futuro se encuentren más casos como estos para observar los efectos que tienen los cambios ontogenéticos en nuestro entendimiento de la evolución de los dinosaurios.

Limusaurus a escala. En gris los juveniles. Tomado de wikipedia.

Fuente:
Wang, S., Stiegler, J., Amiot, R., Wang, X., Du, G. H., Clark, J. M., & Xu, X. (2017). Extreme ontogenetic changes in a ceratosaurian theropod. Current Biology, 27(1), 144-148.

viernes, 20 de octubre de 2017

Paleoficha: Titanotylopus nebraskensis

Nombre común: no tiene. Su nombre científico castellanizado es "titanotilopo de Nebraska".

Nombre científicoTitanotylopus nebraskensis (ti-ta-no-ti-lo-pus   ne-bras-ken-sis)

Significado del nombre: del griego τιτάν, titán (titán); τύλος, tylos (calloso) y πούς, poús (pie), más la referencia al sitio de Estados Unidos donde se descubrió el holotipo (ejemplar que representa a la especie), Nebraska. Por ende, significa "titán de pies callosos de Nebraska".

Descrito por: los paleontólogos estadounidenses Erwin Hinckley Barbour y Charles Bertrand Schultz, en 1934*.

Grupo taxonómico: camellos verdaderos, familia Camelidae, subfamilia Camelinae y tribu Camelini (donde se encuentran el camello bactriano y el dromedario).

Esqueleto de Titanotylopus nebraskensis exhibido en la Sala de la Evolución de los Mamíferos del Museo Peabody de Historia Natural de Yale. Fotografía de Itinerant Wanderer, todos los derechos reservados, imagen usada con fines educativos. Cabe destacar que el esqueleto exhibido en el Museo de Historia Natural del Condado de Los Ángeles no es un Titanotylopus nebraskensis (como aparece en varios sitios, incluyendo Wikipedia), se trata de su primo Gigantocamelus spatula, que fue considerado dentro del mismo género en los 40's y 60's.

Rango temporal: Pleistoceno "medio", dentro de la edad de mamíferos terrestres norteamericanos del Irvingtoniano, que va de hace 1.35 Ma a 160,000 años.

Encontrado en: Nebraska, Estados Unidos. El resto de sitios donde aparece este camélido en realidad son sitios que corresponden a Gigantocamelus spatula.

Conocido a partir de: diversos restos fósiles, principalmente esqueletos parciales, dientes y mandíbulas.

Restauración del aspecto en vida del Titanotylopus nebraskensis, un colosal camélido de más de 3 metros de altura. Obra de Joaquín Eng Ponce, exclusiva para el Blog.

Curiosidades: Titanotylopus nebraskensis fue descrito en 1934 a partir de una mandíbula esbelta y larga, así como varios restos esqueléticos. Este animal fue un camello colosal que era mucho más robusto y pesado que sus parientes cercanos como Gigantocamelus, Megacamelus y Megatylopus, con quien a menudo se le confunde. Tal es la confusión que en muchos sitios (incluyendo Wikipedia) se muestran esqueletos de Gigantocamelus como si fueran de Titanotylopus, específicamente el que se encuentra exhibido en el Museo de Historia Natural del Condado de Los Ángeles. La confusión parte de que en 1965, se consideró a T. nebraskensis y a G. spatula como pertenecientes al mismo género. Sin embargo, existen diferencias notables entre estos camellos, específicamente en las mandíbulas. La de Gigantocamelus es más larga, posee una sínfisis (la región que une ambas mandíbulas en el frente) más larga, pero carece de los característicos pliegues sinfisiales de Titanotylopus. Además, Titanotylopus carece de premolar primero y posee una sínfisis más corta, pero la unión sinfiseal se prolonga hasta casi llegar a los premolares. Estas características eran consideradas como meros signos de variación sexual, pero la clave está en los incisivos y caninos. Los de Gigantocamelus son mucho más cortos y forman un arco continuo, mientras que los de Titanotylopus eran más largos y se asemejaban más a los camellos actuales. Este titán vivió durante una época en la que América del Norte estaba en transición de zonas abiertas a zonas un poco más templadas, en la antesala de las glaciaciones que caracterizaron el Pleistoceno. Cabe destacar que se trata del camélido más grande conocido, por peso ya que, no es el más alto que haya existido.

*Descripción original: Barbour, E. H., & Schultz, C. B. (1934). A New Giant Camel: Titanotylopus nebraskensis, Gen. et Sp. Nov. University of Nebraska State Museum. 1:291–294.


Literatura adicional consultada:

Hibbard, C. W., & Riggs, E. S. (1949). Upper Pliocene vertebrates from Keefe Canyon, Meade County, Kansas. Geological Society of America Bulletin, 60(5), 829-860.
Webb, S. D. (1965). The osteology of Camelops (No. 1). Los Angeles County Museum.
Breyer, J. (1974). Examination of selected postcranial elements in Pleistocene camelids. Rocky Mountain Geology, 13(2), 75-85.
Breyer, J. (1976). Titanotylopus (= Gigantocamelus) from the Great Plains Cenozoic. Journal of Paleontology, 783-788.Breyer, J. A. (1983). The biostratigraphic utility of camel metapodials. Journal of Paleontology, 302-307.
Harrison JA. (1985). Giant camels from the Cenozoic of North America. Smithsonian Contributions to Paleobiology. 5-7: 1-29.

jueves, 19 de octubre de 2017

¿Hay fósiles en el abismo?

Si eres un paleonerd curioso como yo, seguramente alguna vez en la vida te has preguntado si hay fósiles (macroscópicos) en las profundidades del abismo. Yo hice la pregunta a mis profesores de paleontología y me dijeron con toda honestidad que no sabían. Después de todo, ¿cómo saber si hay fósiles en el abismo o no? Y no me refiero a que algún ocioso arrojara un fósil hacia el fondo del mar, sino a que se formen ahí debajo fósiles. Suena lógico, pues el fondo oceánico tiene cuencas sedimentarias y los procesos que ocurren en zonas más superficiales también pasan en el abismo. Pero... ¿se ha encontrado alguno? ¿hay paleoabismólogos?

Localización del hallazgo de fósiles abisales que detallaré a continuación. Tomado de Ichishima et al. (2016).

Pues resulta que sí hay fósiles abisales y les traigo un ejemplo. A finales del año pasado se descubrió en aguas profundas de las costas de Brasil una nueva especie de zífido: Africanacetus gracilis. El hallazgo se produjo en sedimentos de la dorsal de Sao Paulo (Sao Paulo Ridge), a 2,864 m de profundidad, que técnicamente es la zona batial, pero con fines de comunicación me referiré a esta zona profunda por el nombre de "abismo" (no confundir entonces con la zona abisal, ubicada por encima de los 4,0000 metros bajo las olas).

Cráneo fósil de Africanacetus gracilis in situ. Tomado de Ichishima et al. (2016).

Los zifios son un grupo de cetáceos con dientes que se caracterizan por tener cuerpos largos y esbeltos, así como por los "tusks" (grandes dientes en forma de colmillo) de sus mandíbulas inferiores (que dicho sea de paso, sólo presentan algunas especies). Estos animales son algunos de los cetáceos menos estudiados, por la dificultad de observarlos directamente.

Representantes de los zífidos actuales a escala. Obra del artista Chen Yu.

El hallazgo de Africanacetus gracilis se basa en un cráneo bastante bien preservado que ha sido fechado en unos 5 millones de años, lo que lo ubica dentro del límite del Mioceno y el Plioceno. Su formación es bastante interesante, pues los autores del estudio concluyen que la ballena murió en aguas no tan profundas, fue cubierta casi de inmediato por cenizas volcánicas, se fosilizó y reapareció (por procesos de erosión submarina) hace 5 millones de años, momento cuando encontró su entierro final y el depósito de una capa externa de hierro y magnesio.

Modelo de cómo se formó el fósil del zifio en el abismo. Tomado de Ichishima et al. (2016).

Esta forma de fosilizar no sólo es bastante curiosa, sino que además supone que los hallazgos de fósiles de profundidad deben ser más comunes de lo que sospechábamos, el lío es obtener los recursos para obtener la indumentaria necesaria para excavar a dichas profundidades, recordemos que ahí abajo, la presión es tal que aplastaría a un ser humano y por ende, necesitamos máquinas que hagan el trabajo por nosotros. Africanacetus gracilis fue un zifio de talla pequeña (para un miembro de su familia), de entre 5.5 y 6 metros de longitud que seguramente se comportaba como sus parientes, descendiendo a la zona batial para alimentarse por succión de calamares, peces y algunos invertebrados.

Ficha gráfica de Africanacetus gracilis y su talla estimada. Silueta de Chris Huh (tomada de phylopic.org), cráneo de el Museo de Nueva Zelanda.

El hallazgo de este zifio sacia la curiosidad de muchos y responde a la pregunta: ¿hay fósiles en el abismo? Sí, si hay y este es un campo que recién estamos estudiando.

Fuente principal:
Ichishima, H., Augustin, A. H., Toyofuku, T., & Kitazato, H. (2016). A new species of Africanacetus (Odontoceti: Ziphiidae) found on the deep ocean floor off the coast of Brazil. Deep Sea Research Part II: Topical Studies in Oceanography.

sábado, 14 de octubre de 2017

Paleoficha: Deinocheirus mirificus

Nombre común: No tiene. Su nombre castellanizado sería "dinoqueiro".

Nombre científicoDeinocheirus mirificus (de-i-no-que-i.rus  /  mi-ri-fi-cus).

Significado del nombre: "Manos terribles maravillosas". De los vocablos griegos "δεινός" (terrible) + "χείρ" (mano) y del latín "mīrificus", maravilloso, increíble.

Descrito por: Halszka Osmólska y Ewa Roniewicz, en 1970*.

Grupo taxonómico: dinosaurios terópodos ornitomimosaurios (Ornithomimosauria). El dinoqueiro tiene famila propia: Deinocheiridae.

El paleontólogo Altangerel Perle junto a los icónicos brazos del dinoqueiro, que por años, no tuvieron más restos fósiles que esto. Fotografía de Louie Psihoyos/Corbis.

De izquierda a derecha, los especímenes MPC-D 100/127 y MPC-D 100/128, gracias a los que sabemos más de la forma de este dinosaurio. Tomado de Lee et al. (2014).

Rango temporal: Cretácico tardío, hace unos 70 millones de años.

Encontrado en: las camas fosilíferas de la Formación Nemegt, Mongolia.

Conocido a partir de: el holotipo, que consiste de un par de brazos gigantes (MPC-D100/18) y los especímenes MPC-D 100/127 y MPC-D 100/128, un par de esqueletos parciales de un individuo adulto y un subadulto respectivamente (se muestran en las figuras anteriores).

Restauración de la apariencia en vida del dinoqueiro por Julio Francisco Garza Lorenzo (visita su página en JuliusART). La cobertura de plumas y su arreglo están basadas en el estudio de Van Der Reest et al. (2016), que muestra la estructura y disposición de plumas en Ornithomimus sp. Eso que engulle este animal son peces... Ya verán por qué en la descripción siguiente.

Curiosidades: Cuando se describió esta especie, lo único que había para trabajar eran los fósiles de un par de inmensos brazos. Tras su descubrimiento, causaron mucho revuelo porque era claro que pertenecían a un terópodo, pero por aquellos tiempos se creía que eran de algún tipo de "carnosaurio". En los locos 70's un carnosaurio era un terópodo depredador gigante, del grupo de los megalosauroides (Megalosauroidea, que contiene a Megalosaurus y Spinosaurus); hoy, entendemos Carnosauria como el grupo que contiene a los alosauroides y sus parientes (donde encontramos a Giganotosaurus y Allosaurus por ejemplo). Con estas interpretaciones, se estimaban tallas descomunales para este animal, de un rango de magnitud que iba de los 15 a los 20 metros de longitud, haciéndolo el dinosaurio superdepredador más grande de todos los tiempos. Sin embargo, esta visión comenzó a cambiar y para 2004 se pensaba que este dinosaurio podría ser un ornitomimosaurio, un "dinosaurio avestruz". Pero sin más restos fósiles, esto no pasaba de hipótesis. Para el año 2013 en la 73 reunión anual de la Sociedad de Paleontología de Vertebrados se presentaron nuevos restos y para el año de 2014 ya nada sería igual. Resultó que se descubrieron nuevos restos de dinoqueiro. Por principio de cuentas, se confirmó su identidad como un "dinosaurio avestruz" gigantesco. Pero lo más impresionante vino con los esqueletos mismos. El dinoqueiro no era como cualquier otro ornitomimosaurio, era pesado y nada ágil en su constitución, era el único con una gigantesca joroba justo delante de las caderas y tenía una cara que era más afín a un dinosaurio "pico de pato" (Hadrosauridae), aunque no guarda relación con estos. Adicionalmente, el dinoqueiro tenía pigostilo (vértebras caudales fusionadas), cuya función es desconocida y para rematar, en vez de garras en los pies, tenía anchos "cascos" que guardan cierta similitud morfológica con los cascos de los camélidos. Y como dicen los informerciales: pero espere, ¡aún hay más! Resulta que en el espécimen MPC-D 100/127 (el "grandote") se conservó el contenido estomacal. Si apostáramos pensaríamos que este contenido seguro está compuesto de material vegetal, después de todo, es lo que muestra la morfología de su pico ¿no? ¡Pues no! Resulta que el contenido estomacal incluye peces... ¡Sí, PECES! Los paleontólogos saben cómo lucía este dinosaurio fuera de serie, pero ahora, se quiebran la cabeza para saber si el dinoqueiro comía peces de forma habitual o "el grandote" sólo lo hizo como un comportamiento anómalo. Esperemos que con el tiempo, más ejemplares de este dinosaurio nos puedan responder estos enigmas.

*Descripción original: Osmólska, H., & Roniewicz, E. (1970). Deinocheiridae, a new family of theropod dinosaurs. Palaeontologica Polonica, 21, 5-19.


Literatura consultada:
Lee, Y. N., Barsbold, R., Currie, P. J., Kobayashi, Y., Lee, H. J., Godefroit, P., ... & Chinzorig, T. (2014). Resolving the long-standing enigmas of a giant ornithomimosaur Deinocheirus mirificus. Nature, 515(7526), 257.
Lee, Y., Barsbold, R., Currie, P., Kobayashi, Y. y Lee, H. (2013). New specimens of Deinocheirus mirificus from the late Cretaceous of Mongolia. 73th annual meeting of the Society of Vertebrate Paleontology. Supplement to the online Journal of Vertebrate Paleontology. Octubre 2013. 161 p.
Van Der Reest, A. J., Wolfe, A. P., & Currie, P. J. (2016). A densely feathered ornithomimid (Dinosauria: Theropoda) from the Upper Cretaceous Dinosaur Park Formation, Alberta, Canada. Cretaceous Research, 58, 108-117.

Nota completa del dinoqueiro en este blog: "Deinocheirus y su cambio de look".


sábado, 7 de octubre de 2017

Paleoficha: Titanoides primaevus

Nombre común: No tiene.

Nombre científico: Titanoides primaevus (ti-ta-noi-des   pri-me-vus).

Significado del nombre: "Con forma de titán de los primeros tiempos".

Descrito por: el paleontólogo estadounidense James William Gidley en 1917*.

Grupo taxonómico: Pantodontos (suborden Pantodonta), del orden Cimolesta, mamíferos considerados como el grupo más basal de los placentarios verdaderos y a veces, como el grupo externo a los placentarios verdaderos.

Reconstrucción del esqueleto de Titanoides primaevus, compuesto de varios especímenes. Tomado de Simons (1960).

Rango temporal: Paleoceno medio, edad de mamíferos terrestres del Tiffaniano, aproximadamente entre 61 y 56 millones de años.

Encontrado en: Canadá y norte de Estados Unidos.

Conocido a partir de: diversos restos dentales, craneales y postcraneales, un resumen de lo conocido para este mamífero lo podemos apreciar en el esqueleto de la figura 1.

Reconstrucción artística de Titanoides primaevus por Julio Francisco Garza Lorenzo. Visita su página en Julius ART. La escala está basada en cráneos de Titanoides y en el esqueleto de Simons (1960). La apariencia del animal está basada en su constitución muscular (ampliamente infravalorada por la mayoría de las reconstrucciones de la red). Decidimos no hacerle un rinario (nariz) de mamífero placentario, sino una mezcla entre esta y la de los marsupiales, por su cercanía a la base del árbol de los placentarios.

Curiosidades: Su nombre hace referencia a dos cosas, primero a que cuando se describió era el mamífero más grande conocido del Paleoceno, hoy sabemos que eso no es cierto y que otros parientes de este bicho, como Coryphodon eran aún mayores. Y segunda, el epíteto "primaevus" es relativo a que pertenece al Paleoceno, que es el inicio de la era de los mamíferos (Cenozoico). Hubo un tiempo en el que se pensó que los pantodontos estaban relacionados a los ungulados (mamíferos con pezuñas como los caballos y las vacas). Por ejemplo, cuando T. primaevus fue descrito, se pensaba que este mamífero estaba emparentado a los titanoterios, el grupo conocido comúnmente como "brontoterios", perisodáctilos con apariencia superficial de rinoceronte. Debido a esto, muchas reconstrucciones muestran a Titanoides como una especie de caballo con cara de oso. Con el paso del tiempo y con nuevos estudios, se concluye que los pantodontos no eran parientes de los ungulados y que en su lugar o son placentarios basales o bien, se encuentran en un grupo intermedio entre los placentarios y los marsupiales (pero más afín a los placentarios). La dentición de Titanoides es completa (3 pares de incisivos, 1 par de caninos, 4 pares de premolares y 3 pares de molares), lo que sugiere que su dieta no estaba compuesta ni enteramente por plantas, ni por animales. Es altamente probable que Titanoides fuera un generalista y que aprovechara toda una variedad de recursos que podía encontrar en los bosques tropicales del Paleoceno. Que dicho sea de paso, existían tan al norte como en Groenlandia, el mundo en el que vivió este mamífero era un gran bosque tropical.  Titanoides es el único pantodonto con dientes de sable. Estos dientes no parecen haber sido usados para cazar y en su lugar, se piensa que pudieron haberle servido con fines de exhibición y despliegue sexual, desgraciadamente, se conocen pocos cráneos y no se han encontrado ejemplares sin caninos gigantes (las presuntas hembras en la hipótesis de los caninos como despliegues), lo que parece debilitar esta hipótesis. El género Titanoides contiene al menos cinco especies válidas de las que T. simpsoni es la más vieja, remontándose al inicio del Paleoceno. Todas estas especies caen en una familia única: Titanoideidae.

*Descripción original: Gidley, J. W. (1917). Notice of a new Paleocene mammal, a possible relative of the titanotheres. Proceedings of the United States National Museum, 52(2187): 431-435.


Literatura adicional consultada: Simons, E. L. (1960). The Paleocene Pantodonta. Transactions of the American Philosophical Society, 50(6), 3-99.


martes, 3 de octubre de 2017

ADN antiguo de pecarí

Desde que era niño me contaban historias de "jabalíes" en ciertas partes de México. Yo estaba impresionado cuando pensaba que los grandes cerdos de Rusia también rondaban los bosques de mi país. Oh la decepción cuando en la carrera supe que no hay jabalíes en México (al menos no de forma natural, ya que en el norte del país existen algunas poblaciones ferales). También aprendí que aquello a lo que la gente llamaba jabalí, era en realidad otro grupo de mamíferos "cerdoides" cuyo nombre correcto era pecarí. Tras aprender sobre la biología y evolución de estos mamíferos me quedó claro que cometí un error en subestimarlos cuando supe que no eran cerdos. ¡Los pecaríes son igual o hasta más interesantes que los cerdos!

Reconstrucción artística de un pecarí prehistórico (Platygonus sp.). Tomado de este sitio.

Resulta que los pecaríes tienen familia propia: Tayassuidae (ta-ya-su-i-de) y aunque son parientes de los cerdos verdaderos (de la familia Suidae) estas familias se separaron hace aproximadamente 45 millones de años. Yo suelo molestar a un amigo amante de los pecaríes diciéndolo que son "sólo cerdos", pero fuera de la broma la realidad es muy distinta. Para empezar, los pecaríes son exclusivamente americanos, mientras que los suidos son del viejo mundo. Osteológicamente los pecaríes tienen diferencias con los cerdos, poseen fusionados los huesos del antebrazo (radioulna), los huesos de la palma de sus patas se fusionan en la parte cercana al tobillo y muñeca, el oído pasa por un canal óseo oculto entre los huesos del arco cigomático y sus caninos son rectos y en la maxila tienen un surco especial para guardar el canino inferior, nada de esto está presente en los cerdos. Hoy en día, sólo quedan 3 especies (en tres géneros) de pecarí vivientes, pero en el pasado eran más diversos.

Algunas características de los pecaríes. Fotografías de Klaus Rassinger, Harry Pristis y Museum Victoria.

El registro fósil de los pecaríes incluye al menos 17 géneros diferentes, de los cuales, Platygonus (el pecarí de cabeza plana) fue uno de los más exitosos, abarcando un rango temporal de al menos 7 millones de años. Existen varios trabajos de sistemática de pecaríes, pero en los grupos más derivados (que incluyen a las especies modernas y al pecarí de cabeza plana) existen resultados contradictorios que no colocan a Platygonus en una sede más o menos fija. Necesitábamos ADN lo suficientemente completo para terminar aquello que la morfología no pudo completar. Y en este año, se publicó el primer estudio de sistemática filogenética con ADN mitocondrial (ese que se hereda vía materna) que incluía al pecarí de cabeza plana Platygonus compressus.

Rangos de distribución de pecaríes modernos, sitios con pseudofósiles de pecarí de cabeza plana (puntos) y sitio del que proceden los restos de los cuales se obtuvo ADN antiguo de pecarí (marcado con una x). Modificado de Perry et al. (2017).

El estudio apunta varias cosas interesantes. Por ejemplo, el tiempo de divergencia entre el linaje de los pecaríes modernos y del pecarí de cabeza plana es más antiguo de lo previamente sospechado, pues data del Mioceno temprano, hace unos 22 millones de años. Además, si los pecaríes modernos tienen un origen sudamericano (como sugieren diversos estudios), entonces estos pequeñines invadieron América del Norte muchísimo antes de que existiera el Istmo de Panamá, hace unos 17 millones de años ¡vaya nadadores que resultaron! Y finalmente, el tiempo de divergencia entre pecaríes de collar de Norte y Sudamérica también es bastante alto, pues compartieron un ancestro común hace unos 5.5 millones de años. Habría que reconsiderar eso de que son una única especie.

Cladograma de relaciones de parentesco entre varios artiodáctilos (sí, las ballenas son artiodáctilos) según lo descubierto con ADN mitocondrial. Hipopótamo, orca y facóquero por Satoshi Kawasaki. Jabalí barbudo por Coenraad Jacob Temminck. Pecarí de collar y de labios blancos de Michigan Science Art. Pecarí del Chaco por Fiona Reid. Pecarí de cabeza plana del Museo George C. Page. Figura modificada de Perry et al. (2017).

Ahora la duda me consume... ¿Que pasaría si se extrae y analiza ADN mitocondrial antiguo de Mylohyus (otro de mis pecaríes favoritos)? ¿Qué cosas nuevas aprenderemos esta vez? Espero que como este, en el futuro aparezcan más y más estudios sobre pecaríes extintos y podamos entender más de la evolución de estos "no cerdos" americanos.

Fuente:
Perry, T., van Loenen, A. L., Heiniger, H., Lee, C., Gongora, J., Cooper, A., & Mitchell, K. J. (2017). Ancient DNA analysis of the extinct North American flat-headed peccary (Platygonus compressus). Molecular Phylogenetics and Evolution, 112, 258-267.

*NOTA*
Los pecaríes como familia (Tayassuidae) son de origen americano, específicamente de América del Norte. El pecarí seguro más viejo conocido es Perchoerus minor, de hace 37 millones de años.
Lo que este artículo y el estudio del ADN antiguo sugieren, es que los pecaríes modernos (que comprenden los géneros Catagonus, Pecari y Tayassu) pueden ser de origen sudamericano. A primera vista parece contradictorio, pero no es así, les explico.
Los pecaríes surgen en América del Norte hace 45-37 Ma, se dispersan antes de que se cree el istmo de Panamá hacia Sudamérica hace poco más de 17 Ma... Ahí surgen los ancestros de las formas modernas (CatagonusPecari Tayassu) y justamente, antes del cierre del istmo de Panamá, re-invaden Norte América, hace 17 millones de años... Los pecaríes Norteamericanos como Platygonus y Mylohyus del Pleistoceno tardío se extinguen y los nuevos pecaríes toman su lugar (aunque técnicamente tienen nichos distintos).

sábado, 30 de septiembre de 2017

¿Mamífero venenoso en la época de los dinosaurios?

"Venenoso" es un término biológico aplicado a los animales que inyectan una sustancia nociva en otros animales, en contraposición a "tóxico" que es un animal que sólo secreta la sustancia sin inyectarla. Un ejemplo de animal venenoso es un escorpión, mientras que un ejemplo de animal tóxico lo encontramos en una rana punta de flecha. Los animales venenosos han evolucionado en mútilples ocasiones a lo largo de la vida en la tierra. Entre los vertebrados tenemos ejemplos en peces, reptiles e incluso, en mamíferos.

Ejemplos de vertebrados venenosos. Arriba, izquierda, un bagre americano (Ictalurus punctatus), en estos animales, el veneno se inyecta a través de una espina modificada, ubicada en la parte anterior de las aletas pectorales y dorsal. Arriba, derecha, una cascabel diamantina del oeste (Crotalus atrox), estas serpientes inyectan su veneno con grandes dientes modificados que se encuentran en el frente del maxilar y que además, son plegables. Abajo, uno de los pocos mamíferos venenosos, el ornitorrinco (Ornithorhynchus anatinus); en estos animales, el veneno es inyectado a través de un espolón ubicado en las patas traseras de los machos. Fotografía de ornitorrinco por Klaus (CC).

Un grupo de animales venenosos poco conocido es el de los solenodóntidos (familia Solenodontidae), comúnmente conocidos como "almiquíes" en Cuba o "solenodontes". Estos animales pertenecen a un grupo denominado Eulipotyphla ("verdaderamente ciegos y gordos"), que incluye a las musarañas, los erizos, los desmanes, los topos verdaderos, entre otros. Actualmente, los solenodóntidos comprenden únicamente dos especies: Solenodon cubanusSolenodon paradoxus; el primero vive únicamente al este de Cuba y el segundo en la isla de La Española. El registro fósil de estos animales se extiende únicamente al Pleistoceno (al menos los últimos 2.58 millones de años), pero sabemos que deben encontrarse más atrás en el tiempo. Esto último gracias a estudios de ADN.

Solenodon paradoxus, el solenodóntido de La Española. Arriba, un S. paradoxus en su hábitat. Abajo, los incisivos acanalados que usa para inyectar el veneno. Imagen inferior de University of Michigan Museum of Zoology (CC).

Precisamente un estudio de este tipo (con secuencias completas de ADN mitocondrial) señala que el tiempo de divergencia entre las dos especies de Solenodon ocurrió hace tan sólo 180,000 años, en la parte final del Pleistoceno, hasta ahí todo normal. Pero, su tiempo de divergencia del resto de los mamíferos ocurrió hace unos ¡78.2 millones de años!, durante el Cretácico tardío. Esta no es la primera vez que un estudio molecular obtiene resultados similares, en 2004 los genes nucleares sugerían un tiempo de divergencia de 76 millones de años. Esto nos apunta a dos direcciones posibles: 1) realmente tenemos una radiación de mamíferos durante el Cretácico que pasa desapercibida en el registro fósil o 2) necesitamos recalibrar nuestros relojes moleculares (esto último es poco probable).

Solenodon paradoxus. Imagen propiedad de Mammal Watching.

De tal forma que puede ser que durante el Cretácico, los dinosaurios hayan convivido con pequeños solenodontes venenosos o sus ancestros. El tiempo lo dirá, ojalá un día recibamos la noticia de un mamífero solenodontoide del Cretácico. Y tu ¿ya conocías a estos mamíferos venenosos?

Fuente:
Brandt, A. L., Grigorev, K., Afanador-Hernández, Y. M., Paulino, L. A., Murphy, W. J., Núñez, A., ... & María, R. (2017). Mitogenomic sequences support a north–south subspecies subdivision within Solenodon paradoxus. Mitochondrial DNA Part A, 28(5), 662-670.

jueves, 28 de septiembre de 2017

¿Qué mató al megalodón?

El megalodón (Meg para los cuates, megalodonte para los viejitos) fue el tiburón más grande que haya existido. Este bicho genera mucha controversia, desde su nombre científico válido (Carcharodon megalodon,Carcharocles megalodon e incluso Otodus megalodon), hasta su tamaño (12 a 24 metros de largo)... Pero algo es seguro: se extinguió a finales del Plioceno, aproximadamente hace 2.6 millones de años, aunque a los criptozoólogos no les guste esto.

Posible apariencia (hasta eso se debate de este animal) y talla de megalodón por el artista Chen Yu.

Su extinción es un misterio... O mejor dicho, era. Las hipótesis eran muy diversas e incluían desde catástrofes severas, a un cambio súbito en la composición de sus presas habituales. Sin embargo, un estudio reciente revela pistas sobre su desaparición. Tras estudiar detenidamente los patrones de distribución de la especie, junto con su temporalidad y la idoneidad de hábitat (medida en términos de temperatura del agua), un equipo de investigación concluyó que la extinción de megalodón empezó antes de lo sospechado, desde el Mioceno tardío, hace aproximadamente 6 millones de años (3.4 millones de años antes de lo pensado).

Distribución por edad de megalodón. En el Mioceno temprano surgió este depredador, continuó proliferando hasta el Mioceno tardío, donde comenzó su declive y para el Plioceno ya estaba en vías de extinción. Tomado y modificado de Pimiento et al. (2016).

Esta disminución guarda relación con las temperaturas oceánicas, pero también hay un patrón curioso. Para el fin de sus tiempos, megalodón habitaba en zonas poco óptimas para la especie. Aunque en los medios es frecuente ver megalodones cazando ballenas, la relación presa-depredador es hipotética, es decir, no estamos 100% seguros que megalodón cazara, pero es altamente probable. Además, el declive de megalodón a finales del Mioceno coincide con una baja súbita en la pérdida de diversidad de ballenas, tanto misticetas (con barbas) como odontocetas (con dientes). Dado esto, podemos aseverar que la falta de recursos alimenticios (ya fueran obtenidos carroñeando o cazando), más el cambio climático, fueron los principales factores en la desaparición de este gigante.

En sus últimos días, megalodón vivía en zonas poco adecuadas para la especie. Estas eran su último refugio. Tomado de Pimiento et al. (2016).

Este estudio es el primero en presentar evidencias de distribución, cronología e idoneidad de hábitat para Carcharocles megalodon, esperemos que abra la puerta a nuevos estudios que confirmen o refuten las hipótesis que surgieron de este estudio.

Reconstrucción artística de megalodón cazando ballenas barbadas antiguas. Arte por Jaime Chirinos.

Fuente:
Pimiento, C., MacFadden, B. J., Clements, C. F., Varela, S., Jaramillo, C., Velez‐Juarbe, J., & Silliman, B. R. (2016). Geographical distribution patterns of Carcharocles megalodon over time reveal clues about extinction mechanisms. Journal of Biogeography, 43(8), 1645-1655.

miércoles, 27 de septiembre de 2017

El origen del némesis humano

¿Qué ha matado más seres humanos en toda nuestra historia? Piénselo un momento estimado lector. ¿Acaso habrán sido las guerras? ¿El hambre? ¿Los desastres naturales? A primera instancia, podríamos pensar en algo grande, algo catastrófico, pero no. El némesis humano, la cosa que ha matado más personas que guerras, hambre, volcanes y otros desastres es ni más ni menos que la Malaria. Todos los años esta enfermedad se lleva a la tumba a más de medio millón de personas (y a veces a más de dos millones y medio).

Las hembras de los mosquitos del género Anopheles como esta A. minimus son las responsables de la transmisión de la malaria. Fotografía de James Gathany.

La malaria, del italiano "mal aire" es una infección producida por varias especies de protozoo del género Plasmodium. Pero ¿de dónde viene? Estos parásitos sanguíneos que incuban en los glóbulos rojos surgieron hace millones de años y son especialistas en parasitar vertebrados terrestres. La especie más común que afecta a los seres humanos es Plasmodium falciparum y aunque surgió entre hace 50,000 y 100,000 años, no se hizo presente en nuestra especie hasta hace unos 10,000 años. Y ¿de dónde la obtuvimos? El debate se centraba en aves, roedores y primates, como fuentes de la infección. Estudios recientes demostraron que el parásito surgió en los gorilas occidentales (Gorilla gorilla) y no en otros primates como chimpancés o bonobos.

Ciclo de vida de la malaria. El esporozoito entra al ser humano por picaduras de mosquito, migra al hígado donde se transforma en merozoitos y de ahí infecta a glóbulos rojos, donde se transforma en células gaméticas (reproductivas), éstas son chupadas por otros mosquitos cuando pican a alguien infectado por malaria y dentro del mosquito se reproducen y se forman nuevo s esporozoitos. Derechos de autor de Pearson Education.

Todo esto lo sabemos gracias a estudios basados en ADN, pero hay cosas que la paleontología puede aportar sobre el tema de la malaria. Por décadas se ha debatido si el parásito surgió en reptiles y luego migró a animales de sangre caliente vía mosquitos o bien, que primero surgió en mosquitos y luego hizo su llegada a los vertebrados. Los fósiles de mosquito preservados en ámbar tienen una historia que contar, pues gracias a ellos el debate parecer haberse sanjado. El ámbar del Cretácico inferior de Birmania contiene mosquitos y dentro de ellos, sacos de protozoos relacionados a la malaria (Paleohaemoproteus burmacis). Estos sacos (llamados gametocistos) contienen la fase reproductiva del parásito. En la malaria, la fase reproductiva se da en los glóbulos rojos de los huéspedes de sangre caliente. Esto indica que la hipótesis de origen en mosquitos es la correcta. Ya para el Terciario (ca. 25 millones de años), el ámbar dominicano muestra mosquitos portando malaria propiamente dicha (Plasmodium dominicana).

Izquierda, mosquito de Birmania con aumento a la fase infecciosa en mosquito de un protozoo emparentado a la malaria. Derecha, mosquito de República Dominicana con la fase de oocisto, que surge de la unión de gametos producidos en glóbulos rojos del huésped. Dentro del oocisto hay más de 1,000 esporozoitos que invadirán las glándulas salivales del mosquito para después pasar al torrente sanguíneo del nuevo huésped. Imágenes tomadas y modificadas de Poinar (2016).

Así que ahora sabemos lo siguiente: hace 100 millones de años, surgieron los ancestros de la malaria que eran parásitos de mosquitos. Para hace 25 millones de años ya existía la malaria y las formas que infectan humanos aparecieron hace 100,000 años, llegando de gorilas a humanos hace tan solo 10,000 años. Ahora que conocemos su historia evolutiva, convendría comenzar a buscar alternativas de tratamiento que pongan fin al parásito más común y peligroso que se ha cobrado la mayor cantidad de vidas humanas. Esperemos que en no mucho, la malaria pase a ser una historia más de cómo vencimos una enfermedad letal, esperemos.

Fuentes principales:
Liu, W., Li, Y., Learn, G. H., Rudicell, R. S., Robertson, J. D., Keele, B. F., ... & Gonder, M. K. (2010). Origin of the human malaria parasite Plasmodium falciparum in gorillas. Nature, 467(7314), 420.
Prugnolle, F., Durand, P., Ollomo, B., Duval, L., Ariey, F., Arnathau, C., ... & Renaud, F. (2011). A fresh look at the origin of Plasmodium falciparum, the most malignant malaria agent. PLoS pathogens, 7(2), e1001283.
Poinar Jr, G. (2016). What fossils reveal about the protozoa progenitors, geographic provinces, and early hosts of malarial organisms. American Entomologist, 62(1), 22-25.

martes, 26 de septiembre de 2017

Paleoficha: Crash bandicoot

Nombre común: Crash Bandicut

Nombre científico: Crash bandicoot.

Significado del nombre: en honor a la serie de videojuegos creada por Andy Gavin y Jason Rubin titulada Crash Bandicoot, la cual es protagonizada por un Bandicut.

Descrito por: Kenny Travouillon y colaboradores, en 2014*.

Grupo taxonómico: Son marsupiales del superorden Australidelphia (marsupiales de origen australiano), pertenece al orden Peramelemorphia (que incluye bandicuts y bilbis) y a la familia Peramelidae (bandicuts).

Holotipo de Crash bandicoot, se trata de un fragmento de maxilar derecho con tres molares en su lugar. Tomado de Travouillon et al. (2014).

Rango temporal: Mioceno medio (15-11 Ma).

Encontrado en: Riversleigh World Heritage Area, Noroeste de Queensland, Australia.

Conocido a partir de: Maxila derecha parcial, contiene las piezas dentales M1 a M3 y el alveolo del M4.

Reconstrucción de Crash bandicoot basada en sus parientes más cercanos, del género Perameles. Las dimensiones fueron estimadas a partir de la serie dental conservada. Ilustración por Joaquín Eng Ponce, arreglo por Roberto Díaz Sibaja.

Curiosidades: Los bandicuts son marsupiales omnívoros de pequeño (15-17 cm) a mediano tamaño (39-56 cm). La mayoría tienen una cola casi desprovista de pelo, patas traseras sindactilas (dedo 2 y 3 están fusionados y presentan 1 sola garra), poseen orejas tubulares y un hocico muy puntiagudo. Se pueden encontrar en la mayoría de los hábitats de Australia y Nueva Guinea. El nombre común de bandicut deriva de la palabra pandikokku del idioma tégulu, que es hablado en las costas del este de India y se traduciría como “rata-puerco”. Curiosamente no era usado para referirse a estos marsupiales de la familia Peramelidae, en realidad se usa y usaba para nombrar a unos roedores asiáticos de la familia Muridae (ratas y ratones) el más conocido sería Bandicota bengalensis (Rata bandicut menor). Crash bandicoot representa el registro más antiguo hasta la fecha de este particular grupo de marsupiales, en propias palabras del Paleontólogo Kenny Travouillon y colaboradores, el hallazgo de este grupo pertenecientes al Mioceno medio representa el inicio de una nueva radiación de bandicuts modernos que “se estrellaron (en referencia al género Crash)” y dominaron los jóvenes ecosistemas secos de Australia.

*Descripción original: Travouillon, K. J., Hand, S. J., Archer, M., & Black, K. H. (2014). Earliest Modern Bandicoot and Bilby (Marsupialia, Peramelidae, and Thylacomyidae) from the Miocene of the Riversleigh World Heritage Area, Northwestern Queensland, Australia. Journal of Vertebrate Paleontology, 34(2), 375-382.

Paleoficha escrita por Joaquín Eng Ponce.


jueves, 14 de septiembre de 2017

Un hongo muy viejo

Los hongos son organismos eucariotas avanzados, de hecho son primos cercanos de nosotros los animales y definitvamente, no son plantas y tampoco están cercanamente emparentados a ellas, como se suele pensar. Estos organismos son tan diversos que vienen en formas unicelulares y pluricelulares. Pero desgraciadamente, su registro fósil es escaso, debido a que presentan cuerpos blandos y rara vez se fosilizan o bien, un supuesto fósil fúngico es muy controversial para poder identificar o asignar. 

Fósiles enigmáticos y populares por su talla, como Prototaxites, se asignan a hongos, pero con grandes, grandes dudas. Imagen de Carol Hotton.

Y esta labor se dificulta entre más atrás vamos en el registro fósil, pues existieron muchos tipos de organismos con cuerpos parecidos a hongos. Y no hablo de las setas, que son el medio de dispersión de la reproducción sexual de algunos hongos, sino de las hifas, estructuras filamentosas que forman el cuerpo de los hongos filamentosos. Pero de cuando en cuando podemos echar un ojo al pasado fúngico y tal es el caso de un trabajo reciente que nos muestra un fósil de hace 440 millones de años (Silúrico temprano), lo que lo convierte en uno de los hongos más viejos conocidos.

Lo que consideramos generalmente como hongo es en realidad, sólo una parte de estos organismos. Los biólogos les decimos cuerpos fructíferos o esporocarpos.

Pero ahí no para lo interesante. Pues este hongo, de la especie Tortotubus protuberans, es además ¡terrestre! Y pues sorprende, dado que en esta antiguedad, los organismos terrestres son toda una rareza. Este pequeñín tenía un rango geográfico bastante amplio, que iba de lo que hoy es Suecia, Escocia, Albania, Estados Unidos, Francia, Libia, Chad y Arabia Saudita. Y de cronología, ni hablemos, pues perduró hasta el Ordovícico tardío.

Restos fósiles del micelio o cuerpo vegetativo (no reproductivo) de Tortotubus protuberans, procedentes de Gotland, Suecia. Tomado de Smith (2016).

Hallazgos como estos llenan importantes huecos en la evolución de los primeros eucariotas y conectan la historia de los hongos marinos con los hongos de agua dulce y tierra firme. Con esta evidencia avanzamos un paso en la dirección correcta para entender cómo es que diferentes grupos biológicos colonizaron tierra firma durante el Paleozoico. Esperemos que en el futuro podamos saber más de éstos y otros hongos extintos.



Fuente:
Smith, M. R. (2016). Cord-forming Palaeozoic fungi in terrestrial assemblages. Botanical journal of the Linnean Society, 180(4), 452-460.